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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Nacionales - 27-06-2013 / 10:06
PARADOJA KIRCHNERISTA

Los productores rurales hoy financian a quienes compran autos importados

Los productores rurales hoy financian a quienes compran autos importados
Unos festejan, otros se quejan. Están los que dicen que el actual valor del dólar oficial les viene al pelo, y también quienes se sienten víctimas del atraso cambiario. Así se presenta la Argentina de hoy, con "ganadores y perdedores", según el precio del billete verde al que logran acceder.
Carlos es un chacarero de toda la vida. Como hijo y nieto de productores rurales, está acostumbrado a mirar al cielo cada mañana, rogando por un clima benigno que beneficie a su cosecha de soja. Vive en la localidad bonaerense de Coronel Suárez, a 550 kilómetros de Capital, donde todos los años cultiva el mismo campo de 100 hectáreas que alquila.
 
Gustavo es un economista, especializado en finanzas. Desde hace cuatro años, este profesional de clase media alta trabaja en un banco de primera línea, donde se desempeña como director de banca individual. Cada mañana, camino a su oficina, en plena city porteña, siempre se detiene en una gran vidriera, donde se exhibe un atractivo BMW Serie 1. Está pensando en cambiar el auto y está convencido de que este es el momento ideal para hacerlo.
 
A estas dos personas, varias son las cosas que las separan: el lugar donde viven, el tipo de trabajo que realizan diariamente y sus aspiraciones.
 
Pero en este juego de las diferencias, hay un punto fundamental: mientras que el primero se queja por el tipo de cambio actual y lo que recibe por cada tonelada de soja que vende en el mercado interno, el segundo festeja porque la cotización fijada por el Banco Central le permite acceder a un bien dolarizado, a un valor muy por debajo del blue, y encima en cómodas cuotas.
 
El malestar de uno frente a la satisfacción del otro está relacionado por un factor en común: el atraso cambiario, es decir, la política oficial que primó durante los últimos años y que se caracterizó por hacer correr el tipo de cambio oficial a un ritmo menor que la inflación.
 
Y este atraso es el que, en definitiva, está generando una suerte de "subsidio" que premia a quienes acceden a bienes dolarizados y cuya conversión se realiza al cambio oficial -como los autos- a la vez que castiga a quienes venden un producto valuado en billetes verdes pero, a cambio, están obligados a recibir pesos, como los sojeros que, además, suman otro punto en contra: deben resignar un 35% de sus ingresos para el pago de retenciones.
 
En definitiva, la actual política cambiaria lleva a que, por un lado, el Gobierno "premie" a quienes aspiran a subirse a un auto importado, pero al costo de perjudicar al campo con un valor del dólar retrasado a lo que se suma una fuerte presión tributaria.

El "precio" del subsidio
 
Estas diferentes realidades que atraviesan consumidores por un lado y productores sojeros por otro, marcan el puso del debate sobre cuál debería ser el tipo de cambio de "equilibrio", es decir, aquél que permita recuperar parte de la competitividad perdida y elimine algunas de las distorsiones actuales de la economía.
 
Al respecto, desde consultoras como el Estudio Bein, así como también desde algunas entidades rurales, pregonan que, hoy por hoy, ese nivel estaría en los $6,50 por billete verde, es decir, una cotización un 21% por encima del nivel actual.
 
Así las cosas, cuando Gustavo finalmente se dé el gusto de subirse a su BMW Serie 1, cuyo valor promedio en dólares es de u$s50.000, hoy estará pagando el equivalente a $267.000.
 
Pero, si el tipo de cambio hoy estuviese en ese "nivel de equilibrio" que señalan numerosos expertos, este profesional que trabaja en la city porteña debería desembolsar en realidad unos $325.000 por ese mismo 0Km de alta gama.
 
Esto implica que, el hecho de tener un dólar retrasado está generando una suerte de "subsidio" de $58.000 por cada unidad de estas características que se comercializa en la Argentina (resultado de la diferencia entre $325.000 y $267.000).
 
Lo interesante es que este atraso cambiario que favorece a toda persona que quiera darse el "gustito" de subirse a un auto premium como este, supera a la ganancia neta que logra Carlos trabajando cada año su campo de 100 hectáreas.
 
Hilando más fino, este sojero de Coronel Suárez -al igual que los más de 30.000 productores que en la Argentina cultivan esa misma superficie-, de la mano de un rendimiento de 2,9 toneladas por hectárea, está cobrando en mano, tras pago de retenciones e impuestos a las Ganancias, unos $50.000 por vender su cosecha.
 
Es decir, los $58.000 que evitó sacar de su bolsillo Gustavo para comprar su 0Km, beneficiado por el actual valor del dólar, viene a ser incluso un 16% más que la ganancia neta que obtiene un productor como Carlos que alquila 100 hectáreas para cultivar soja.
 
Lo interesante es que en la Argentina hay muchos "Gustavos" queriéndose dar el gustito de subirse a un 0Km de alta gama: según datos de ACARA, la entidad que nuclea a concesionarios de todo el país, durante los cinco primeros meses se patentaron 732 unidades del Serie 1 y 490 unidades del Serie 3, las líneas más comercializadas de la casa alemana.
 
