La Opinión Popular
                  16:52  |  Lunes 24 de Noviembre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
Un país atravesado sólo por estrategias de poder
Por Natalio Botana, Politólogo e Historiador
“Si llego a la Casa Rosada irá preso cualquier persona que comete un delito sin importar si es extranjero, argentino o vicepresidente de la Nación”. Julio Cobos
Nacionales - 29-10-2013 / 07:10
LA DERROTA K INICIÓ UNA TRANSICIÓN ENMARCADA EN LA PÉRDIDA DE PODER

Incertidumbre política: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve?, ¿Quién gobierna al país?

Incertidumbre política: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve?, ¿Quién gobierna al país?
En el vacío generado objetivamente por un Gobierno que sufre la ausencia circunstancial de la Presidenta, hay dos preguntas centrales que circulan estos días en la política. Son interrogantes sencillos en su formulación, que contienen la razonable incertidumbre por el futuro inmediato y todavía no encuentran respuesta. Esas preguntas son: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve Cristina? Hay una tercera pregunta, más corrosiva y peligrosa, casi destituyente según la terminología impuesta por la fuerza política que hoy ve empalidecer su estrella. Esa pregunta es: ¿Vuelve Cristina?.
Tras las elecciones legislativas, donde la presidenta Cristina Fernández sufrió un durísimo revés, se instaló un pronunciado vacío de poder, producto de la ausencia de la primera mandataria motivada en cuestiones de salud y funcionarios K desorientados. Estamos en un escenario sumamente confuso, con un Gobierno en el que no sabe cómo ni quiénes son los que realmente toman las decisiones. Y la incertidumbre, en un contexto de crisis como el que estamos viviendo, no hace más que echarle nafta al fuego.
 
La incertidumbre ha disparado, en los últimos días, distintas versiones que hablan desde la posibilidad de que la Presidenta decida no retomar el cargo o que haya elecciones presidenciales anticipadas. Continuar con la acefalía, en momentos donde la situación económica es sumamente grave, profundizará aún más el conflicto social que ya de por si genera una inflación sin freno y una recesión que están empobreciendo a importantes sectores de la población.
 
Ante esta situación, es indispensable que la Presidenta, o en su defecto el circulo íntimo, esclarezcan a la población cuál es su verdadero estado de salud, que implicancia puede llegar a tener su proceso de recuperación de la cirugía y de los problemas cardíacos en el ejercicio de la conducción del Estado y qué políticas se van a instrumentar en lo inmediato para encarar este periodo de transición, que durará dos años.
 
Es indispensable que se digan las cosas tal cual son. La salud de la primera mandataria no puede ser considerada como un asunto privado, cuando en cualquier país medianamente serio es una cuestión de Estado y como tal debería manejarse con absoluta claridad y transparencia. En caso de que la Presidenta esté en condiciones físicas y emocionales de seguir al frente del máximo cargo, se debe poner punto final a este perverso juego, que han imaginado algunas mentes afiebradas de la Casa Rosada, de buscar beneficios políticos poniendo como excusa los problemas de salud. 
 
La derrota de CFK no sólo se dio a partir de los pobres resultados que ha obtenido su candidato Insaurralde en Buenos Aires, la principal provincia del país, sino también a partir de las duras caídas que tuvieron sus candidatos a lo largo y ancho del país, incluida Santa Cruz, el "pago chico" kirchnerista. La realidad es que las elecciones ya pasaron, el cristinismo cayó derrotado y su ciclo está cumplido. Ahora bien, el hecho de que este proceso político tenga fecha de vencimiento, no los excluye de la responsabilidad de garantizar la estabilidad institucional.
 
