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¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Si uno solo puede ser macrista o cristinista -si así son las cosas- estamos en el fondo del pozo y ni imaginamos la salida”. Julio Bárbaro
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Nacionales - 12-02-2017 / 09:02
PROBLEMAS JUDICIALES Y DE GESTIÓN

Mauricio, Franco y un lío padre

Mauricio, Franco y un lío padre
Maurico Macri de vacaciones.
En dos meses, Mauricio Macri ordenó su agenda para disponer de varios días de licencia y largos fines de semana en distintas partes del país.
 
Debe merecer vacaciones, días de holganza y esparcimiento, al menos para contener un estrés fulminante que le ocasiona una administración devoradora y, sobre todo, una sucesión de hechos personales bajo sospecha: debe ser el Presidente que en menos tiempo de gobierno acumuló más dificultades con la Justicia, un registro inédito e impensable a un año de iniciada su administración.
 
Curioso, lo que no viene de afuera (Panamá Papers, Odebrecht, Arribas), se produce adentro, en su propia estructura. Como el último arreglo por la deuda del Correo que su padre Franco no saldaba con el Estado a través de Socma, esa emblemática multiempresa familiar cada vez más enredada en anomalías históricas.
 
Más curioso aún es que las suspicacias y eventuales delitos no son denunciados desde la oposición ni por el rentado ejército de periodistas militantes, progresistas o de izquierda; en general, han salido a la luz por la competencia investigativa de un mismo cronista (Hugo Alconada Mon) que enloqueció a Cristina en su momento. Cero intriga, cero conspiración, entonces.

 
Judicialmente, tal vez, la condonación de deudas a la familia Macri puede ser explicada en monto, conveniencia y hasta como un invalorable servicio para la salud del Estado.
 
Políticamente, en cambio, por lo menos desdorosa es la operación del hijo a favor del padre Franco, feliz con Menem porque le concedió la privatización a un precio imposible de pagar para cualquier especialista (lo que garantizaba una negociación posterior para reducirlo) y, luego, feliz con Néstor Kirchner cuando se lo estatizó por no sostener el canon.
 
Y ahora, al margen de los litigios judiciales, de fiscales y jueces, opiniones y escándalo, se observa la exposición de que los proveedores o prebendatarios del Estado han construido megafortunas aplicando el ajuste por inflación en sus contratos, pero nunca ese mismo instrumento sirve para sus deudas con el Estado.
 
O que, como en el caso de Franco Macri y flia -al igual que el resto del club de los contratistas- podían participar de licitaciones y ganarlas aun siendo deudores del Estado.
 
Más todavía en este caso: el primo del mandatario, Angelo Calcaterra -si es que se representa a sí mismo- estuvo en los directorios de la Socma deudora serial y ese detalle no le impidió participar del soterramiento del Sarmiento (con Odebrecht, claro), y ahora triunfar arañando la construcción de la primera etapa de la autopista ribereña.
 
Un pariente con alta capacidad para decir que paga el mejor precio (como en su momento con el Correo) y que disfruta de licencias exclusivas, sólo concedidas por expertos, como la que le otorgó el Banco Central y su directorio, autónomo en apariencia, habilitante de la compra y ejercicio del banco Interfinanzas, sin preocuparle si honraba o no sus compromisos anteriores.
 
Quizás porque Sturzenegger no habrá vivido la crisis de los incobrables del 2001 y no piensa como Brecht, quien sostenía que es delito robar un banco, pero mucho más delito es fundarlo.
 
 
Aliados
 
Esta hilera de errores no forzados del Gobierno (hay que incluir las desgrabaciones de Angelici) rozan el aspecto moral de quienes fueron votados con otras expectativas, deteriora inclusive su frente político constituido con gente del radicalismo (la indulgencia a Franco Macri la suscribe un hombre del partido, Oscar Aguad), outsiders como el embajador Martín Lousteau (quien no volvería para las elecciones de octubre), socialistas en extinción y la silenciosa hasta ahora Elisa Carrió, figura que creció en tamaño gracias a pregonar la decencia.
 
Ni el balsámico alimento de construir listas para las elecciones, ubicar gente, alivia el efecto explosivo sobre la nave insigne. Más cuando el capitán comete torpezas propias de Patricia Bullrich (quien no reparó que Arribas cambió inmueble por muebles en su declaración o que instaló un 0-800 para detectar ovnis) o de Susana Malcorra, pasionaria anti Trump como si ése fuera el sentido de su cargo, ejerciendo timermanismo de bolsillo, agrediéndolo desde su insignificancia.
 
Se supone que se trata de cándido voluntarismo, como el del propio Macri al pedir en Brasil que le anticipen la lista de argentinos involucrados en el affaire Odebrecht -que, aseguran, se ventilaría el mes próximo- como si su círculo rojo nunca hubiera intimado con el presidiario delator, y éste sólo fuera patrimonio venal del kirchnerismo.
 
Para aprovechar viajes o estancias, el Presidente se instaló en el sur con la familia y, de paso, se reunió con gobernadores para prometerles un plan para la Patagonia. Discurso y foto, poco y nada del contenido, más bien una excusa bucólica de descanso.
 
Pero encierra el gran conflicto: la plata de las provincias o para las provincias (que no es para salarios docentes, como se afirma en forma huidiza).
 
Reconoce antecedentes este pleito: Alfonsín impuso las retenciones, pero no las coparticipó; Menem las eliminó y Duhalde las volvió a instalar, el matrimonio K las aumentó y Macri afeitó algunas importantes.
 
En rigor, la historia con antecedentes viendo de más atrás, luego de batallas -Rosas, Derqui, Mitre, Roca- para quedarse con la Aduana y los recursos, triunfo último de la Nación que se los reserva para el gobierno nacional y evita distribuirlos con las provincias porque no son impuestos según establece como ukase.
 
Contra ese desequilibrio, al parecer, pugna más de una provincia, una de las más insolentes es La Pampa debido a conservar cierta estabilidad económica tradicional (como San Luis).
 
Complejo le resulta el gobernador Carlos Verna a Macri, no sólo por el reclamo de fondos y coparticipación, sino porque es un contador de vasta experiencia parlamentaria que supo hacerse odiar por los Kirchner y que ahora intenta lo mismo con el ingeniero, del que tanto desconfía que en el Senado ordenó a los suyos, peronistas, votar en contra de ciertas iniciativas. Porque "éste, muchachos, viene por nosotros". Siempre y cuando, claro, no esté de vacaciones.
 
Por Roberto Garcia
 
Fuente: Perfil
 

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26-03-2017 / 11:03
"La manifestación, que expresa demandas y a la vez afirma la identidad del grupo que las porta introduce una relación diferenciada con el tiempo de la política (...) intenta demostrar su fuerza para evitar la violencia." Del libro "La manifestación. Cuando la acción colectiva toma las calles."
 
Olivier Fillieule
Danielle Tartakowsky
 
El libro citado comienza recordando que la revista Time eligió como personaje del año 2011 "al manifestante". Es presumible que la  revista  autóctona Gente no imitará el ejemplo en 2017 porque sus criterios para los castings son diferentes.
 
De todos modos, la cita viene a cuento en este marzo vibrante, signado por cinco actos masivos en menos de veinte días, contando solo la Plaza de Mayo y sus inmediaciones.  Hubo muchas otras, entre frutazos y las conmemoraciones del 24 de marzo en todos los confines del país.
 
Las cifras son secundarias  y muy estimativas.  Millones de personas, en cualquier caso. Cada convocatoria tuvo su pliego de demandas, oradores o documentos vinculados a ellas, personalidad propia si se admite la expresión. No se recuerda una seguidilla de estas características desde la recuperación de la democracia.
 
Fuerza y no violencia, ese fue el signo que el potente aparato de propaganda oficialista intentó vanamente distorsionar. El espacio público se ocupó con respeto, una serena alegría. Los incidentes fueron mínimos, considerando la cantidad de gente congregada.
 
Los manifestantes salen en defensa propia. Es válido debatir sobre sus reclamos a condición de advertir que todos encuadran en la lógica institucional. Paritarias docentes, aumentos de salarios, cambios en la política económica, respeto a la igualdad de género, protección contra la violencia machista y siguen las firmas.
 
El gobierno del presidente Mauricio Macri ganó las elecciones y arrancó con la condigna legitimidad de origen que confiere cargos, espacios políticos... y responsabilidades. Lo que viene después, de cajón, no es apenas el "fin de la luna de miel" sino la medición popular de la legitimidad de ejercicio.
 
Con quince meses largos de gestión, el macrismo recoge día tras días los frutos de su propia siembra. Prima el descontento, extendido en el vasto espacio de las clases medias y populares.
26-03-2017 / 11:03
26-03-2017 / 10:03
El Gobierno de Mauricio Macri se encuentra empantanado entre la incapacidad para retomar la iniciativa y el desgaste que genera la durísima huelga de los maestros, mientras el kirchnerismo mostró 2 veces más -la Marcha de los Docentes y el 24/03- que tiene una mayor capacidad de movilización, organización y de encarnar el creciente odio antimacrista de una parte de la opinión pública, sobre todo, bonaerense.
 
