Trump afirma que lo pagará México, pese a que el gobierno mexicano rechazó vehementemente que lo vaya a hacer.
 
Por otro lado, el magnate Trump firmó ayer otra orden ejecutiva para suprimir fondos federales a las ciudades que se nieguen a proporcionar a las autoridades federales información sobre el estatus migratorio de las personas que detienen, entre las que se incluyen Chicago, Nueva York y Los Ángeles. Durante la campaña, Trump ya prometió que cargaría contra estas urbes, unas 300 en todo Estados Unidos. Esta orden abrirá una batalla legal entre el poder federal, controlado por el Partido Republicano, y los estados y municipios controlados por el Partido Demócrata. 
 
"Estamos en medio de una crisis en nuestra frontera del sur: el surgimiento sin precedentes de migrantes ilegales provenientes de Centroamérica está afectando tanto a México como a Estados Unidos", afirmó el mandatario de retórica intransigente, que desde su campaña electoral provocó una incitación del odio hacia el extranjero.
 
La bofetada yanqui puso en tensión inaudita al equipo negociador encabezado por el canciller mexicano, Luis Videgaray, que en ese momento se encontraba en la Casa Blanca, tratando de darle una sobrevida al maltrecho el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Además, sumergió al gobierno mexicano de Peña Nieto en un espeso silencio, mientras arreciaban las versiones de que cancelaría el viaje que tiene programado para encontrarse con Trump el próximo 31 en Washington DC.
 
A estas disposiciones en contra de los migrantes mexicanos y centroamericanos, se le agrega también un freno de al menos cuatro meses a las admisiones de refugiados, así como una prohibición temporal para el ingreso de personas provenientes de algunos países de mayoría musulmana. Siria, Libia, Somalia, Irán, Irak, Sudán, son algunos de los países cuyos habitantes se verán afectados.
 
Estas órdenes ejecutivas o decretos de Trump, marcan el fin de décadas en que Estados Unidos se abrió a la inmigración o mantuvo una política relativamente laxa con millones de inmigrantes sin papeles. Vuelve el maltrato y el desprecio del Imperio hacia los pueblos latinoamericanos.
 
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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Internacionales - 26-01-2017 / 08:01
TRUMP FIRMÓ EL DECRETO PARA CONSTRUIR EL MURO

Mal día para los inmigrantes latinoamericanos

Mal día para los inmigrantes latinoamericanos
INMIGRACION. Parece que la xenofobia es contagiosa. En las últimas semanas una seguidilla de discursos racistas y ultra nacionalistas viene invadiendo la vida política nacional. Sus protagonistas están en todos los partidos y sus referentes hacen cola para tomar parte del discurso de Trump. Un ejemplo es el senador Miguel Ángel Pichetto, quién para que no queden dudas, reafirma que coincide con las premisas del magnate: “¿Qué dijo Trump? Primero, Estados Unidos; segundo, las empresas norteamericanas; tercero, el empleo norteamericano. Yo a eso te lo firmaría para la Argentina...”. Antes se había preguntado: “¿cuánta miseria puede aguantar Argentina recibiendo inmigrantes pobres? La Argentina tiene que controlar” había expresado. También decía "Perú resolvió su problema de seguridad y transfirió todo el esquema narcotraficante a las principales villas de la Argentina, están tomadas por peruanos. La Argentina incorpora toda esta resaca". La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich tampoco se queda corta y se sube a la “ola trumpista”. Aseguró que hay que endurecer los controles migratorios y que es necesario "ordenar las relaciones con Paraguay, Bolivia y Perú" porque el 33% de los presos por narcotráfico son extranjeros”. En el mismo camino, pero ya tomando medidas, avanzó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Ayer, al presentar un sistema de aviso de las líneas aéreas sobre sus pasajeros, el funcionario criticó a las "personas que no vienen a trabajar y a dar esfuerzo sino que los echan de otro lado porque tienen procesos penales o antecedentes delictivos. Los que han ingresado, queremos que rápidamente puedan salir". Obviamente, la crítica no va a dirigida a los grandes empresarios que fugan millones de dólares o están ligados a los paraísos fiscales, sino a los sectores empobrecidos que cruzan las fronteras.
El presidente yanqui, el xenófobo Donald Trump, convirtió en decretos su amenaza de campaña. Ayer firmó dos órdenes ejecutivas con acciones concretas contra los inmigrantes latinoamericanos, entre ellas la construcción inmediata del muro en la frontera con México y la quita de aportes federales a las ciudades "santuarios", que protegían de la deportación a los indocumentados.
 