Resulta inadmisible que luego del contundente mensaje de la urnas, con un masivo voto castigo hacia en gobierno en prácticamente todas sus áreas, hasta el momento ni siquiera se haya dado ni una sola respuesta al reclamo del Pueblo. Si siete de cada diez ciudadanos le han dicho a Cristina en las urnas que están hartos de vivir en un país con una inflación por encima del 25%, con una presión fiscal agobiante que cae sobre las pymes y la clase media, y con una inseguridad fuera de control que todos los días se cobra la vida de inocentes, merecen ser escuchados y tener respuestas. Los tiempos se acortan y el cristinismo, más temprano que tarde, deberá dar la cara.
 
La Opinión Popular

EN FOCO
 
Cristina y las preguntas que más inquietan
 
La derrota electoral del Gobierno tiene, en sí misma, la elocuente contundencia de las cifras. Consagra la clausura de cualquier hipótesis de re-reelección presidencial. Y hasta pone bajo seria duda la perpetuación kirchnerista en el poder más allá de 2015.
 
El resultado de la elección también establece de modo automático un escenario de alta volatilidad política. Es difícil precisar en este momento cuánto del poder quedará donde estaba, cuánto se depositará en nuevas manos, cuánto entrará en afiebrada migración buscando poner a resguardo el capital político de sus titulares. La esperable fluidez de los reacomodamientos, sobre todo dentro del peronismo, es el espectáculo quizás impúdico que viene.
 
Pero mucho antes, ya mismo, aparecen otras cuestiones acuciantes.
 
En el vacío generado objetivamente por un Gobierno que sufre la ausencia circunstancial de la Presidenta, hay dos preguntas centrales que circulan estos días en la política. Son interrogantes sencillos en su formulación, que contienen la razonable incertidumbre por el futuro inmediato y todavía no encuentran respuesta. Esas preguntas son: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve Cristina?
 
Hay una tercera pregunta, más corrosiva y peligrosa, casi destituyente según la terminología impuesta por la fuerza política que hoy ve empalidecer su estrella. Es la pregunta que se hacen sobre todo dirigentes importantes del oficialismo peronista, alejados del núcleo de las decisiones pero ansiosos por conservar su poder y temerosos ante la hipótesis de una lenta deriva descendente del Gobierno de aquí a 2015. Esa pregunta es: ¿Vuelve Cristina?
 
Conviene empezar por lo menos escalofriante y conspirativo. Y recordar que Máximo Kirchner dijo ayer en Río Gallegos que su madre "está mejor", pero que no podía adelantar la fecha de la vuelta al ejercicio de sus funciones.
 
"No soy médico, no sé cuando regresa", afirmó con prudencia y sensatez el hijo mayor de la Presidenta.
 
El tema del "cuándo vuelve" está en el aire. Un jefe territorial bonaerense, estratégico para la estructura kirchnerista, consultado sobre este punto sensible sostuvo que Cristina estará en condiciones de ejercer otra vez plenamente sus funciones recién "al final del verano".
 
Lo dijo sin ignorar que ese espacio de cuatro o cinco meses más sin Cristina al comando del día a día, una eternidad, puede ser demasiado para que el Gobierno lo atraviese sin daños mayúsculos.
 
Una muestra homeopática de lo que puede ser ese desmadre ya la ofreció el bochornoso espectáculo de la Casa Rosada tratando de mantener escondido a Amado Boudou en cuanto comenzó su interinato, para que su mala imagen contaminara lo menos posible al Gobierno y a sus candidatos.
 
En esa línea se agrega la exposición a la luz pública de las peleas internas en el poder que abarcan las áreas política y económica, con contendientes como Carlos Zannini, Juan Manuel Abal Medina, Florencio Randazzo, Axel Kicillof, Julio De Vido, Guillermo Moreno y Hernán Lorenzino, por nombrar sólo a los que tienen cargos más notorios.
 
Si Cristina debe, en resguardo de su salud, mantenerse y ser mantenida al margen de estas reyertas en las que solamente ella puede laudar, ¿quién tomará las decisiones de fondo en un sistema de poder que sólo responde a la voluntad única de su Jefa?
 
Y asoman a borbotones más preguntas.
 
