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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Internacionales - 11-01-2017 / 21:01
EFEMÉRIDES POPULARES

Revolución de Zanzíbar

Revolución de Zanzíbar
Amani Abeid Karume fue el primer presidente de Zanzíbar.
La Revolución de Zanzíbar consistió en el derrocamiento de un Gobierno minoritario árabe que ejercía un trato desigual sobre una mayoría africana. El 12 de enero de 1964, del sultán Jamshid bin Abdullah de Zanzíbar y de su gobierno principalmente árabe fueron desplazados por parte de revolucionarios africanos.
 
El Partido Afro-Shirazi (PAS) se alió con el Partido Umma de ideología izquierdista y en la madrugada del 12 de enero de 1964, John Okello, miembro del PAS consiguió movilizar a unos 600-800 revolucionarios en la isla de Unguja, la principal isla de Zanzíbar.
 
La revolución terminó con doscientos años de dominación árabe de Zanzíbar, y varios cientos de árabes e indios fueron ejecutados y otros miles expulsados y sus propiedades y confiscadas por el nuevo gobierno de la República de Zanzíbar y Pemba.
 
Tiempo después, la nueva república alcanzó un acuerdo con la vecina Tanganika, uniéndose para formar el país de Tanzania, en el que Zanzíbar constituye una región autónoma.
 
La Opinión Popular

 
En el momento de la revolución Zanzíbar era un estado muy diverso étnicamente que consistía en varias islas situadas en la costa oriental de Tanganika, que habían recibido la independencia como estado por parte del Reino Unido en 1963.
 
Sin embargo, las elecciones parlamentarias celebradas poco después de la independencia mantuvieron en el poder a la minoría árabe que había gobernado el territorio desde que Zanzíbar era un territorio colonial del sultanato de Omán.
 
Frustrados por su minoría parlamentaria a pesar de haber conseguido el 54 % de los votos en las elecciones de julio de 1963, los partidos africanos, en concreto el Partido Afro-Shirazi (PAS) se alió con el Partido Umma de ideología izquierdista y en la madrugada del 12 de enero de 1964 John Okello, miembro del PAS consiguió movilizar a unos 600-800 revolucionarios en la isla de Unguja, la principal isla de Zanzíbar.
 
Tras someter a la fuerza policial y apropiarse de sus armas, los insurgentes se dirigieron a Zanzibar Town, donde derrocaron al sultán y a su gobierno.
 
Se produjeron varios ataques contra los civiles árabes y surasiáticos de la isla, provocando un número de muertes estimado entre varios cientos hasta 20.000, según las diversas fuentes. Abeid Karume, líder moderado del PAS, se convirtió en el nuevo presidente del país y jefe de estado, y varios miembros del partido Umma también recibieron varias posiciones de poder.
 
Los aparentes lazos comunistas del nuevo gobierno preocuparon a los países occidentales, ya que en teoría Zanzíbar se encontraba en la esfera de influencia del Reino Unido, que preparó varios planes de intervención.
 
Sin embargo, el temido golpe de estado comunista nunca llegó a materializarse, y los ciudadanos británicos y estadounidenses fueron evacuados sin problemas, así que no se produjo una intervención militar británica.
 
Al mismo tiempo, países comunistas como China, la República Democrática Alemana y la Unión Soviética reconocieron al nuevo gobierno, iniciaron relaciones amistosas y enviaron consejeros políticos y económicos.
 
El presidente Karume negoció la adhesión de Zanzíbar a Tanganika, formando el nuevo país de Tanzania; un acto que los medios de comunicación interpretaron como un intento de evitar la subversión comunista de Zanzíbar. La revolución terminó con doscientos años de dominación árabe de Zanzíbar, y se conmemora cada año en la isla con celebraciones en la fiesta del aniversario.
 
Fuente: Wikipedia
 

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La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua o Ayacucho, Perú, el 09 de diciembre de 1824. Alrededor de 80 valientes Granaderos argentinos (los últimos de los 4.000 que cruzaron los Andes con José de San Martín) participaron en la victoria, junto a combatientes colombianos, venezolanos, peruanos y chilenos. 
 
El general venezolano Antonio José de Sucre, a los 29 años, fue el protagonista central de la batalla, al mando de las fuerzas patrióticas, que acometieron directamente a la masa desorganizada de tropas colonialistas que, sin poder formar para la batalla, descendía en hileras de las montañas. Lo acompaña el intrépido general colombiano José María Córdoba, de 25 años, que alzando su sombrero blanco de jipijapa en la punta de su espada, entusiasma a sus hombres lanzándose al combate con el grito: "¡División! ¡De frente! ¡Armas a discreción y paso de vencedores".

La frase lanzada por el general Jacinto Lara al iniciar el combate es menos homérica pero más criolla. Los hombres de Lara eran hijos de los llanos venezolanos y "gente cruda". Su general les dirigió antes de la batalla la siguiente arenga: "¡Zambos del carajo! ¡Al frente están los godos puñeteros! El que manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como  ustedes saben, no es ningún cabrón. Conque así, apretarse los cojones y ... ¡a ellos!".
 
Las fuerzas patriotas sumaban 5.780 hombres y los realistas, 9.310 soldados. La victoria americana fue completa. Cayeron prisioneros el virrey José de la Serna con todos sus generales, empezando por José de Canterac y Jerónimo Valdés, con más de 600 oficiales y dos mil hombres de tropa. Más de dos mil muertos (307 patriotas y 1800 realistas) quedaron sobre el campo de Ayacucho donde concluía el poder colonial español en América.

La victoria de los revolucionarios independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista español más importante que seguía en pie, sellando la independencia peruana con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. Terminaron así estas guerras de liberación en todo un continente, que había comenzado medio siglo atrás, cuando los yanquis iniciaron las hostilidades contra los ingleses el 19 de abril de 1775.

 
Presencia indestructible de Eva Perón 
Por Blas García

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