La Opinión Popular
                  06:37  |  Lunes 21 de Abril de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
La apuesta del consenso y la reconstrucción
Por Natalio Botana, Politólogo e Historiador
“La incidencia del mínimo no imponible sobre el salario de los trabajadores es cada vez mayor, reduciendo el salario real, e incluyendo a mayor cantidad de empleados y autónomos entre los alcanzados por el impuesto". Juan Schiaretti
Nacionales - 29-10-2013 / 07:10
LA DERROTA K INICIÓ UNA TRANSICIÓN ENMARCADA EN LA PÉRDIDA DE PODER

Incertidumbre política: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve?, ¿Quién gobierna al país?

Incertidumbre política: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve?, ¿Quién gobierna al país?
En el vacío generado objetivamente por un Gobierno que sufre la ausencia circunstancial de la Presidenta, hay dos preguntas centrales que circulan estos días en la política. Son interrogantes sencillos en su formulación, que contienen la razonable incertidumbre por el futuro inmediato y todavía no encuentran respuesta. Esas preguntas son: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve Cristina? Hay una tercera pregunta, más corrosiva y peligrosa, casi destituyente según la terminología impuesta por la fuerza política que hoy ve empalidecer su estrella. Esa pregunta es: ¿Vuelve Cristina?.
Tras las elecciones legislativas, donde la presidenta Cristina Fernández sufrió un durísimo revés, se instaló un pronunciado vacío de poder, producto de la ausencia de la primera mandataria motivada en cuestiones de salud y funcionarios K desorientados. Estamos en un escenario sumamente confuso, con un Gobierno en el que no sabe cómo ni quiénes son los que realmente toman las decisiones. Y la incertidumbre, en un contexto de crisis como el que estamos viviendo, no hace más que echarle nafta al fuego.
 
La incertidumbre ha disparado, en los últimos días, distintas versiones que hablan desde la posibilidad de que la Presidenta decida no retomar el cargo o que haya elecciones presidenciales anticipadas. Continuar con la acefalía, en momentos donde la situación económica es sumamente grave, profundizará aún más el conflicto social que ya de por si genera una inflación sin freno y una recesión que están empobreciendo a importantes sectores de la población.
 
Ante esta situación, es indispensable que la Presidenta, o en su defecto el circulo íntimo, esclarezcan a la población cuál es su verdadero estado de salud, que implicancia puede llegar a tener su proceso de recuperación de la cirugía y de los problemas cardíacos en el ejercicio de la conducción del Estado y qué políticas se van a instrumentar en lo inmediato para encarar este periodo de transición, que durará dos años.
 
Es indispensable que se digan las cosas tal cual son. La salud de la primera mandataria no puede ser considerada como un asunto privado, cuando en cualquier país medianamente serio es una cuestión de Estado y como tal debería manejarse con absoluta claridad y transparencia. En caso de que la Presidenta esté en condiciones físicas y emocionales de seguir al frente del máximo cargo, se debe poner punto final a este perverso juego, que han imaginado algunas mentes afiebradas de la Casa Rosada, de buscar beneficios políticos poniendo como excusa los problemas de salud. 
 
La derrota de CFK no sólo se dio a partir de los pobres resultados que ha obtenido su candidato Insaurralde en Buenos Aires, la principal provincia del país, sino también a partir de las duras caídas que tuvieron sus candidatos a lo largo y ancho del país, incluida Santa Cruz, el "pago chico" kirchnerista. La realidad es que las elecciones ya pasaron, el cristinismo cayó derrotado y su ciclo está cumplido. Ahora bien, el hecho de que este proceso político tenga fecha de vencimiento, no los excluye de la responsabilidad de garantizar la estabilidad institucional.
 
Resulta inadmisible que luego del contundente mensaje de la urnas, con un masivo voto castigo hacia en gobierno en prácticamente todas sus áreas, hasta el momento ni siquiera se haya dado ni una sola respuesta al reclamo del Pueblo. Si siete de cada diez ciudadanos le han dicho a Cristina en las urnas que están hartos de vivir en un país con una inflación por encima del 25%, con una presión fiscal agobiante que cae sobre las pymes y la clase media, y con una inseguridad fuera de control que todos los días se cobra la vida de inocentes, merecen ser escuchados y tener respuestas. Los tiempos se acortan y el cristinismo, más temprano que tarde, deberá dar la cara.
 
