La Opinión Popular
                  21:23  |  Martes 24 de Abril de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“A los que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política. Hay que buscar gente que viva con sencillez, con sobriedad, como la inmensa mayoría de la sociedad”. Pepe Mujica
Recomendar Imprimir
Nacionales - 21-01-2017 / 08:01

El enigma de la era Trump

El enigma de la era Trump
DONALD TRUMP Y SU ESPOSA ESLOVENA MELANIA. El discurso de asunción de Trump estuvo marcado por un claro tono demagógico, que mantuvo la línea de los realizados durante su campaña, sin referirse específicamente a ninguna de sus promesas ni cómo lograrlas. Se dirigió a sus votantes y atacó al establishment político. Luego de agradecer a Obama por la “cordial transición”, Trump apuntó directo a Washington: “Esta ceremonia tiene un significado particular porque hoy estamos transfiriendo el poder de Washington y devolviéndolo al pueblo”. Una de las primeras "órdenes ejecutivas" de Trump presidente fue limitar el "peso" que representa el seguro de salud conocido como Obamacare (aunque se desconocen sus implicancias por el momento).
Como si fueran poca cosa la inflación, la recesión, los problemas de empleo y la inseguridad en la Argentina, Mauricio Macri comenzó a enfrentarse con un planeta diferente. Muy distinto al que conoció luego de asumir como presidente.
 
Aquel mundo de apenas un año atrás tenía a Europa buscando soluciones al drama de los refugiados; a los Estados Unidos reconciliándose con la Cuba de Fidel Castro y a Barack Obama bailando tangos en el CCK.
 
Todo eran sonrisas mientras la canciller, Susana Malcorra, y el embajador en Washington, Martín Lousteau, gastaban a cuenta de un triunfo electoral de Hillary Clinton.
 
Ese mundo comenzó a crujir con el triunfo inesperado del Brexit en Gran Bretaña y voló por los aires el 8 de noviembre pasado en las elecciones estadounidenses. Ese mundo ayer comenzó a mostrar su rostro más inquietante.
 
Las excentricidades y la filosofía rupturista de Donald J. Trump son ahora las leyes que rigen el escenario global. El volcánico empresario del "you are fired" (¡queda despedido!), al menos por los próximos cuatro años, se convirtió en el hombre más poderoso de la tierra.
 
El impacto que las decisiones de Trump tengan sobre la Argentina es uno de los desafíos que se sumaron a la mochila presidencial de Macri. El primer reflejo fue recomponer la relación que ambos iniciaron cuando los negocios cruzaron al magnate del flequillo naranja con un emprendimiento empresario de su padre Franco.
 
Un diálogo telefónico de 15 minutos sirvió para limar las asperezas de la apuesta electoral por Clinton y sembrar las promesas de una visita del presidente argentino este año contra un viaje del estadounidense a Buenos Aires para la Cumbre del G20 del año próximo.
 
El siguiente movimiento fue más práctico y tuvo lugar en las primeras tres semanas de enero. El ministro de Finanzas, Luis Caputo, confirmó a que ya se consiguió el 70% del financiamiento externo imprescindible para este año. Unos 13.000 millones de dólares para ponerse a resguardo del dólar alto y la eventual suba de las tasas de interés, medidas inevitables para un gobierno que impulsa el retorno de EE.UU. al más duro proteccionismo.
 
Las antenas del Gobierno argentino deben enfocarse ahora en cómo enfrentarse al diseño del mundo en la era Trump. Dónde posicionarnos cuando estalle la ya anunciada guerra comercial entre los Estados Unidos y China y cuánto podrá afectarnos la ofensiva contra los mercados regionales en el contexto de un Mercosur debilitado por los sufrimientos económicos e institucionales de la Argentina y Brasil.
 
Todavía es temprano para deducir si el nuevo esquema mundial favorecerá o perjudicará a nuestro país, pero hay una conclusión sobre la que nadie puede tener dudas. El mundo de Trump será un mundo diferente.

 
"Hoy el pueblo vuelve a dirigir EE.UU.", dijo Trump al asumir
 
En el instante mismo en que inició su discurso, la lluvia que fue una amenaza toda la mañana comenzó a hacerse realidad. El goteo apenas intermitente le humedeció un poco el sobretodo oscuro y la corbata roja a Donald Trump, pero no alteró un ápice su inconfundible peinado batido.
 
Ya ungido como presidente, pudo levantar la vista y ver una enorme multitud que se agolpaba en las escalinatas del Capitolio y más allá por el Mall, el espacio verde que atraviesa la ciudad. Pero, para frustración del magnate, se veían sillas desocupadas, varios espacios vacíos, en una ceremonia que cumplió con todos los ritos pero se vio opacada por un clima de violencia y divisiones en la sociedad.
 