Tomando un valor promedio de u$s50.000 para el Serie 1 y de u$s70.000 para el Serie 3, esto arroja que, entre enero y marzo, los más de 1.200 compradores gastaron el equivalente a $373 millones.
 
Pero, si el tipo de cambio actual fuese de $6,50, tal como pregonan algunas consultoras como el nivel que permitiría minimizar algunas distorsiones, esas ventas hubiesen representado $455 millones.
 
Esto arroja una diferencia de $82 millones. En definitiva, un "subsidio" con el que se premió a todos los "Gustavos" que adquirieron cualquiera de estos dos modelos entre enero y mayo.
 
El punto central es que estos $82 millones que evitaron sacar del bolsillo esos apenas 1.200 compradores equivalen a la ganancia neta de 1.640 productores que hoy rentan un campo de 100 hectáreas para cultivar soja cada año.
 
Por otra parte, dichos $82 millones de "ahorro" representan lo que a su vez están dejando de percibir 6.200 pequeños chacareros que trabajan la misma superficie (100 hectáreas cada uno) por tener que vender su cosecha al tipo de cambio actual y no a esa otra cotización que analistas llaman "equilibrio".
 
En efecto: tal como se mencionó anteriormente, las toneladas de "yuyito" logradas con 100 hectáreas, tienen un valor de $50.000 tomando el actual dólar BCRA. En cambio, si se fuese a ese valor "más realista" para la divisa estadounidense ($6,50), los ingresos de estos productores ascenderían a $63.250 por cada uno.
 
Ese gap de $13.250 -que no reciben del Estado en su afán de sostener el dólar en los niveles actuales-, multiplicado por 6.200 ruralistas, equivale a los $82 millones de "subsidio" que recibieron las 1.200 personas que se subieron a un BMW Serie 1 o Serie 3 en lo que va del año.
 
 
Soja versus Miami
 
Este beneficio que reciben todos aquellos que compran autos importados queda más que evidenciado en la práctica por el boom que experimenta este sector. Pero estos particulares no son los únicos agraciados.
 
También se viene dando un firme y sostenido crecimiento en el número de personas que viajan al exterior.
 
Si bien en marzo último el Gobierno aplicó un recargo del 20% a la actividad turística, encareciendo el tipo de cambio, los argentinos continúan sintiéndose "tentados" de subirse un avión y cruzar la frontera, dado que la comparación del llamado "dólar turista" la realizan no ya pensando en cuán por encima se encuentra por sobre el tipo de cambio oficial, sino en relación a lo barato que está con respecto al "blue".
 
El punto clave es que el Ejecutivo subsidia de manera directa una parte de ese "boom": considerando que este año Aerolíneas tendrá un rojo a cubrir por el Estado de $3.300 millones, y que el 70% de las pérdidas corresponden a vuelos a Miami, Europa, México y otros destinos internacionales, esto implica que el Gobierno deberá poner unos $2.300 millones para permitir que turistas  salgan al exterior.
 
Este aporte "estatal" para que argentinos hagan shopping por Miami o disfruten de las hermosas vistas de Europa, equivale a la ganancia neta que cada año generan 46.000 campos de 100 hectáreas cultivadas con soja.
 
Puesto en cifras, esto representa cerca de un 25% de la superficie que cada año se siembra en la Argentina de esta oleaginosa.
 
Sin embargo, esta es apenas una cara de la moneda: el hecho de que los argentinos perciban que cada vez resulta más barato hacer turismo en el exterior -producto de salarios que hasta 2012 ajustaron por encima de la devaluación-, ha llevado a que los intentos oficiales por desalentar este "éxodo" hayan tenido pobres resultados.
 
Así las cosas, se estima que este año, de no mediar ningún nuevo recargo, el turismo fronteras afuera "succionará" de la economía unos u$s10.000 millones, una cifra preocupante en momentos en que el Banco Central, mes a mes, viene perdiendo reservas.
 
Puesto en números, esto representa cerca de un 40% más que los u$s7.000 millones que recaudaría este año el Gobierno en concepto de retenciones a la soja, según estimaciones de la consultora Agritrend.
 
De alguna manera, así como los sojeros se perjudican por el tipo de cambio, una buena cantidad de turistas argentinos se benefician.
 
"La soja le está sirviendo al Gobierno para cubrir la demanda de dólares por turismo, energía y otras actividades", aseguró a iProfesional Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural, quien además se quejó del doble problema que afecta a los productores: "Están recibiendo muy poco por cada tonelada de soja vendida y, encima, soportan una gran presión fiscal".
 
 
Más para autos y viajes, menos para la soja
 
Para comprobar cómo en la Argentina, tras años de atraso cambiario, con el tiempo se fue beneficiando más a quienes adquieren autos importados o contratan viajes al exterior, que a quienes plantan soja, basta echar una mirada a los precios relativos, en este caso, al nivel de acceso a bienes y servicios en relación al salario.
 