La Opinión Popular

EN FOCO
 
Cristina y las preguntas que más inquietan
 
La derrota electoral del Gobierno tiene, en sí misma, la elocuente contundencia de las cifras. Consagra la clausura de cualquier hipótesis de re-reelección presidencial. Y hasta pone bajo seria duda la perpetuación kirchnerista en el poder más allá de 2015.
 
El resultado de la elección también establece de modo automático un escenario de alta volatilidad política. Es difícil precisar en este momento cuánto del poder quedará donde estaba, cuánto se depositará en nuevas manos, cuánto entrará en afiebrada migración buscando poner a resguardo el capital político de sus titulares. La esperable fluidez de los reacomodamientos, sobre todo dentro del peronismo, es el espectáculo quizás impúdico que viene.
 
Pero mucho antes, ya mismo, aparecen otras cuestiones acuciantes.
 
En el vacío generado objetivamente por un Gobierno que sufre la ausencia circunstancial de la Presidenta, hay dos preguntas centrales que circulan estos días en la política. Son interrogantes sencillos en su formulación, que contienen la razonable incertidumbre por el futuro inmediato y todavía no encuentran respuesta. Esas preguntas son: ¿Cuándo vuelve Cristina?, ¿Cómo vuelve Cristina?
 
Hay una tercera pregunta, más corrosiva y peligrosa, casi destituyente según la terminología impuesta por la fuerza política que hoy ve empalidecer su estrella. Es la pregunta que se hacen sobre todo dirigentes importantes del oficialismo peronista, alejados del núcleo de las decisiones pero ansiosos por conservar su poder y temerosos ante la hipótesis de una lenta deriva descendente del Gobierno de aquí a 2015. Esa pregunta es: ¿Vuelve Cristina?
 
Conviene empezar por lo menos escalofriante y conspirativo. Y recordar que Máximo Kirchner dijo ayer en Río Gallegos que su madre "está mejor", pero que no podía adelantar la fecha de la vuelta al ejercicio de sus funciones.
 
"No soy médico, no sé cuando regresa", afirmó con prudencia y sensatez el hijo mayor de la Presidenta.
 
El tema del "cuándo vuelve" está en el aire. Un jefe territorial bonaerense, estratégico para la estructura kirchnerista, consultado sobre este punto sensible sostuvo que Cristina estará en condiciones de ejercer otra vez plenamente sus funciones recién "al final del verano".
 
Lo dijo sin ignorar que ese espacio de cuatro o cinco meses más sin Cristina al comando del día a día, una eternidad, puede ser demasiado para que el Gobierno lo atraviese sin daños mayúsculos.
 
Una muestra homeopática de lo que puede ser ese desmadre ya la ofreció el bochornoso espectáculo de la Casa Rosada tratando de mantener escondido a Amado Boudou en cuanto comenzó su interinato, para que su mala imagen contaminara lo menos posible al Gobierno y a sus candidatos.
 
En esa línea se agrega la exposición a la luz pública de las peleas internas en el poder que abarcan las áreas política y económica, con contendientes como Carlos Zannini, Juan Manuel Abal Medina, Florencio Randazzo, Axel Kicillof, Julio De Vido, Guillermo Moreno y Hernán Lorenzino, por nombrar sólo a los que tienen cargos más notorios.
 
Si Cristina debe, en resguardo de su salud, mantenerse y ser mantenida al margen de estas reyertas en las que solamente ella puede laudar, ¿quién tomará las decisiones de fondo en un sistema de poder que sólo responde a la voluntad única de su Jefa?
 
Y asoman a borbotones más preguntas.
 
¿Quién podrá armonizar el funcionamiento de un Gabinete en virtual parálisis, que fracasa por ineficacia y diagnósticos equivocados y para el que se presumen cambios inminentes?
 
¿Quién arbitrará las ambiciones de quienes buscarán posicionarse para la candidatura presidencial o, antes todavía, para un nuevo reparto de espacios en el Gobierno pensando en usarlos como trampolín para proyectarse hacia 2015?
 
Otro aspecto, que no es menor, sería la tensión creciente en el entorno presidencial entre quienes prefieren apurar un regreso pleno de Cristina para resolver la montaña de problemas acumulados, y quienes -en especial sus hijos- pujan para mantener alrededor de ella un virtual cordón sanitario que la ayude a cumplir las indicaciones de sus médicos.
 