¿Quién podrá armonizar el funcionamiento de un Gabinete en virtual parálisis, que fracasa por ineficacia y diagnósticos equivocados y para el que se presumen cambios inminentes?
 
¿Quién arbitrará las ambiciones de quienes buscarán posicionarse para la candidatura presidencial o, antes todavía, para un nuevo reparto de espacios en el Gobierno pensando en usarlos como trampolín para proyectarse hacia 2015?
 
Otro aspecto, que no es menor, sería la tensión creciente en el entorno presidencial entre quienes prefieren apurar un regreso pleno de Cristina para resolver la montaña de problemas acumulados, y quienes -en especial sus hijos- pujan para mantener alrededor de ella un virtual cordón sanitario que la ayude a cumplir las indicaciones de sus médicos.
 
Dentro de unos diez días se cumplirá el mes de reposo estricto ordenado a la Presidenta por el cuerpo médico que encabezan los doctores Facundo Manes y Gerardo Bozovich. Fuentes médicas y políticas aseguraron a Clarín que, en estas semanas, Cristina se comportó como una paciente en plena conciencia de su estado de salud y dispuesta a seguir sin dobleces las indicaciones de quienes la atienden. Su hijo Máximo y el influyente secretario legal Zannini fueron, más que ningún otro, quienes le fueron informando en dosis prudentes sobre los principales hechos y temas, transmitiendo al resto sus opiniones y decisiones.
 
Las mismas fuentes, incluso, destacan que la Presidenta no parece estar incómoda en esa obligada disminución temporaria de presiones y responsabilidades. Sostienen que es como si hubiese descubierto que hay otra vida posible, más allá de la que ofrece el tránsito permanente por el ojo del huracán del poder.
 
Su estado de salud, se ha dicho ya, no es de gravedad. Pero tiene perfiles delicados y necesita de cuidados muy específicos. El restablecimiento neurológico es satisfactorio, según se ha informado, aunque requeriría de precauciones al menos durante todo un año. El costado cardiológico, en cambio, presenta otros frentes a ser atendidos de modo más específico y prolongado en el tiempo.
 
Sus médicos, en el final del parte emitido tras sus chequeos de la semana pasada en la Fundación Favaloro, colocaron una frase sugestiva.
 
Hablaron de "evitar cualquier situación de estrés". Se referían a las prescripciones para este período de reposo. Pero no deja de resultar insólito que a un Presidente se le recomiende evitar algo que es inherente a la función que ocupa.
 
Un médico de sólido prestigio internacional, que conoce los pormenores de este caso, se asombraba por la osadía de sus colegas.
 
"Decirle a un presidente que evite el estrés -explicaba- es como decirle que en lo posible deje de trabajar de presidente".
 
Con las precauciones lógicas habría que agregar acá otro dato que se filtra también desde las cercanías de Olivos. Habría allí algunas voces, preocupadas por la salud de la Presidenta y también por cómo podrá tratar la historia al kirchnerismo, que estarían aconsejando evaluar cuidadosamente los condicionamientos que impondría la realidad política por venir.
 
Y que no serían otra cosa que administrar la derrota, corregir distorsiones de la economía con medidas quizás impopulares, conocer el lento camino de regreso al llano para quien lleva más de veinticinco años en el ejercicio y el disfrute del poder. Una mezcla ingrata ante la cual, opinan, habría que actuar en consecuencia y no someterse con manso fatalismo.
 
Todo suena alucinante, peligroso institucionalmente, por momentos increíble. Pero sucede hoy y aquí en la Argentina que, sin drama y sin miedo, acaba de reclamar un cambio votando masivamente contra el kirchnerismo.
 
Por Julio Blanck
 
Fuentes: Clarín y Diario Hoy

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24-11-2014 / 10:11
  Luego de las violentas amenazas del piquetero Luis D'Elía, el cristinismo renovó y redobló su avanzada contra el juez federal Claudio Bonadio por investigar presuntos delitos de corrupción por parte de la presidenta Cristina Fernández en el manejo del hotel en El Calafate, del que admitió ser dueña.
 