En este sentido, allá por 2010, el modelo entrada de gama del Serie 1 de BMW de 5 puertas costaba el equivalente a $143.100 (u$s36.900 a un tipo de cambio de $3,88).
En ese entonces, el salario promedio de la Argentina era de $3.600, de modo que se necesitaban casi 40 ingresos para poder subirse a este vehículo.
 
En la actualidad, en cambio, una versión similar cotiza a $247.700 (u$s46.300).
Y dado que el salario promedio bordea los $7.600 netos (considerando las últimas alzas), ahora es necesario contar con 32 ingresos para salir de una concesionaria con este auto. Es decir, 8 meses menos de trabajo.
 
Como contrapartida, el negocio de la soja fue eclipsándose a medida que se profundizó el atraso cambiario y el Gobierno incrementara la presión tributaria.
 
El efecto combinado de estas dos variables -sumado a las consecuencias negativas del blue-, generó que prácticamente quedaran neutralizados los beneficios de los precios internacionales.
 
Según un informe del IERAL, en el año 2001, un camión cargado con 28 toneladas de soja equivalían a 16,3 metros cuadrados construidos.
 
Sin embargo, en la actualidad, pese a que el "yuyito" vale tres veces más que en ese entonces, con este mismo volumen hoy es posible construir 12 metros cuadrados, es decir, casi 27% menos.
 
En una línea similar, si la comparación se realiza con bienes de consumo, un cargamento sojero que en 2001 permitía comprar 12 canastas básicas, en la actualidad posibilita acceder a 14 de ellas, es decir, apenas 17% más que en ese entonces, aun cuando el precio se la soja se haya multiplicado por tres.
 
Desde la consultora aseguraron que, además de la pérdida de rentabilidad por la mayor presión inflacionaria, un factor determinante es que los productores tienen a un "socio" que cada vez participa con un porcentaje mayor de sus ingresos: el Estado. Que, valga la aclaración, es ese mismo que "premia" a los "Gustavos" y castiga a los "Carlos".
 
Por Juan Diego Wasilevsky
 
Fuente: iProfesional

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21-08-2017 / 09:08
21-08-2017 / 09:08
"La Argentina necesita del primer motor de la economía, el campo", dijo ni bien asumió el poder Mauricio Macri, graficando hacia qué sector productivo iban a ir dirigidas sus políticas. Y una de sus primeras acciones fue quitar las retenciones que existían sobre el trigo, el maíz, el sorgo, la pesca y la carne. Pero la creciente primarización de la economía nacional tuvo un efecto contraproducente sobre la industria, que vio mermar su producción mes a mes. Eso llevó a que en el primer semestre de este año veinte pymes por día hayan bajado sus persianas, con una pérdida masiva de empleo que no se ha podido revertir.
 
Tomando los datos oficiales de cada sector, se puede advertir que en los últimos 20 meses por cada nuevo empleo generado en la agroindustria se destruyeron tres en la construcción, siete en el rubro servicios (transporte, comercios, financieras, entre otros), y más de quince en el ramo fabril.
 
Esto ha llevado a que, a pesar de que durante el gobierno de Macri los agroexportadores tuvieron ganancias superiores a los 22.000 millones de dólares, se hayan creado nada más que 3.800 nuevos empleos en forma directa, a la vez que en la industria se perdieron más de 58.000 puestos de trabajo, 28.000 en el rubro servicios y 12.000 en el sector de la construcción.
 
A pesar del relato del Gobierno nacional, el campo no se ha convertido en el motor de la economía argentina, porque el crecimiento económico tiene que venir por el lado de la industria, debiendo las autoridades centrar su accionar en otorgarle a la producción industrial mayores beneficios para crear y generar mayor trabajo en el país.
 
Hoy, en nuestro país, 100 empresas concentran el 75% del total de las exportaciones de la producción nacional. Del total de ventas al extranjero, el 50% se da en granos, oleaginosas y derivados, y de la exportación rural el 70% está hecho por las multinacionales del sector, relegando a los pequeños y medianos productores rurales.
 
Esto puede observarse también en el crecimiento que han tenido desde diciembre de 2015 las exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), perjudicando la producción de los chacareros más chicos. En lo que tiene que ver con las ventas de productos primarios de menor valor agregado, como son los casos de cereales, semillas y hortalizas, crecieron un 60%, cayendo a su vez más de un 30% los negocios de los aceites, productos de molinería y preparaciones a base de cereales, que son los que tienen como máximos representantes a los productores más pequeños.
 
La situación se evidencia en que, el denominado Índice de Producción Industrial (IPI), se derrumbara un 3,4%, cayendo fuertemente en el centro del país, área productiva por excelencia. Además, al caer el empleo en la industria, los argentinos comenzaron a diversificar sus actividades. De este modo, el 60% de los trabajos creados en este lapso de tiempo fueron como cuentapropistas, que son aquellas personas que viven de su trabajo o negocio particular.

20-08-2017 / 19:08
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