Dentro de unos diez días se cumplirá el mes de reposo estricto ordenado a la Presidenta por el cuerpo médico que encabezan los doctores Facundo Manes y Gerardo Bozovich. Fuentes médicas y políticas aseguraron a Clarín que, en estas semanas, Cristina se comportó como una paciente en plena conciencia de su estado de salud y dispuesta a seguir sin dobleces las indicaciones de quienes la atienden. Su hijo Máximo y el influyente secretario legal Zannini fueron, más que ningún otro, quienes le fueron informando en dosis prudentes sobre los principales hechos y temas, transmitiendo al resto sus opiniones y decisiones.
 
Las mismas fuentes, incluso, destacan que la Presidenta no parece estar incómoda en esa obligada disminución temporaria de presiones y responsabilidades. Sostienen que es como si hubiese descubierto que hay otra vida posible, más allá de la que ofrece el tránsito permanente por el ojo del huracán del poder.
 
Su estado de salud, se ha dicho ya, no es de gravedad. Pero tiene perfiles delicados y necesita de cuidados muy específicos. El restablecimiento neurológico es satisfactorio, según se ha informado, aunque requeriría de precauciones al menos durante todo un año. El costado cardiológico, en cambio, presenta otros frentes a ser atendidos de modo más específico y prolongado en el tiempo.
 
Sus médicos, en el final del parte emitido tras sus chequeos de la semana pasada en la Fundación Favaloro, colocaron una frase sugestiva.
 
Hablaron de "evitar cualquier situación de estrés". Se referían a las prescripciones para este período de reposo. Pero no deja de resultar insólito que a un Presidente se le recomiende evitar algo que es inherente a la función que ocupa.
 
Un médico de sólido prestigio internacional, que conoce los pormenores de este caso, se asombraba por la osadía de sus colegas.
 
"Decirle a un presidente que evite el estrés -explicaba- es como decirle que en lo posible deje de trabajar de presidente".
 
Con las precauciones lógicas habría que agregar acá otro dato que se filtra también desde las cercanías de Olivos. Habría allí algunas voces, preocupadas por la salud de la Presidenta y también por cómo podrá tratar la historia al kirchnerismo, que estarían aconsejando evaluar cuidadosamente los condicionamientos que impondría la realidad política por venir.
 
Y que no serían otra cosa que administrar la derrota, corregir distorsiones de la economía con medidas quizás impopulares, conocer el lento camino de regreso al llano para quien lleva más de veinticinco años en el ejercicio y el disfrute del poder. Una mezcla ingrata ante la cual, opinan, habría que actuar en consecuencia y no someterse con manso fatalismo.
 
Todo suena alucinante, peligroso institucionalmente, por momentos increíble. Pero sucede hoy y aquí en la Argentina que, sin drama y sin miedo, acaba de reclamar un cambio votando masivamente contra el kirchnerismo.
 
Por Julio Blanck
 
Fuentes: Clarín y Diario Hoy

Agreganos como amigo a Facebook
20-04-2014 / 12:04
El Decreto Supremo Nº 1086, promulgado en 1983 durante la dictadura de Augusto Pinochet sentencia: "Artículo 2°.- Para las reuniones en plazas, calles y otros lugares de uso público regirán las siguientes disposiciones:

a) Los organizadores de toda reunión o manifestación pública deben dar aviso con dos días hábiles de anticipación, a lo menos, al Intendente o Gobernador respectivo. Las fuerzas de Orden y Seguridad Pública pueden impedir o disolver cualquier manifestación que no haya sido avisada dentro del plazo fijado y con los requisitos de la letra b.

 
b) El aviso indicado deberá ser por escrito y firmado por los organizadores de la reunión, con indicación de su domicilio, profesión y número de su cédula de identidad. Deberá expresar quiénes organizan dicha reunión, qué objeto tiene, dónde se iniciará, cuál será su recorrido, dónde se hará uso de la palabra, qué oradores lo harán y dónde se disolverá la manifestación".