Ayer, el secretario de Justicia, Julián Álvarez, en una clara intimidación, recordó que el magistrado tiene "nueve expedientes" acusatorios en el Consejo de la Magistratura. El número, incorrecto, fue machacado todo el día por los medios oficialistas. E incluso desde la cuenta de Twitter de Casa de Gobierno (@casarosadaAR), se difundió esta y otras informaciones para atacar al juez.
 
Para los K, hay que terminar con Bonadío porque puso en duda la honorabilidad de Cristina, quien quiere marcharse del poder sin causas judiciales por corrupción. Al igual que otros referentes K, Álvarez vinculó las decisiones del magistrado con algún tipo de interés político relacionado con Sergio Massa, el precandidato presidencial opositor con mayores chances para las elecciones de 2015.
 
Ayer Hotesur SA emitió un comunicado en el que admitió sus contravenciones, pero explicó que son triviales. Consignó que la documentación que no está en la IGJ está en la AFIP y cumple las exigencias reglamentarias. Pero igual atacó al juez Bonadio. ¿Puede Bonadio comprometer a Cristina con un expediente administrativo por no presentar balances en tiempo y forma? No.
 
Pero la causa puede poner a Cristina y a Máximo en una situación muy complicada si comprueban que detrás de los pagos adelantados por las habitaciones no ocupadas, que realizaba Lázaro Báez, había intención de lavar dinero. O, para decirlo de una manera más sencilla: si el pago de habitaciones, que el hotel Alto Calafate nunca prestó, podría encubrir una coima por los millonarios negocios públicos que los Kirchner le facilitaron a las empresas de Báez.
 
Cristina le tiene miedo a la rebelión de los jueces. Ella y el cada vez más pequeño círculo que la rodea tienen buenas razones para sentir miedo. Temen que prospere una interpretación legal que consiste en permitir la reapertura de los juicios en los que haya sido evidente que los fiscales y los jueces no realizaron lo mínimo e indispensable para obtener justicia.
 
Cada vez que aparece ese fantasma, de manera automática se menciona al sobreseimiento en tiempo récord de Néstor y Cristina que ejecutó el polémico juez Norberto Oyarbide en la Navidad del año 2010. Sobre ellos pesaba una denuncia por enriquecimiento ilícito.
 
El juez K decidió pasar por alto las inconsistencias que denunció un técnico de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, trató al contador de los sospechados como si fuera un perito de parte e interpretó un dictamen de los peritos de la Corte Suprema como evidencia absolutoria, cuando en realidad planteaba una serie de dudas sobre la inocencia de los acusados.
 
Los K calculan que si la medida prospera, la causa se podrá reabrir y Cristina Fernández será un caso testigo del intento de una jefa de Estado para presionar a la justicia y lograr impunidad total.
 
La Opinión Popular

23-11-2014 / 17:11
23-11-2014 / 11:11
 
Sergio Massa se reunió con el senador radical Luis Naidenoff para firmar un compromiso de trabajo conjunto, con puntos como el rechazo a reelecciones indefinidas en el feudo K.
 
"Cómo le podemos hablar de futuro a nuestros hijos si desde que nacieron hasta el día de hoy, sólo vieron a un mismo gobernante. Cómo les podemos hablar de democracia a nuestros hijos si no hay recambio. Vivimos en un país con 30 años de democracia, y sin embargo se creen los patrones de una estancia, cuando en realidad lo que tenemos que construir es la posibilidad de que la gente nos pueda escuchar a todos, y a partir de ahí, elegir", planteó Massa.
 
El acto debió hacerse en la calle porque el gobernador Gildo Insfrán, un verdadero patrón de estancia, impidió que se alquilaran hoteles de la capital formoseña. "Le agradezco a Luis el coraje, la firmeza, la no especulación para jugarse por su provincia porque los formoseños tienen un sueño: dejar de mirar el pasado y trabajar para construir una mejor Argentina del futuro", afirmó Massa.
 
Naidenoff habló "en nombre de la Unión Cívica Radical", para "agradecerle a Sergio Massa, quien expresa una marcada intención de cambio, su compromiso de jugársela, su presencia en Formosa es un compromiso muy potente".
 
"La extorsión y el apriete son el denominador común en nuestra provincia ya que hay comunidades en el interior que por no acompañar a los caciques que digita el gobierno, se les castiga y no se les entrega agua potable. Las libertades acá están restringidas, hay una fachada democrática porque conciben a la democracia como un simple acto electoral", destacó.
 
La Opinión Popular

23-11-2014 / 10:11
23-11-2014 / 10:11
 
En la reunión celebrada el lunes en San Fernando, los radicales resolvieron lo que le corresponde hacer a un partido democrático ubicado en el campo opositor.  Una de las decisiones que más molestó a los críticos fue la de respaldar una fórmula presidencial encabezada por la UCR.
 
¿Qué esperaban? ¿Tan alienados estamos en materia republicana que nos parece mal que un partido se reúna para proponer sus propios candidatos? ¿Lo correcto hubiera sido proponer un candidato de otro partido?
 
Si la pretensión no fuera patética, resultaría graciosa. ¿Un partido se moviliza, moviliza a sus dirigentes y a sus militantes para después resolver que van a apoyar a un candidato de otro partido? Los propios radicales admiten que a la vuelta del camino puede ser probable que apoyen a otros candidatos. Esto ocurrirá si pierden las Paso, por ejemplo. O si a las Paso se suma Macri.
 
Pero lo que no se le puede negar a un partido es el derecho básico de proponer sus propios candidatos. Es lo que hizo la UCR. Lo decidido no niega hacia el futuro acuerdos, entendimientos o la presencia de otros candidatos en las Paso. Pero un principio básico para toda institución política que merezca ese nombre, es defender propuestas y candidatos propios.
 
En política sólo una cosa es más grave que el sectarismo: la estupidez. Y estúpidos habrían sido los radicales si en la reunión hubieran decidido lo que pretendía Elisa Carrió, es decir, apoyar a Macri. Eso y declarar la inutilidad del partido es más o menos lo mismo.
 
Como reza un refranero popular: "Un partido no tiene derecho a regalarse". Y lo que los radicales hicieron fue protegerse de esa perniciosa tentación que incluye admitir por anticipado la inutilidad de los partidos políticos y, en este caso, del radicalismo.
 
Puede que Elisa Carrió tenga razón y la oposición deba unirse para impedir que se consagre el continuismo. Puede que el candidato con capacidades reales de ganarle al peronismo sea Macri. Todo esto y mucho más puede ser posible. Pero de allí no se infiere que la UCR decida un año antes poner toda su estructura al servicio de una candidatura externa.
 
Un partido puede admitir coaliciones y alianzas, pero no puede negarse, si efectivamente es un partido, a defender su identidad y sus propios candidatos. La declaración de la UCR no cierra puertas ni ventanas hacia el futuro. Pero no las abre más allá de lo que aconseja la prudencia. En primer lugar, ratifica la constitución de Unen; luego propone candidatos propios. ¿Qué otro aporte a la democracia se le puede exigir a un partido político?
 
Carrió está en su derecho de creer que el acuerdo con Macri debe hacerse ya. Pues bien, que lo haga. Lo que no puede pretender es que los otros partidos de Unen salgan corriendo detrás de su flamante propuesta. Y mucho menos proceder a acusar de las peores cosas a quienes no deciden someterse a su voluntad.
 
Lo que Carrió debería aprender es que la condición republicana exige tolerancia, respeto por el adversario, prudencia en el empleo de las palabras. Para intolerante, arbitraria y caprichosa ya está Cristina.

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