Con un rostro serio y algo tenso, Donald John Trump juró hoy al mediodía sobre la Biblia que utilizó Abraham Lincoln y otra que le regaló su madre cuando terminó la escuela primaria. Fue investido como el 45° presidente de los EE.UU. y en su primer discurso como jefe del país más poderoso de la Tierra dijo que "llegó la hora de la acción".
 
Como flamante jefe de la Casa Blanca, Trump no abandonó el tono populista y nacionalista de campaña: "Basta de charlatanería, es hora de actuar, y lo haremos juntos", clamó, y así criticó al establishment de Washington, que estaba sentado precisamente a sus espaldas, escuchando su mensaje.
 
Pocas horas después confirmaba lo dicho y firmaba dos órdenes ejecutivas, congelando regulaciones y reduciendo el alcance del ObamaCare, el ambicioso plan de salud de su antecesor Barack Obama que cubre a 20 millones de personas que era detestado por las corporaciones y la derecha republicana.
 
"Ellos pensaron en sí mismos y no en los ciudadanos de este país" dijo en el discurso y prometió: "Le devolveré el poder al pueblo. Transferiré el poder de Washington a ustedes, a los estadounidenses. Les devolveré el American Dream (el sueño americano)". "El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo se convirtió de nuevo en el gobernante de la nación (...) en que vuelve a dirigir a EE.UU.", añadió.
 
Mientras Trump pronunciaba su discurso de 15 minutos florecido de consignas y tonos populistas, por las calles de la ciudad se plasmaba la notable grieta que existe entre los estadounidenses.
 
Miles de manifestantes protestaban porque consideran que su asunción no es legítima porque sacó 2,9 millones menos de votos populares que su rival Hillary Clinton; porque denuncian que fue ayudado por Rusia; porque consideran que sus políticas van en contra de las mujeres y minorías como afroamericanos gays o inmigrantes, entre otros temas.
 
Por la noche las protestas derivaron en violencia, con choques con la policía, gases lacrimógenos, vidrieras rotas y autos rotos y quemados. Hubo casi 100 detenidos.
 
En el mensaje, Trump repitió varias veces su lema de campaña, "Estados Unidos primero". Trump fue Trump durante todo su mensaje, sencillo, directo, con frases potentes que resuenan como slogans.
 
En el que es claramente el inicio de una nueva era, aseguró que impondrá dos reglas simples: "Comprar estadounidense, contratar estadounidenses", o sea, prioridad a los productos nacionales y que los puestos de trabajo sean ocupados por los estadounidenses, un claro mensaje antiinmigrante como el que predominó en la contienda electoral.
 
Para enfatizar su política proteccionista, agregó que "toda decisión sobre comercio, impuestos inmigración y asuntos exteriores se tomará para beneficiar a los trabajadores y las familias de EE.UU. (...) Vamos a hacer EE.UU. fuerte de nuevo, lo vamos a hacer rico, orgulloso, seguro y, juntos, lo vamos a hacer grande de nuevo". No detalló cómo lo hará.
 
En una apelación directa a ese electorado blanco de la América profunda, frustrado, trabajadores sin un alto nivel de educación que no se vieron representados por el multiculturalismo globalizador de Obama y que hallaron en el republicano una opción de cambio, dijo: "Los olvidados y olvidadas de nuestros país dejarán de estar olvidados".
 
Trump comentó que trabajó durante más de tres semanas en ese discurso, y que se inspiró en los mensajes de Ronald Reagan y de John Kennedy para escribirlo, pero no se advirtió demasiado porque puso su sello.
 
En una descripción de la situación general del país, el presidente prometió: "Basta ya con esta carnicería estadounidense, la detendré inmediatamente", en una de las frases más fuertes de su discurso. Con esa palabra refería no sólo a la pérdida de puestos de trabajo y a las industrias en decadencia, sino también a las ciudades afectadas por el crimen y a los guetos donde hay tanta gente olvidada.
 
El presidente hablaba desde una tarima con vidrios blindados, a su lado, en un palco, lo escuchaban Obama, su esposa Michelle y otros ex mandatarios: James Carter, George W Bush (su padre, George Herbert Walker Bush, está hospitalizado) y Bill Clinton con Hillary. Vestida de blanco, ella apareció sonriente pero se la vio algo tensa durante la ceremonia.
 
En otra muestra de división, más de 40 legisladores demócratas decidieron no asistir a la jura, en repudio a las políticas anti diversidad de Trump y a las críticas que el presidente asestó a un líder de los derechos civiles, el legislador John Lewis.
 