El proyecto presentado por los diputados kirchneristas encabezados por Carlos Kunkel y Diana Conti dice:
Artículo 5.- MANIFESTACIÓN LEGÍTIMA. Se considera que una manifestación pública es legítima cuando reúne los siguientes elementos:
- Después de los incisos a, b, c y d, en el inciso "e" afirma: "Es notificada en los términos de la presente ley".
- Y en su Artículo 7.- SOBRE LA NOTIFICACIÓN. Toda manifestación pública debe ser notificada ante representación policial, con una antelación no menor de 48 horas. En esa notificación deberá indicarse:


a) El lugar en que se llevará a cabo
b) El tiempo estimado

c) El objeto de manifestación
d) El manifestante delegado

Si la manifestación no cumple con alguno de los requisitos del Artículo 5, entre ellos la notificación, se infiere lógicamente que es ILEGÍTIMA.

Con respecto a esto dice en su Artículo 10.- MANIFESTACIÓN ILEGÍTIMA. Una manifestación ilegítima y que afecta derechos de terceros puede ser dispersada por las fuerzas de seguridad con el objeto de garantizar esos derechos, pero siempre sometiéndose la actuación de éstas a los procedimientos y límites previstos en los capítulos I y III de esta ley.


Cualquier similitud ¿es pura casualidad?

20-04-2014 / 11:04
20-04-2014 / 09:04
El despectivo "bolsa de gatos" fue usado siempre por el peronismo para abaratar los intentos de ensamble de sus adversarios, desde la Unión Democrática para acá. En cambio, Juan Perón sorteó desde el verticalismo de su formación militar cualquier crítica de afuera en el mismo sentido y a las diferencias internas las bautizó "movimiento".

Es probable que la estrategia de criticar los matrimonios por conveniencia de los demás y llamar reacomodamientos internos a los líos de la propia estructura haya sido la responsable de dos conceptos que han corrido de boca en boca en la sociedad, los que se repiten como verdades reveladas a la hora de contar la historia y de plantearse el voto: "Los peronistas tienen vocación fanática por el poder" y son los "únicos que aseguran la gobernabilidad", se dice.

La picardía de la dialéctica también ayudó a fortalecer la alucinación colectiva. Aquel "los peronistas, como los gatos, cuando parece que nos peleamos, nos estamos reproduciendo" que popularizó Antonio Cafiero, va en la misma línea de promocionar al peronismo como algo imprescindible, reforzada en lo ideológico por el mismo Perón, a la hora de evaluar cómo perforó a los demás partidos la concepción estado-populista que predomina en la gente desde 1945: "Peronistas somos todos", supo describir el general.

A la larga, pareció tener razón porque todos los tanteos que se generaron en los últimos 70 años para sacar de órbita al peronismo, incluidas las diferentes incursiones del partido militar, fracasaron en toda la línea. El experimento de la Alianza ha sido, hasta ahora, el último escalón de varios hitos de rejuntes que siempre terminaron fortaleciéndolo.

Todas estas alusiones vienen a cuento porque en el remanso que el día a día de la economía le está dando a la política, aderezado desde la óptica del análisis por la entrega de las banderas económicas de la década que hizo el Gobierno para aflojar las turbulencias de principios de año, todas las fuerzas políticas comenzaron a buscar su lugar en el mundo aún antes del Mundial de Brasil, para orejear desde ahora mismo la sucesión de Cristina Fernández.

Ya se han visto en la calle débiles encuestas, nombres que se han echado a rodar para medir fortalezas y galanteos entre algunos de los partidos, aunque de momento todo es tan provisorio que nada debería ser tomado demasiado en cuenta con algún grado de seriedad.

En ese sentido, la corta semana de Pascuas fue prolífica en declaraciones y así Sergio Massa, Daniel Scioli, Mauricio Macri y Jorge Capitanich, en defensa de La Cámpora, coincidieron en mostrarse como abanderados del tiempo por venir, argumento mucho más difícil de sostener para los hombres del oficialismo
.
Ante los graves y múltiples problemas que padece la sociedad (inflación, empleo, inseguridad, narcotráfico y hasta los piquetes que acaba de descubrir el Gobierno a la hora de propiciar una ley que los regule, aunque deba tragarse los sapos de una década de vigencia) suena hasta de mal gusto tamaño adelanto en meses, pero como es casi unánime la búsqueda de posicionamiento, quizás por eso hasta ahora nadie lo reprocha demasiado.