Así, Trump pretende cumplir su promesa de campaña de hacer un "bello muro'' en toda la extensión de los 3.142 kilómetros para frenar el ingreso de inmigrantes ilegales. No está claro cómo puede completarlo, ni si el Congreso estará dispuesto a desembolsar los miles de millones que costará. Trump afirma que lo pagará México, pese a que el gobierno mexicano rechazó vehementemente que lo vaya a hacer.
 
Por otro lado, el magnate Trump firmó ayer otra orden ejecutiva para suprimir fondos federales a las ciudades que se nieguen a proporcionar a las autoridades federales información sobre el estatus migratorio de las personas que detienen, entre las que se incluyen Chicago, Nueva York y Los Ángeles. Durante la campaña, Trump ya prometió que cargaría contra estas urbes, unas 300 en todo Estados Unidos. Esta orden abrirá una batalla legal entre el poder federal, controlado por el Partido Republicano, y los estados y municipios controlados por el Partido Demócrata. 
 
"Estamos en medio de una crisis en nuestra frontera del sur: el surgimiento sin precedentes de migrantes ilegales provenientes de Centroamérica está afectando tanto a México como a Estados Unidos", afirmó el mandatario de retórica intransigente, que desde su campaña electoral provocó una incitación del odio hacia el extranjero.
 
La bofetada yanqui puso en tensión inaudita al equipo negociador encabezado por el canciller mexicano, Luis Videgaray, que en ese momento se encontraba en la Casa Blanca, tratando de darle una sobrevida al maltrecho el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Además, sumergió al gobierno mexicano de Peña Nieto en un espeso silencio, mientras arreciaban las versiones de que cancelaría el viaje que tiene programado para encontrarse con Trump el próximo 31 en Washington DC.
 
A estas disposiciones en contra de los migrantes mexicanos y centroamericanos, se le agrega también un freno de al menos cuatro meses a las admisiones de refugiados, así como una prohibición temporal para el ingreso de personas provenientes de algunos países de mayoría musulmana. Siria, Libia, Somalia, Irán, Irak, Sudán, son algunos de los países cuyos habitantes se verán afectados.
 
Estas órdenes ejecutivas o decretos de Trump, marcan el fin de décadas en que Estados Unidos se abrió a la inmigración o mantuvo una política relativamente laxa con millones de inmigrantes sin papeles. Vuelve el maltrato y el desprecio del Imperio hacia los pueblos latinoamericanos.
 
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Empieza un proceso de inestabilidad de dimensión incierta
 
Donald Trump cumple sus promesas. A tan sólo cinco días de jurar el cargo, el presidente de Estados Unidos firmó la orden ejecutiva para completar el muro con México. La decisión abre una inmensa fisura entre ambos países.
 
Aunque ya exista una divisoria física de 1030 kilómetros, la medida echa por tierra años de estabilidad y buena vecindad. A cambio impone una vuelta al pasado y dinamita los intentos de Enrique Peña Nieto por encauzar las relaciones con el incontenible republicano. Una era de hostilidad ha dado comienzo.
 
La orden va mucho más allá del problema migratorio. Éste apenas existe. O al menos ya no es masivo. Desde hace años el saldo migratorio es negativo y salen más mexicanos de Estados Unidos que los que entran (140.000 más sólo en 2014). Pero eso, en el contexto trumpiano, pesa poco. El muro, más que una obra, es un símbolo.
 
