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Internacionales - 02-01-2017 / 18:01
EFEMÉRIDES POPULARES

El general Leandro Gómez y la defensa de la Heroica Paysandú

El general Leandro Gómez y la defensa de la Heroica Paysandú
El sitio y batalla final de Paysandú, con la inmolación de Leandro Gómez y sus hombres, el 2 de enero de 1865, constituye el primer acto de una tragedia mayor: la Guerra del Paraguay o guerra de la "triple infamia", como la llamó Alberdi.
En 1863, Bartolomé Mitre mandó a Venancio Flores, famoso degollador de montoneros federales en Cuyo, a invadir el Uruguay. Lo apoyarían soldados y flota brasileños. Tras el inicio de la revuelta, el caudillo colorado la bautizó «cruzada libertadora».
 
El 02 de diciembre de 1864, las fuerzas sublevadas -que cometieron traición a la Patria al contar con el respaldo de una escuadra fluvial del Imperio de Brasil, al mando del Marqués de Tamandaré (corbetas a vapor Recife, Belmonte y Paranahíba y las cañoneras Ivahý y Araguaia), y de tropas porteñas enviadas por el unitario Bartolomé Mitre (acérrimo enemigo de Uruguay)- pusieron cerco a Paysandú (Uruguay).
 
Los patriotas orientales, al mando de Leandro Gómez, sumaban poco más de 1.000 hombres (incluidos algunos federales argentinos, paraguayos y unos cuantos europeos), mientras que los partidarios de Flores, los unitarios porteños argentinos y los brasileños eran más de 20.000.
 
La escuadra brasileña bombardeó la ciudad con sus cañones, debiendo evacuarse de ella mujeres, niños y ancianos. La dotación militar de Paysandú sufrió enormes bajas pero resistió el asedio, negándose terminantemente a la rendición. Los orientales se defienden con la esperanza de que llegasen refuerzos, que nunca llegan. Uno de los que promete varias veces ir, es el jefe "federal" Urquiza. Pero el traidor nunca fue.
 
El 02 de enero de 1865, finalmente, los atacantes entraron al asalto de la ciudad, todavía defendida por unos 600 soldados y oficiales. El combate fue encarnizado, siendo finalmente derrotados los defensores. El general Leandro Gómez fue tomado prisionero y fusilado en plena calle, junto a varios de sus oficiales. El sitio y batalla final de Paysandú constituye el primer acto de una tragedia mayor: la Guerra del Paraguay o guerra de la "triple infamia".
 
La Defensa de Paysandú, contra los liberales uruguayos, argentinos y brasileros, tiene ribetes de leyenda y se ha mantenido en la memoria histórica de Latinoamérica este hecho de características épicas, al que un final trágico y heroico redondea como uno de los hitos del pasado común, no solo de todos los uruguayos, sino de la Patria Grande.
 
Por Carlos Morales

 
LA SOMBRA DE PAYSANDU
 
En 1863 gobernaba en la otra orilla el Partido Blanco, asimilable al Federal de nuestro país. Aquí estaba en su apogeo la guerra de policía de Mitre contra las provincias.
 
La historia oficial, es decir, la historia mistificada por el propio Mitre y sus herederos con la misma coherencia que tuvieron los dictadores de 1976-83 para designar a su propia matanza "Proceso de Reorganización Nacional", llamó a aquella masacre "pacificación del interior".
 
El 12 de noviembre de 1863 era degollado el Chacho Peñaloza y colgada su cabeza sangrante de una pica en la localidad de Olta. Sarmiento -director de la guerra- aplaudió el asesinato "sobre todo por su forma".
 
Marcos Paz, vicepresidente de Mitre, diría para que no quedaran dudas: "En este banquete de civilización y de principios, sólo se excluyen el poncho, el crimen, la barbarie, es decir los caudillos".
 
Con el exterminio de éstos, vendrían las mercaderías extranjeras cometiendo un segundo aniquilamiento, más silencioso: la desarticulación de las economías artesanales del interior profundo.
 
Ahora se imponía hacer lo mismo en la ex Banda Oriental, gobernada por el partido opuesto a los unitarios de ambas orillas, y para cumplir ese cometido se anotaban varios "pacificadores".
 
Entre los emigrados colorados en Buenos Aires se hallaban los llamados "coroneles de Mitre": Ambrosio Sandes, Ignacio Rivas, Wenceslao Paunero - todos de prominente actuación en la guerra civil argentina- y el más calificado de ellos, Venancio Flores, responsable del masivo degüello de Cañada de Gómez, luego de Pavón.
 