20-04-2014 / 09:04
El debate sobre la reglamentación de las protestas en la vía pública parece ser otra cuestión que, como tantas, han saltado a la actualidad para convertirse en un circunstancial "comodín" que sirve al Gobierno como estrategia de distracción. Eso no significa que la discusión no sea necesaria ni que se trate de un tema menor para la convivencia democrática, todo lo contrario.

Tan importante es este debate que debió hacerse mucho antes, cuando surgieron las primeras voces de la sociedad reclamando circular libremente por calles y rutas en ejercicio de sus legítimos derechos. Para el kirchnerismo no era entonces necesario porque justamente ese tipo de manifestaciones representaba una herramienta funcional a su acción política.


Como ejemplo basta recordar que hasta el propio ex presidente Néstor Kirchner, desde una demagógica tribuna, alentó a los habitantes de Gualeguaychú a cortar el puente internacional con Uruguay por la instalación de la pastera en Fray Bentos.


Eran tiempos en los que todavía el oficialismo se sentía el dueño de las calles, a las que copaba con manifestantes que no protestaban por nada sino que concurrían para producir hechos políticos y, de paso, devolver los favores de un subsidio o un plan social.


Ya no sucede lo mismo y no es porque se hayan acabado los subsidios ni los planes sociales y mucho menos los sectores necesitados.


Para hacerlo breve: la calle ya no es de los partidarios del oficialismo. El Gobierno, después de casi once años de gestión, tiene serias dificultades para equiparar lo que dice con lo que hace, lo que se traduce a la vez en un creciente descontento hacia el interior de sus filas. El riesgo ahora es que los mismos sectores que salían a apoyar, comiencen a salir para reclamarles a los que eran sus jefes.


El giro que produce ahora la conducción del kirchnerismo, como tantos otros en diferentes terrenos, obedece al instinto de supervivencia política.


El objetivo es llegar sin desbordes graves al final del mandato de Cristina Fernández y ella cree que debe intentar una reconciliación con sectores de clase media, allí donde hay un particular rechazo a los cortes y piquetes. Pero también es una manera de adelantarse a los hechos que pronostican no sólo los informes de Inteligencia que se leen en la Casa Rosada sino también el sentido común. 

20-04-2014 / 08:04
La cadena de la felicidad que hizo ricos a varios funcionarios del Gobierno parece haberse roto para algunos de ellos. Lo que comenzó por Ricardo Jaime y siguió con Amado Boudou llegó ahora a las puertas del despacho del subsecretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Liuzzi, circunstancia que complica judicialmente a él y políticamente a su superior, Carlos Zannini, hombre clave dentro del cerrado esquema de poder que armó el kirchnerismo.

Cuando el juez federal Norberto Oyarbide decidió hacer público el episodio de la suspensión del allanamiento en la financiera Propyme como consecuencia de un llamado que recibió de Liuzzi, abrió una caja de Pandora que preocupó a la mismísima Presidenta.


Por eso, ella misma se encargó de dar la orden de proteger al juez, un impresentable al que el juicio político, del que el peronismo lo salvó el 11 de septiembre de 2001, debió haber eyectado de su sillón de los tribunales de Comodoro Py. Cristina Fernández de Kirchner, que le debe al juez el favor del súbito y sospechoso sobreseimiento de su causa por supuesto enriquecimiento ilícito, sabe que si Oyarbide habla, puede haber problemas.


El fiscal federal Carlos Rívolo, que investigó a Jaime, fue muy claro: "No es fácil investigar al poder". No se quedó en esa definición cuasi genérica. Avanzó y se explayó acerca de las presiones recibidas por él y por otros colegas suyos que con valentía luchan por cumplir con su trabajo en forma honesta. Como otro ejemplo ilustrativo de esta circunstancia está el caso del fiscal José María Campagnoli.


Lo que hace más inquietante esta realidad es que la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, la jefa de los fiscales, en vez de defender a aquellos que actúan con independencia, los presiona.


Esto va en línea con la concepción de la organización Justicia Legítima, para la cual la Justicia debería ser un apéndice más del poder político de turno, precepto que, de concretarse, acabaría con la división de poderes que consagra la Constitución Nacional, lo que en los hechos significaría la anulación de cualquier posibilidad cierta de controlar los actos del gobierno -de éste y de cualquiera- y de investigar a los funcionarios corruptos.

NicoSal Web Design

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar