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Nacionales - 05-08-2012 / 08:08
¿ARGENTINA: UN PAÍS DE MARAVILLAS?

En el Gobierno K, la procesión va por dentro

En el Gobierno K, la procesión va por dentro
De a poco, crece una rebelión incipiente de gobernadores e intendentes. Buscan terminar con la política del palo y la zanahoria con la que han sido tratados desde 2003 hasta la fecha, pero en grado especial en los últimos cuatro años y medio. De la Sota, Scioli y Macri son apenas la cabeza del iceberg de un témpano mucho más grande que no tardará en emerger.
Mientras la Presidenta y su claque de adulones y aplaudidores se aferran a la pintura de un país de maravillas, hay funcionarios, intendentes, gobernadores, que de a poco se animan a decir en charlas privadas lo que no cuentan en público. Y no ahorran críticas y ceños fruncidos a la hora de analizar la situación del gobierno y del país.
 
La actitud autista y soberbia del Gobierno K de hacerle creer a la gente que no vivimos en Argentina sino en Suiza, y que concibe como enemigos a todos los que así no lo interpreten, ha provocado un revulsivo en no pocos jefes comunales, caciques territoriales y mandatarios provinciales, que parecen decididos a dar por finalizado el alineamiento bobo hacia la Casa Rosada para generar algún tipo de resistencia.
 
Lo que no entienden es cómo, si todo está tan maravilloso, cada vez hay más problemas con las restricciones a las importaciones y exportaciones; cómo en el último semestre se han perdido más de trescientos mil puestos de trabajo, según cifras del propio gobierno. Además de la inseguridad, la inflación que corroe salarios, o el aumento sostenido de los niveles de pobreza o indigencia.
 
De a poco, crece una rebelión incipiente de gobernadores e intendentes. Buscan terminar con la política del palo y la zanahoria con la que han sido tratados desde 2003 hasta la fecha, pero en grado especial en los últimos cuatro años y medio. De la Sota, Scioli y Macri son apenas la cabeza del iceberg de un témpano mucho más grande que no tardará en emerger.
 
Mientras los problemas florecen y la economía persiste en mostrar signos de deterioro, en el Gobierno K buscan plantar en la escena la única lucha que en verdad les importa, que es conseguir la reelección indefinida de Cristina.

La procesión va por dentro
    
 
Al menos tres escenarios se han consolidado en la política de los últimos días.
 
La presidenta y su claque de adulones y aplaudidores se aferran a la pintura de un país de maravillas, a una épica de entrecasa que habla de cifras y más cifras que les quedan a considerable distancia a los ciudadanos de a pie, que ven cómo a cada paso se agravan la inseguridad, el costo de vida y la pérdida de empleos.
 
Al mismo tiempo hay funcionarios, intendentes, gobernadores, que de a poco se animan a decir en charlas privadas, o en encuentros entre ellos mismos a resguardo de los espías oficiales, lo que no cuentan en público. Y no ahorran críticas y ceños fruncidos a la hora de analizar la situación del gobierno y del país.
 
En tercer lugar, aquella actitud autista y soberbia del gobierno de hacerle creer a la gente que no vivimos en Argentina sino en Suiza, y que concibe como enemigos a todos los que así no lo interpreten, ha provocado un revulsivo en no pocos jefes comunales, caciques territoriales y mandatarios provinciales, que parecen decididos a dar por finalizado el alineamiento bobo hacia la Casa Rosada para generar algún tipo de resistencia.
 
En primerísimo caso, para terminar con la política del palo y la zanahoria con la que han sido tratados desde 2003 hasta la fecha, pero en grado especial en los últimos cuatro años y medio.
 
Puede decirse también que, en medio de ese panorama, la oposición sigue sin levantar cabeza y apenas si sus dirigentes han comenzado a reaccionar, como lo han hecho algunos radicales y Elisa Carrió, por el escándalo de la salida de presos notorios de cárceles federales para acudir a actos políticos K, aunque en este caso en particular y en general corren siempre detrás de los acontecimientos.
 
Desde las cercanías de Ricardo Alfonsín, por ejemplo, recomiendan abandonar ahora mismo la siesta y salir a dar pelea contra el intento de perpetuación de Cristina Fernández mediante una reforma constitucional que le otorgue la reelección indefinida, como ocurrió en Santa Cruz con Néstor Kirchner y como sería ahora la nueva apuesta del cristinismo más recalcitrante.
 
"Tenemos que frenarlo ahora y no cuando nos desayunemos con un proyecto en el Congreso", dicen en el alfonsinismo. Puede resultar tan loable como improductivo ese pensamiento: hoy, y tal como están las cosas, el oficialismo está a años luz de conseguir la fuerza parlamentaria que necesitaría para manotear la Carta Magna.
 
A menos que lo intenten por alguna peligrosa vía de excepción que nada tiene que ver con la democracia, como se rumorea en mentideros del periodismo y la política en los últimos días.
 
Conviene desbrozar aquel primer escenario en el que Cristina disfruta de atosigar oídos propios y ajenos con su discurso idílico. Ella, y en especial un recuperado para la primera línea como Hernán Lorenzino desde pomposas notas que hizo publicar en la agencia oficial de noticias, pretendieron darle un tono de reparación histórica al pago de los bonos del corralito.
 
Y la presidenta atiborró de cifras su discurso en la Bolsa de Comercio, la mayoría como se dice inentendibles para el ciudadano común.
 
Lo que no se entiende, salvo por la comprobación del sostenido desgaste que viene sufriendo el famoso "relato", es cómo, si todo está tan maravilloso, cada vez hay más problemas con las restricciones a las importaciones y exportaciones; cómo, si mientras tanto anuncian envalentonados que el cepo al mercado de cambios llegó para quedarse; cómo, si cada vez restringen más mediante el impedimento para comprar divisas extranjeras la libertad de los habitantes de viajar al exterior; cómo, en definitiva, si mientras tanto en el último semestre se han perdido más de trescientos mil puestos de trabajo, según cifras del propio gobierno.
 
Por la misma banda, esa cerrazón en el discurso presidencial hace que se ignoren temas tan candentes y cotidianos como el aumento de los niveles de inseguridad, que para una ministra pintada como Nilda Garré "son menores que la sensación de inseguridad", como el de la inflación que corroe salarios, o el aumento sostenido de los niveles de pobreza o indigencia.
 
Pese al discurso épico, a esa parafernalia de supuestas buenas noticias, han sonado algunas alarmas en el interior del oficialismo. "Esto no se sostiene", se ha escuchado de boca de un hombre, aunque no es el único, que dice una cosa en público pero que desgrana sus preocupaciones en charlas reservadas.
 
Acaba de pasar, para conocer apenas un botón de muestra, con el problema de la recolección de residuos en Quilmes, donde Pablo Moyano tuvo en vilo durante unas horas a ese municipio y hasta amenazó con un paro nacional de camioneros si el intendente local rompía el contrato con la empresa Covelia, esa con la que Hugo Moyano insiste en que no tiene nada que ver.
 
"Esa es una pelea entre Cristina y Hugo y nos tienen a nosotros de rehenes en el medio", se quejó un jefe comunal que a la luz del día se proclama kirchnerista de la primera hora.
 
Lo explica en reserva el hombre: hay numerosos municipios donde el ingreso por la concesión de la recolección de basura significa el 70 por ciento de sus presupuestos puros, sin contar los aportes nacionales o provinciales para obras. Con esa plata, muchas veces pagan sueldos. "Y Cristina para pelearse con Moyano pretende que la recolección la hagan los municipios con su propio personal, es una barbaridad", insiste.
 
Para ese y otros caciques bonaerenses, el conflicto le sirve a la presidenta para tratar de tumbar a Moyano allí donde tenga una oportunidad, y el de la basura lo es. Y al líder cegetista le viene bien para victimizarse por la persecución y reforzar su idea de erigirse en el primer opositor al gobierno, con proyecciones políticas a futuro incluidas. "Nosotros quedamos en el medio y encima nos obligan a perder plata", completa la queja el intendente.
 
También han sonado alarmas en despachos ministeriales. Y por dos razones. En primer lugar, dicen sus ocupantes que el espacio "está frito" si el plan B a una eventual imposibilidad de Cristina de conseguir la re-re es la candidatura presidencial de Juan Manuel Abal Medina, como increíblemente, frente a tanto problema irresuelto, se ha hablado esta semana en la Casa Rosada y en otros edificios del poder.
 
Luego, porque la última encuesta que les llegó, de Management & Fit, muestra por primera vez un retroceso histórico en el nivel de aceptación de la gestión gubernamental, un escenario de deterioro que ya había plasmado hace un par de semanas otro trabajo de la Universidad Di Tella.
 
En el caso de la consultora, el 43 por ciento de los consultados aprueba la gestión o reconoce que se hacen esfuerzos para mejorarla; pero el 53 por ciento, casi el mismo porcentaje de votos que obtuvo la presidenta en octubre pasado, desaprueba al gobierno en su conjunto, cuando han pasado apenas siete meses de su asunción.
 
Tal vez a esas luces amarillas obedecería la estrategia de salir a difundir en algunos medios la posible salida del gobierno de Guillermo Moreno. Tal vez el despido del inefable secretario de Comercio Interior no ocurra en lo inmediato. En especial porque la presidenta, dicen en el gabinete con el manual de procedimientos políticos en la mano, no lo va a echar ahora mismo cuando el que publica su desplazamiento es el tan odiado multimedios. "No va a entregar su cabeza justo a Clarín", se escuchó decir.
 
Pero Moreno, al que en el pasado reciente se le aprobaron todas sus iniciativas, y sus golpes y exabruptos, podría ser uno de los patos de la boda si Cristina lo necesita para mostrar algún maquillaje.
 
Es cierto que "Patota" no dejó estropicio por hacer, y hasta cometió aquel pecado, que hasta podría ser una de las causas de su eyección de cargo, de haberle asegurado a su jefa que el problema del dólar negro era un negocio de unos pocos avivados del mercado cambiario.
 
En verdad hay algo más que, para variar, el gobierno prefiere barrer bajo la alfombra. La que acaba de quejarse de los métodos de Moreno es nada menos que Dilma Rousseff. La mandataria ha tratado a los argentinos y a su gobierno en los últimos tiempos con la misma paciencia franciscana con que lo hace José "Pepe" Mujica.
 
Pero la gota que rebalsó el vaso fue la queja que recibió en persona de sus colaboradores, en especial del ministro de Industrial Fernando Pimentel. "Podemos discutir y hasta disentir, pero pido respeto para mis colaboradores", le dijo Dilma a Cristina durante la reunión a solas que mantuvieron en Brasilia.
 
Cristina se aferra a Axel Kicillof como a una tabla de salvación, pese a esos reparos internos dichos a media voz. El viceministro es el que quiere la cabeza de Moreno, y también la de su segunda, Beatriz Paglieri, para controlar todo el comercio interior y exterior. Y acaba de provocar la segunda amenaza de renuncia en pocos días del CEO de YPF, Miguel Gallucio.
 
La impresión de que ella sólo escucha a su joven colaborador, y que esa cerrazón no se sostiene en el tiempo, ha ido ganando algunos adeptos entre aquellos funcionarios preocupados por lo que se observa.
 
Se estaría afianzando la idea de que, mientras los problemas florezcan, y la economía persista en mostrar signos de deterioro, en poco tiempo más deberán plantar en la escena la única lucha que en verdad les importa, que es conseguir la reelección indefinida de Cristina. Sin ninguna inocencia lo dijo esta semana Gabriel Mariotto.
 
El gobernador de Mendoza, Francisco Pérez, hizo su aporte al proponer su propia reforma para conseguir la reelección. El cristinismo duro pide instalar el tema ahora mismo a nivel nacional.
 
A la par, les crece una rebelión incipiente de gobernadores e intendentes que buscan romper la dependencia económica bajo lógica amigo-enemigo que les impusieron hasta ahora. De la Sota, Scioli y Macri son apenas la cabeza del iceberg de un témpano mucho más grande que no tardará en emerger.
 
Fuente: lanueva.com

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22-05-2013 / 12:05
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Nuevamente, la presidenta Cristina Fernández estuvo en La Plata, la ciudad que la vio crecer y donde estudió y se casó. La excusa fue encabezar un acto para inaugurar una biblioteca en el Colegio Nacional, cuyas autoridades están tirando por la borda el prestigio académico de este establecimiento educativo -que supo albergar en sus aulas a figuras ilustres como René Favaloro y Ernesto Sábato- para congraciarse con los intereses políticos del gobierno K.
 
La reina CFK fue recibida por sus súbditos de La Cámpora, en una suerte de banquete real del subdesarrollo. No escatimaron en gastos. Según se pudo saber, el acto le costó al Estado la friolera suma de $550 mil. Esto es lo que habría salido el show, que consistió en la instalación de dos mega tribunas con capacidad para 300 personas cada una.
 
A eso se le sumó un escenario gigante, luces como para un espectáculo musical y dos pantallas de amplias dimensiones a cada lado del escenario. También se ubicaron cuatro modernas cámaras para filmar el evento, entre ellas una que tenía un brazo mecánico -como si se tratara de un set de filmación de una película- que circulaba sobre las cabezas de los aplaudidores que estaban sentados en las primeras filas.
 
El otro motivo de la presencia de CFK fue darle un subsidio al Hospital Español, una clínica privada de La Plata, en momentos en que los hospitales públicos de nuestra ciudad se están cayendo a pedazos. Para colmo, es un subsidio para una institución sospechada de haber ocultado las causas reales del fallecimiento de al menos una persona.
 
Para cerrar el acto Cristina eligió una reflexión absolutamente desafortunada, sobre todo para esta ciudad. Aseguró: "Miedo era lo que teníamos nosotros en 1976. Ese miedo que tenés en la boca del estómago y que no te deja pensar. Era el miedo a desaparecer. Hoy, afortunadamente, nadie puede desaparecer de ningún lado".
 
La frase desconoce que hace siete años que Jorge Julio López, ciudadano y militante platense, permanece desaparecido tras haber declarado en el juicio al represor Miguel Etchecolatz. A su vez, desconoce que en los últimos diez años se acumulan 78 desapariciones vinculadas al accionar del aparato policial e institucional estatal.

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