Como buen constructor, Trump sabe que la política necesita cemento. Tiene que verse y tocarse. El muro sirve a este fin. Y la andanada no viene sola. La acompañan la demolición del Tratado de Libre Comercio, las restricciones a la inmigración y la amenaza fiscal para aquellas empresas que busquen abaratar costos en México. Los pilares de su nacionalismo proteccionista. El credo que le ha permitido ganar el voto de las masas blancas empobrecidas.
 
Lejos de la caricatura con que se suele retratar a Trump, su decisión no es fruto del impulso, sino de la estrategia. Con el muro, el republicano barre el orden heredado y abre el interrogante sobre las relaciones futuras. Todo está en cuestión y eso le permite avanzar en sus fines, entre ellos, frenar la inversión hacia el vecino y reequilibrar una balanza comercial que en estos momentos es favorable a México (120.000 millones de dólares en 2015).
 
Para México, el muro condensa la peor de las pesadillas. Es la expulsión de la tierra prometida. La entrada en el Tratado de Libre Comercio le abrió las puertas a la modernidad. Las exportaciones a Estados Unidos pasaron de 3800 millones de dólares en 1994 a 20.000 millones en la actualidad. Un país con fuertes trazas de subdesarrollo ingresó en un área donde se sentía proyectado y con un porvenir.
 
La reactivación de la divisoria, cuando la presión migratoria es mínima, oscurece ese futuro. El tratado se hunde y la frontera se vuelve un muro. Los fantasmas del pasado emergen otra vez. México nunca ha olvidado la anexión territorial de 1846 ni la ocupación estadounidense de Veracruz de 1914. Con el "America First", el peor de los rostros de Washington vuelve a vislumbrarse en el horizonte.
 
"Regresa el paradigma del maltrato al débil, de la amenaza y la persecución. Con Trump hay un rechazo a la vecindad misma. Pero es una medida contra la ley de la gravedad. Un intento de frenar la historia. La integración es irreversible. México es parte de Estados Unidos y a la inversa", señala el escritor y pensador Héctor Aguilar Camín.
 
Pero la jugada no se limita al giro estratégico. En el corto plazo, supone una bomba para Enrique Peña Nieto y arruina su reunión con el presidente estadounidense prevista el martes próximo para revisar el tratado. Al anunciar la construcción del muro, la Casa Blanca ha humillado públicamente a su vecino.
 
Antes de su reunión, ha puesto la pólvora bajo los pies de Peña Nieto. Lo ha dejado inerme ante una opinión pública cada vez más enfurecida y ha empequeñecido cualquier avance que pueda obtener de la negociación. Si el presidente mexicano persiste en su visita, lo espera el peor de los escenarios posibles.
 
Bajo esta presión, las apelaciones de Peña Nieto a negociar sin "sumisión ni confrontación" no parecen suficientes. En su último año de mandato y con su imagen en mínimos históricos, el presidente ha entrado de la mano de Trump en territorio desconocido. La economía atraviesa un período de fuerte inestabilidad, con pérdida de inversión extranjera, aumento de la inflación y depreciación del peso.
 
La posibilidad de protestas masivas, como ha alertado el servicio de inteligencia estadounidense, es cada vez más próximo. Y en el terreno político, los embates del estadounidense están beneficiando al gran rival del PRI, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.
 
Por mucho que el gobierno de Peña Nieto lo quiera minimizar, cualquier movimiento de Trump es ahora mismo política interna mexicana. Y de momento se están cumpliendo las peores expectativas. México está siendo vapuleado y no se ve paz en el horizonte. Una era de inestabilidad ha comenzado.
 
Por Jan Martínez Ahrens
 
Fuentes: La Nación, Página12, La Capital, La Política Online, Hoy en la Noticia, La Izquierda Diario y LOP
 

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Mal día para los inmigrantes latinoamericanos
Donald Trump no le ahorró ningún agravio al presidente mexicano Enrique Peña Nieto y firmó la orden ejecutiva que ordena la construcción del muro en el mismo momento que una misión de alto nivel encabezada por el canciller Luis Videgaray iniciaba negociaciones con sus pares norteamericanos sobre el futuro del NAFTA.
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