Encabezando un grupo de exiliados y mercenarios, Flores invadió tierra oriental el 19 de abril de 1863. Su objetivo -y el de Mitre, que lo apoyó con armas y logística-, era derribar al presidente constitucional Bernardo Berro.
 
Denominó a su golpe de estado con el épico nombre de "Cruzada Libertadora" y en vista de que la resistencia de Berro y su sucesor Atanasio Aguirre era difícil de vencer, no trepidó en aliarse con el Imperio de Brasil, que intervino en la contienda en defensa de sus propios intereses, que, al mismo tiempo, eran los de su mandante, Gran Bretaña, siempre interesada en destruir los lazos que pudieran unir a nuestros países.
 
La escuadra brasileña al mando del almirante Tamandaré y una fuerza de 10.000 hombres ponen sitio a Paysandú y durante varias semanas, sin previa declaración de guerra, la cañonean hasta destruirla, hecho inédito en la historia de Latinoamérica. Entre los defensores se hallaban federales argentinos, entre ellos Rafael Hernández, hermano del autor de Martín Fierro.
 
El jefe de la plaza sitiada, general Leandro Gómez, resiste hasta el último aliento, al frente de 600 hombres, "un puñado de héroes de los tiempos de Sagunto y de Numancia", al decir de Francisco F. Fernández.
 
Finalmente, sin cumplir una tregua pactada entre ambas facciones, la plaza es tomada y, por orden superior, de sargento arriba, fusilados todos los defensores. Los restantes serán masacrados a cuchillo.
 
Lo que no será obstáculo para que días después, "La Nación Argentina", diario del presidente Mitre, enfatice: "La conducta del general Flores y del barón de Tamandaré en el asalto y toma de Paysandú ha sido la más noble, generosa y Caballeresca".
 
Tomada Paysandú, la caída de Montevideo era cuestión de tiempo. La intervención, en defensa propia, del Paraguay de Solano López, sería una de las consecuencias del drama.
 
El otro, la conformación de la Triple Alianza entre los gobiernos "liberales" de Brasil, Argentina y Uruguay. La máxima tragedia sudamericana del siglo XIX estaba por iniciarse.
 
Por Juan Carlos Jara
 
Fuente: TELAM
 

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El general Leandro Gómez y la defensa de la Heroica Paysandú
Leandro Gómez.
25-07-2017 / 19:07
Ante la convicción de que la única salida era la lucha revolucionaria, Fidel Castro participó de la elaboración de un ataque armado contra los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, ambos en la provincia de Oriente el 26 de julio de 1953.
 
El intento de tomar el Cuartel Moncada se basaba en que, por sus características (un importante valor estratégico por su posición; agrupaba al menos 3000 armas; además de encontrarse en una zona activamente opuesta al golpe dado por Batista), podría propiciar un levantamiento popular armado, llamar al pueblo a la huelga general desde la radio y aprovechar las cualidades del terreno (rodeado de montañas y cerca del mar) pudieran posibilitar el desarrollo de la lucha armada.
 
La táctica ideada consistía en llegar armados y una vez dentro, emplear el valor simbólico de la «Rebelión de los Sargentos» (movimiento militar que en 1933 derrocó al presidente Machado) para contactar con las demás guarniciones y animarlos al levantamiento. Si la rebelión no recibiera apoyo, la idea era escapar a las montañas y armar al pueblo para continuar la lucha.
 
El intento fracasó -entre otros factores- porque se perdió el factor sorpresa a partir de una posta que el regimiento en el cuartel agregó a causa de la celebración de los carnavales en la ciudad. A pesar de contar con el apoyo de algunos ciudadanos que trataron de camuflarlos, muchos fueron atrapados, aunque Castro consiguió escapar con algunos hombres a la Sierra Maestra.
 
Tras varios días caminando, deciden entrar en una pequeña casa en la sierra, siendo sorprendidos mientras dormían. Fidel, salva la vida gracias al sargento que lo detuvo, que al entregarlo exigió que no fuese torturado.
 
Fidel Castro fue hecho prisionero, juzgado y sentenciado a quince años de prisión. En el alegato final del juicio, Fidel pronunció un discurso de autodefensa. 
 
Posteriormente Castro escribió «La historia me absolverá», en el que defendió sus acciones y explicó sus puntos de vista políticos. Tras 22 meses de prisión fue liberado durante la amnistía general de mayo de 1955. Meses después se exilió a México.
 
De la redacción de La Opinión Popular

24-07-2017 / 20:07
23-07-2017 / 20:07
23-07-2017 / 17:07
23-07-2017 / 17:07
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