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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Octubre será fundamental porque Macri quiere legitimar su mandato para seguir endeudando el país, privatizar la Anses y aplicar una flexibilización laboral brutal, que va a generar aún mayor desigualdad”. Jorge Taiana
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Nacionales - 12-02-2017 / 09:02
PROBLEMAS JUDICIALES Y DE GESTIÓN

Mauricio, Franco y un lío padre

Mauricio, Franco y un lío padre
Maurico Macri de vacaciones.
En dos meses, Mauricio Macri ordenó su agenda para disponer de varios días de licencia y largos fines de semana en distintas partes del país.
 
Debe merecer vacaciones, días de holganza y esparcimiento, al menos para contener un estrés fulminante que le ocasiona una administración devoradora y, sobre todo, una sucesión de hechos personales bajo sospecha: debe ser el Presidente que en menos tiempo de gobierno acumuló más dificultades con la Justicia, un registro inédito e impensable a un año de iniciada su administración.
 
Curioso, lo que no viene de afuera (Panamá Papers, Odebrecht, Arribas), se produce adentro, en su propia estructura. Como el último arreglo por la deuda del Correo que su padre Franco no saldaba con el Estado a través de Socma, esa emblemática multiempresa familiar cada vez más enredada en anomalías históricas.
 
Más curioso aún es que las suspicacias y eventuales delitos no son denunciados desde la oposición ni por el rentado ejército de periodistas militantes, progresistas o de izquierda; en general, han salido a la luz por la competencia investigativa de un mismo cronista (Hugo Alconada Mon) que enloqueció a Cristina en su momento. Cero intriga, cero conspiración, entonces.

 
Judicialmente, tal vez, la condonación de deudas a la familia Macri puede ser explicada en monto, conveniencia y hasta como un invalorable servicio para la salud del Estado.
 
Políticamente, en cambio, por lo menos desdorosa es la operación del hijo a favor del padre Franco, feliz con Menem porque le concedió la privatización a un precio imposible de pagar para cualquier especialista (lo que garantizaba una negociación posterior para reducirlo) y, luego, feliz con Néstor Kirchner cuando se lo estatizó por no sostener el canon.
 
Y ahora, al margen de los litigios judiciales, de fiscales y jueces, opiniones y escándalo, se observa la exposición de que los proveedores o prebendatarios del Estado han construido megafortunas aplicando el ajuste por inflación en sus contratos, pero nunca ese mismo instrumento sirve para sus deudas con el Estado.
 
O que, como en el caso de Franco Macri y flia -al igual que el resto del club de los contratistas- podían participar de licitaciones y ganarlas aun siendo deudores del Estado.
 
Más todavía en este caso: el primo del mandatario, Angelo Calcaterra -si es que se representa a sí mismo- estuvo en los directorios de la Socma deudora serial y ese detalle no le impidió participar del soterramiento del Sarmiento (con Odebrecht, claro), y ahora triunfar arañando la construcción de la primera etapa de la autopista ribereña.
 
Un pariente con alta capacidad para decir que paga el mejor precio (como en su momento con el Correo) y que disfruta de licencias exclusivas, sólo concedidas por expertos, como la que le otorgó el Banco Central y su directorio, autónomo en apariencia, habilitante de la compra y ejercicio del banco Interfinanzas, sin preocuparle si honraba o no sus compromisos anteriores.
 
Quizás porque Sturzenegger no habrá vivido la crisis de los incobrables del 2001 y no piensa como Brecht, quien sostenía que es delito robar un banco, pero mucho más delito es fundarlo.
 
 
Aliados
 
Esta hilera de errores no forzados del Gobierno (hay que incluir las desgrabaciones de Angelici) rozan el aspecto moral de quienes fueron votados con otras expectativas, deteriora inclusive su frente político constituido con gente del radicalismo (la indulgencia a Franco Macri la suscribe un hombre del partido, Oscar Aguad), outsiders como el embajador Martín Lousteau (quien no volvería para las elecciones de octubre), socialistas en extinción y la silenciosa hasta ahora Elisa Carrió, figura que creció en tamaño gracias a pregonar la decencia.
 
Ni el balsámico alimento de construir listas para las elecciones, ubicar gente, alivia el efecto explosivo sobre la nave insigne. Más cuando el capitán comete torpezas propias de Patricia Bullrich (quien no reparó que Arribas cambió inmueble por muebles en su declaración o que instaló un 0-800 para detectar ovnis) o de Susana Malcorra, pasionaria anti Trump como si ése fuera el sentido de su cargo, ejerciendo timermanismo de bolsillo, agrediéndolo desde su insignificancia.
 
Se supone que se trata de cándido voluntarismo, como el del propio Macri al pedir en Brasil que le anticipen la lista de argentinos involucrados en el affaire Odebrecht -que, aseguran, se ventilaría el mes próximo- como si su círculo rojo nunca hubiera intimado con el presidiario delator, y éste sólo fuera patrimonio venal del kirchnerismo.
 
Para aprovechar viajes o estancias, el Presidente se instaló en el sur con la familia y, de paso, se reunió con gobernadores para prometerles un plan para la Patagonia. Discurso y foto, poco y nada del contenido, más bien una excusa bucólica de descanso.
 
Pero encierra el gran conflicto: la plata de las provincias o para las provincias (que no es para salarios docentes, como se afirma en forma huidiza).
 
Reconoce antecedentes este pleito: Alfonsín impuso las retenciones, pero no las coparticipó; Menem las eliminó y Duhalde las volvió a instalar, el matrimonio K las aumentó y Macri afeitó algunas importantes.
 