Luego del discurso y cuando la llovizna ya se había esfumado, Trump y los invitados VIP se fueron a comer a un elegante salón del edificio. Antes del almuerzo, el flamante presidente tuvo un gesto con el hombre que le dejaba el poder: acompañó a Obama y a Michelle hasta el helicóptero en el que dejaron el Congreso.
 
Por Paula Lugones
Por Fernando González
 
Fuente: Clarín 
 

Agreganos como amigo a Facebook
El enigma de la era Trump
Las protestas derivaron en violencia, con choques con la policía, gases lacrimógenos, vidrieras rotas y autos rotos y quemados. Hubo casi 100 detenidos.
El enigma de la era Trump
El choque entre un grupo -aparentemente anarquista- y la Policía se produjo en las inmediaciones del Capitolio, aunque alejado de la zona restringida. El grupo hizo algunos destrozos en locales comerciales y fueron rápidamente dispersados.
24-04-2018 / 12:04
El gobierno de Mauricio Macri, una alianza política de conservadores y radicales, acaba de pisar, probablemente, la línea que lo separaba de su decadencia política.
 
La pérdida de sintonía fina con el impiadoso e inconmovible aumento de las tarifas, en un contexto de inflación por encima de las metas oficiales, falta de ingreso de inversiones genuinas y sequía que afecta al principal sector, el agroindustrial, que trae dólares para que la economía funcione, encamina la experiencia de Cambiemos al colapso, semejante en proporciones pero muy diferente al que en 2012 marcó el comienzo del final del malabarismo K, apenas un año después de conseguir la reelección de CFK con el 54% de los votos.
 
Y es distinta porque hace seis años la clase media salió a la calle, inéditamente, para decir "basta" a la intolerancia seudo izquierdista del kirchnerismo pero ahora el límite se está gestando sin manifestaciones, lo que, al ser menos visible, es tanto peor para una administración que ha comenzado a despeñarse en la necedad o, peor aún, en practicar la contumacia en el error.
 
Todo lo que hace el Gobierno conspira en contra de la reactivación económica, sin poder domar la inflación. De hecho, una encuesta de la consultora Opinaia encontró que el 45% de la población consideró que este año perderá poder adquisitivo y, como en economía las expectativas juegan un rol relevante, esa constatación puede tener coletazos perversos.
 
Lo cierto es que el manejo gubernamental del macrismo es una proyección del viejo y anticuado management verticalista de las grandes empresas, en cuya armadura no figuran las percepciones sociales ni comunicacionales ni políticas.
 
De ese modo, el gobierno de Cambiemos está encerrado en su lógica y desestima cualquier crítica porque, postula, proviene de la "vieja política", es decir, los viejos trucos de los necrosados partidos, como el peronismo o el radicalismo, o las izquierdas de todo pelaje.
 
Por esas razones, se acumulan los indicios, significativos y contundentes, de que la experiencia Cambiemos de Macri ha iniciado el proceso de pérdida de apoyo de la clase media, lo que comienza a poner en duda la reelección en 2019 y, en cambio, abrir un período de cambios inesperados en el recambio político, ya que la clase media en la Argentina ha demostrado que sus apoyos son solo temporales.

23-04-2018 / 10:04
"Este es el último aumento de tarifas que hay." La frase del presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, un dirigente calmo y centrado que suele ser una voz racional en momentos de turbulencia, sonó extemporánea cuando todavía no se acallaron las protestas y los sinsabores del incremento de tarifas que colocaron en tensión al macrismo hacia fines de la semana pasada.
 
Se trata, sin embargo, de un planteo contradictorio con lo anunciado por el propio ministro de Energía, el polémico Juan José Aranguren, quien ya blanqueó que el cronograma de la quita de subsidios terminará recién en octubre de 2019, por lo que hasta entonces continuarán las subas. Además, en mayo está previsto un nuevo incremento del servicio de agua que brinda AySA; y hacia finales de año, entre octubre y noviembre, debería aplicarse el segundo reajuste semestral en las tarifas de gas y de electricidad.
 
Las declaraciones de Pinedo fueron reproducidas por los medios masivos ultra macristas, como Clarín, Las Nación e Infobae, sin ningún cotejo con los anuncios oficiales hechos por el mismo Gobierno.
 
Está claro que lo que Pinedo salió a plantear es parte del libreto duranbarbista del optimismo permanente macrista: que la inflación se va a reducir en el segundo semestre y, por lo tanto, los próximos incrementos van a ir acompasados a ese número sin saltos ornamentales de alturas siderales. Dicho en estas horas, parece más una frase destinada a los anales de la mentira.
 