La comunicación oficial no deja en claro cuál es el eje de la campaña que tendrá el macrismo en esta elección. ¿Hay que votar a "Cambiemos" para que no vuelva el kirchnerismo al poder o hay que votarlos porque están haciendo obras y cumpliendo promesas y anuncios realizados?
 
En realidad, hay varios grupos de votante de Cambiemos, sumando los que aportaron su voto en las PASO, la 1ra. vuelta + el balotaje: están los "PRO puros" + los aliados radicales + los seguidores de Elisa Carrió + grupos peronistas antikirchneristas + los antikirchneristas puros. Y, algunos de ellos, han comenzado a poner su duda repetir su voto. ¿Qué está haciendo el Gobierno para volver a seducirlos? Nada. Y esto es grave.
 
Quizás, quién más está haciendo para que el voto antikirchnerista vuelva a canalizarse a Cambiemos sea el propio kirchnerismo, que en las 5 grandes marchas que se organizaron en 2 semanas, aportaron las columnas más nutridas, tomaron el control de los actos y, en la de la CGT, coparon el escenario; superando a organizaciones de derechos humanos, sindicatos y partidos de izquierda. Sin duda, todo un éxito de organización, armado y obediencia de la estructura, sin contar con recursos necesarios para sostener todo lo necesario en una movilización.
 
Que el kircherismo sea hoy el colectivo social que tiene mayor capacidad de movilización del peronismo es también culpa del Gobierno. Desde el comienzo de la gestión del PRO, el plan fue polarizar con el kirchnerismo para eliminar a Sergio Massa del escenario electoral.
 
Si bien el ex intendente de Tigre viene "escapando" del desgaste que produce el choque entre el macrismo y el kirchnerismo gracias a sus viajes al exterior (ahora está en China); el efecto negativo que generó esta polarización es que no permitió que el peronismo se deskirchnerizara, tal como era de esperar luego de una derrota electoral tan contundente.
 
Hoy, no hay nadie en el peronismo que mida mejor en las encuestas que Cristina Fernández. Hoy, no hay nadie que tenga el poder de movilización que tiene La Cámpora. Hoy, no hay nadie en el peronismo que pueda articular alianzas tan amplias como el kirchnerismo. La duda resulta si todas esas ventajas se terminarán por confirmar en las urnas.
 
Los problemas pasan por las narices del Gobierno y el Gobierno no entiende por qué ocurren. Esto demuestra una desconexión con la realidad y una incapacidad notable para escuchar. La consecuencia, en política, son las derrotas electorales.

26-03-2017 / 09:03
26-03-2017 / 09:03
No se había completado la desconcentración de la multitud que protagonizó el miércoles pasado la denominada marcha federal educativa a Plaza de Mayo, cuando uno de los principales funcionarios de la Jefatura de Gabinete de la Nación manifestó lo que muchos creen en la Casa Rosada, incluido el presidente Mauricio Macri: "Estamos atravesando bien lo peor de la tempestad".
 
A esa hora, Marcos Peña seguía dándole una encendida batalla dialéctica a la oposición en la Cámara de Diputados, con su primer informe de gestión del año.
 
Para el Gobierno, esa tempestad desatada por la protesta social comenzará a amainar tras el paro general convocado por la CGT para el 6 de abril. Hasta entonces, las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país se saturarán de gritos, quejas y banderas agitadas.
 
También de piquetes y cortes, que seguirán por ahora sin recibir sanciones efectivas porque los estrategas del oficialismo quieren evitar episodios de violencia. Sospechan que los sectores más duros de la oposición están esperando victimizarse ante cualquier atisbo de represión.
 
Informes de Inteligencia que circulan en los despachos del Gobierno aseguran que los grupos más extremos buscan que se produzca una muerte, para convertirla en símbolo de la lucha.
 
La historia tiene abundantes episodios de esas características que sirvieron para realimentar espirales de violencia. Macri reiteró su reclamo de una mayor firmeza para evitar el bloqueo de las vías de circulación, pero con la especial recomendación de evitar enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
 
Las masivas concentraciones del viernes, para recordar el 24 de marzo de 1976, día en que las Fuerzas Armadas se apoderaron del Estado para instaurar la última y brutal dictadura militar, también formaron parte de la tempestad que atraviesa el Gobierno.
 
Fueron claras y contundentes expresiones opositoras, ganadas por consignas partidarias como el "Vamos a volver" del kirchnerismo o las clásicas exigencias revolucionarias de la izquierda.

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