En rigor, la historia con antecedentes viendo de más atrás, luego de batallas -Rosas, Derqui, Mitre, Roca- para quedarse con la Aduana y los recursos, triunfo último de la Nación que se los reserva para el gobierno nacional y evita distribuirlos con las provincias porque no son impuestos según establece como ukase.
 
Contra ese desequilibrio, al parecer, pugna más de una provincia, una de las más insolentes es La Pampa debido a conservar cierta estabilidad económica tradicional (como San Luis).
 
Complejo le resulta el gobernador Carlos Verna a Macri, no sólo por el reclamo de fondos y coparticipación, sino porque es un contador de vasta experiencia parlamentaria que supo hacerse odiar por los Kirchner y que ahora intenta lo mismo con el ingeniero, del que tanto desconfía que en el Senado ordenó a los suyos, peronistas, votar en contra de ciertas iniciativas. Porque "éste, muchachos, viene por nosotros". Siempre y cuando, claro, no esté de vacaciones.
 
Por Roberto Garcia
 
Fuente: Perfil
 

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26-07-2017 / 10:07
26-07-2017 / 10:07
26-07-2017 / 09:07
Es un cambio sutil, pero sintomático. Poco a poco, los despidos y cierres de plantas que tomaron notoriedad tras el caso Pepsi forzaron al Gobierno de Mauricio Macri a modificar su estrategia comunicacional. Es un desafío clave, considerando que faltan apenas tres semanas para las elecciones primarias.
 
Dicho cambio, ya está en marcha. Así, tras haber justificado el desalojo con incidentes violentos de la fábrica de snacks de Vicente López, ahora el Gobierno de Macri busca generar un desenlace menos traumático, mediante la negociación con delegados y gremios. Esa es la orden que se bajó para las negociaciones en Cresta Roja y Carboclor, los nuevos casos calientes de la agenda laboral.
 
El papel más "persuasivo" del Ministerio de Trabajo, encabezado por Jorge Triaca, refleja la preocupación que empezó a extenderse entre algunos especialistas de Cambiemos, frente a la aparición de un "bache" discursivo que podría poner en riesgo la campaña. "No hay una ninguna estrategia de comunicación interna después del quilombo de Pepsico, debe haber más de una línea de trabajo y la verdad que no se habla mucho del empleo", reconoció un asesor de una de las principales figuras del PRO.
 
Una de esas directrices es el pedido de "firmeza" que bajó desde Presidencia y se aplicó finalmente con represión en la planta de Vicente López. Como contrapartida, hay funcionarios que prefieren resolver el conflicto en la empresa para no pagar un costo político.
 
Para unificar la comunicación, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun, emitió un documento interno que resumía la "línea" a seguir en Pepsico frente a los medios: los heridos fueron policías, los detenidos no eran empleados, la mayoría aceptó indemnización y un grupo de izquierda se opuso a negociar.
 
Más allá del caso, en Presidencia lo que prima es un abordaje puntual para cada caso, a partir del "relato" de que no hay un fenómeno generalizado de cierre de empresas. Los críticos de esta postura consideran que es un planteo entendible, pero sólo para la Capital Federal.
 
En la provincia de Buenos Aires, en cambio, la percepción es diferente. En el equipo de la gobernadora María Eugenia Vidal admiten que el tema se metió de lleno en la campaña y que los obligó a improvisar cambios sobre la marcha. No es casual: en ese distrito clave hubo cesantías masivas en los últimos diez días.
 
Además de peligrar más de 1.000 empleos en el sur, donde Cresta Roja tiene dos plantas, en lo que va del año se registraron más de 5.000 despidos en zona norte, en particular Campana, Zárate y Baradero. Atucha, Atanor, Ingredion y Lanxess son solo algunos de los casos más resonantes.

25-07-2017 / 17:07
25-07-2017 / 17:07
El consultor político de Mauricio Macri, el ultra teñido Jaime Durán Barba, volvió a levantar polvareda con sus declaraciones. Afirmó que el voto duro de Cristina Fernández está vinculado al que "vende mercaderías con marcas falsificadas, vive de subsidios, o es parte del millón de personas vinculadas al narcomenudeo". Se quedó corto o se olvidó: le faltaron los piratas del asfalto, trapitos, barrabravas, motochorros y quinieleros.
 
No es la primera vez que Durán Barba se introduce en una polémica y arrastra consigo a todo el macrismo. Ya lo había conseguido cuando dijo que "Hitler era un tipo espectacular" o cuando sostuvo que "las escuchas ilegales (por las que estuvo procesado Macri) le importan un carajo a la gente", entre otras frases célebres. Esta vez, Barba dejó la frase que generó polémica en su habitual columna en Perfil. Fue un texto en el que el ecuatoriano más que bordea la estigmatización y la discriminación.
 
Durán Barba no es un librepensador. Tampoco un opinador suelto e independiente. Es uno de los principales asesores de Macri y con Peña, Larreta, Vidal y Frigerio, comparte la mesa de campaña que analiza cada lunes en la Casa Rosada las movidas políticas y electorales del Gobierno de los Ricos.
 
Durán Barba admite que los votos de Cristina están blindados. Y le "entrega" los votos de los sectores populares a Cristina. Rechaza esos votos, piensa qué el macrismo no tiene ninguna chance en esos votantes. Pero pasó por alto que "los vinculados a la economía informal" son más de cuatro millones.
 
Durán Barba se abroqueló en el votante gorila y antiperonista y de ahí no se moverá. Si alguien de Cambiemos puede apuntar al peronismo, para sacarle votos, es Vidal. Pero el discurso de Durán espanta al peronismo.
 
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