La Opinión Popular

23-04-2018 / 09:04
En línea con el traspié que sufrió el miércoles la oposición en la Cámara de Diputados nacional, tampoco logró prosperar una sesión especial en la Cámara baja bonaerense, impulsada por bloques del justicialismo y del Frente Renovador (FR), para tratar una veintena de proyectos que buscan reducir la carga impositiva en las facturas de gas y luz de los usuarios locales.
 
Pero la polémica por la suba de tarifas no sólo tuvo su correlato legislativo en Buenos Aires. En Santa Fe, la Legislatura provincial se convirtió hace tiempo en una caja de resonancia por este tema. Y hay ejemplos diversos de proyectos que proponen congelar las tarifas. Y en La Pampa, los diputados Espartaco Marín y Lucrecia Barruti, junto a otros legisladores del PJ, presentaron en la Legislatura provincial un proyecto.
 
La Administración Provincial de Energía de La Pampa aseguró que la Provincia tiene que "cubrir los baches que deja Nación" en relación al sistema energético.
 
Sin embargo, quienes viven en la ciudad de Buenos Aires tienen todavía las tarifas más bajas del país. Un usuario promedio de Edenor o de Edesur con un consumo mensual de 150 KWh pagó en diciembre pasado 8,84 milésimos de dólar por KWh (antes de la última tanda de aumentos), según el último informe de la consultora Montamat & Asociados. Al mismo tiempo, un santafesino debía desembolsar por la misma cantidad de electricidad US$141,6 milésimos y un cordobés, US$148,7 milésimos.
 
Así están las cosas con el gobierno centralista de Mauricio Macri.
 
La Opinión Popular

23-04-2018 / 09:04
Marcos Marcelo Mindlin, amigo íntimo del presidente Mauricio Macri, es uno de los que hará punta desde el martes con las Participaciones Público-privadas (PPP), la nueva alquimia a la que apuesta el Gobierno de los Ricos para llegar a las elecciones del año que viene con la obra pública a toda velocidad y, supuestamente, sin gastar un peso del Tesoro.
 
Mindlin, el dueño del mayor conglomerado energético del país, cuyo patrimonio se agrandó al calor del tarifazo de su amigo Macri, que concentró las críticas de opositores y oficialistas, moverá para eso la última pieza que sumó a su tablero: la constructora SACDE. Es el nuevo nombre que él y sus socios le pusieron a IECSA, la histórica constructora de Franco Macri que condujo, en los papeles y para cuidar las apariencias, Ángelo Calcaterra, desde que su primo Mauricio se lanzó a la política.
 
Los contactos fluidos de Mindlin con Macri le da una ventaja difícil de descontar a la hora de quedarse con contratos donde el dinero lo adelanta el contratista y el riesgo ante los prestamistas lo asume el propio Estado, aunque sin que se compute como deuda externa.
 
El mecanismo funciona parecido al de los ferrocarriles construidos por los ingleses a principios de siglo XX: el privado adelanta los fondos para una obra y se asegura el repago a varios años con la garantía de la propia obra. Si es un tren, lo opera directamente o retiene los pasajes como garantía de cobro. Si es una ruta, cobra el peaje o se asegura que se lo giren. Si no tiene ganancias suficientes, el Estado le garantiza el recupero emitiendo pagarés a su nombre.
 
El puntapié inicial de las PPP argentinas iba a ser hoy, mientras tanto, el Gobierno negocia ventajas de último momento para tentar a los inversores. Ya les condonó el impuesto a las Ganancias y el IVA, aumentó un 50% los peajes en cuatro de los corredores que se licitarán y los habilitó a realizar "importaciones temporarias" de equipos y materiales.
 
Pero lo principal que reclamaban (y obtuvieron) los potenciales inversores es el derecho a litigar en tribunales extranjeros contra el Estado argentino, como hicieron los bonistas buitre que no aceptaron la quita de los canjes de deuda de 2005 y 2010. 
 
Las PPP fueron evaluadas negativamente por el Comité de Auditores de la Unión Europea, que acaba de advertir "demoras y sobrecostos en casi todos los casos" y "deficiencias extendidas" en el mecanismo que se apresta a abrazar el país. Su informe, de 79 páginas, puntualiza que "por el tamaño de los proyectos, pocas empresas pueden hacerlos" y que "el sistema incentiva proyectos más grandes de lo necesario". También calcula que se termina pagando más de lo presupuestado.
 
La Opinión Popular

22-04-2018 / 19:04
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar