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“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.” Simón Bolívar
Nacionales - 07-07-2012 / 10:07
Podés gobernar con el rebenque y la chequera, pero cuando la chequera se te acaba con el rebenque ya no asustás a nadie

Rebenque y chequera para los gobernadores, que ya resoplan bajo la presión

Rebenque y chequera para los gobernadores, que ya resoplan bajo la presión
Gobernadores. Fellner, Gioja, Urribarri y Scioli, el 1° de marzo en el Congreso. El castigo con pretensión ejemplarizadora que le están aplicando a Scioli tiene, por extensión, el efecto de mostrar a todos los gobernadores qué destino espera a los que se animen a sacar los pies del plato.
Hay señales de descontento en los gobernadores, jefes territoriales a los que el poder de los Kirchner no logró eliminar ni sustituir, aunque los disciplinó bajo el efecto amedrentador del rebenque y la chequera.
 
Esas señales tienen relación con la restricción de fondos del Gobierno K, decisivo para el funcionamiento de las provincias, según un mecanismo que alentó Kirchner como factor de control.
 
Un dato ayuda a entender: de las 23 provincias, sólo 4 ó 5 se salvan hoy de tener sus cuentas en rojo. Con todo, las muestras de preocupación de los gobernadores son sinuosas, indirectas, elusivas. La cuestión es evitar el rebencazo de la Casa Rosada.
 
Nadie lo sufre tanto como Scioli, que hizo los deberes que le reclamó Cristina, pero al que no le giraron el dinero para pagar aguinaldos porque se atrevió a sincerar su pretensión presidencial. A Scioli, los cristinistas le rodearon el rancho y se lo están cascoteando duro y parejo.
 
El sanjuanino Gioja es audaz: dijo que no es tiempo de salir a cazar brujas cuando la perrada le empezó a clavar los colmillos a Scioli. El tucumano Alperovich fue y vino: desmintió, con notoria exageración y énfasis barroco, haber elogiado a Scioli delante de los intendentes de su provincia.
 
El santiagueño Zamora, radical K y fiel al Gobierno hasta el extremo, ya comentó preocupado con dos colegas vecinos que la sequía de fondos nacionales le está golpeando feo la gestión.
 
El misionero Closs, en corrillo de gobernadores, confesó que se levanta cada día pensando qué decirle a sus votantes para disimular que se está quedando sin plata para obras.
 
El ultra-cristinista entrerriano Urribarri le paga desdoblado a sus empleados y se la aguanta callado. El santacruceño Peralta perdió el favor de Cristina y de Máximo y soporta un duro invierno a la intemperie.
 
El jujeño Fellner y el formoseño Insfrán muestran cada vez más de fastidio al hablar con sus compañeros, cuando coinciden por convocatorias en la Capital.
 
Todos cuidan el pellejo. Pero por eso mismo a nadie le interesa estar subido a un tren que manejan otros y que los pueda llevar a poner en riesgo el poder propio.
 
El poder sigue estando en la dosis intensiva de chequera y rebenque que aplica Cristina. Pero los cheques, cuando llegan, hoy ya tienen menos ceros que antes.

EN FOCO
 
Los gobernadores ya resoplan bajo la presión
 
 
Vos podés gobernar con el rebenque y la chequera, pero cuando la chequera se te acaba con el rebenque ya no asustás a nadie. La frase es de un gobernador peronista que, como todos, lleva años sufriendo los rigores del estilo kirchnerista: empezó con Néstor y sigue con Cristina.
 
Como todos, sabe elegir los elogios adecuados y poner su mejor sonrisa profesional cuando las cámaras lo enfocan cerca de la Presidenta. Pero en sus palabras hay casi una expresión de deseos: que se acabe la chequera de la Casa Rosada, así dejan de apretarlo un poco. Y esas palabras suyas, y otras, transmiten además una impresión que se empieza a extender: la chequera, si bien no se acaba, está bastante más raquítica que en cualquier otro momento.
 
¿Acaso se cocina a fuego lento una rebelión en la granja de Cristina? Nada de eso, por ahora. La política está llena de lo que Daniel Scioli llama "los guapos del off the record". Todos cuidan el pellejo. Pero por eso mismo a nadie le interesa estar subido a un tren que manejan otros y que los pueda llevar a poner en riesgo el poder propio.
 
Conviene entonces prestar atención a la multiplicación de señales de descontento que emiten los gobernadores, jefes territoriales a los que el poder de los Kirchner no logró eliminar ni sustituir, aunque los disciplinó bajo el efecto amedrentador del rebenque y la chequera.
 
Esas señales de descontento tienen directa relación con la restricción de fondos del Gobierno nacional. Ese dinero decisivo para el funcionamiento de las provincias, según un mecanismo que alentó la Casa Rosada como factor de control.
 
Nadie lo sufre tanto como Scioli, que hizo los deberes económicos y políticos que le reclamó Cristina, pero al que no le giraron el dinero para pagar aguinaldos porque se atrevió a sincerar su pretensión presidencial y se sacó aquella foto con Hugo Moyano y dejó saber que se había reunido con Roberto Lavagna. Para el poder cristinista, todas evidencias de una conspiración de herejes que no merecen otra suerte que la hoguera.
 
El castigo con pretensión ejemplarizadora que le están aplicando a Scioli tiene, por extensión, el efecto de mostrar a todos qué destino espera a los que se animen a sacar los pies del plato. Esa es la línea de tensión que define la relación entre gobernadores oficialistas y Gobierno nacional en este tiempo donde los recursos de la caja son menos generosos.
 
Un dato ayuda a entender el contexto: de las 23 provincias, sólo 4 ó 5 se salvan hoy de tener sus cuentas en rojo.
 
Con todo, las muestras de preocupación de los gobernadores son sinuosas, indirectas, elusivas. La cuestión es evitar el rebencazo de la Casa Rosada.
 
El sanjuanino José Luis Gioja es audaz: se animó a decir que no es tiempo de salir a cazar brujas cuando la perrada le empezó a clavar los colmillos a Scioli.
 
El tucumano José Alperovich fue y vino: desmintió en público, con notoria exageración y énfasis barroco, haber elogiado a Scioli delante de los intendentes de su provincia.
 
El santiagueño Gerardo Zamora, ejemplar exitoso de los extinguidos radicales K y fiel al Gobierno hasta el extremo, ya comentó preocupado con dos colegas vecinos que la sequía de fondos nacionales le está golpeando feo la gestión.
 
El misionero Mauri Closs, en corrillo de gobernadores, confesó hace poco que se levanta cada día pensando qué decirle a sus votantes para disimular que se está quedando sin plata para hacer obras.
 
El ultra-cristinista entrerriano Sergio Urribarri le está pagando desdoblado a sus empleados y se la aguanta callado. El santacruceño Daniel Peralta perdió hace rato el favor de Cristina y de Máximo y soporta un duro invierno a la intemperie.
 
El jujeño Eduardo Fellner y el formoseño Gildo Insfrán muestran cada vez un poco más de fastidio al hablar con sus compañeros de ruta, cuando coinciden por convocatorias oficiales en la Capital.
 
Uno que siempre se mantuvo distante, el cordobés José Manuel De la Sota, se aseguró no depender del flujo de dinero nacional para tener su provincia con los sueldos al día. Pero recortó obras públicas, ordenó hacer otras en cámara lenta para que la plata se estire y salió a buscar financiamiento al mercado.
 
De la Sota avisó que no le va a regalar a Cristina la lista de diputados en 2013 y que el peronismo cordobés irá con candidatos propios. No es una declaración de guerra, pero un poco se le parece. Hasta entonces, De la Sota va a salir a caminar las provincias "para visitar a los amigos".
 
Otro que anda escrutando el clima político para ver si puede largarse al escenario grande es el salteño Juan Manuel Urtubey, que también siente que su retaguardia en la provincia está segura.
 
Pero todos ellos, inevitablemente, tienen el espejo de Scioli para mirarse.
 
Al gobernador bonaerense los cristinistas le rodearon el rancho y se lo están cascoteando duro y parejo. Quizás haya faltado previsión de Scioli y su equipo para anticiparse a esta situación, quizás el gobernador haya confiado demasiado en su suerte, para evitar la incomodidad de llegar hasta este punto de ahogo.
 
Quizás no ponderó que Cristina está dispuesta a disolverlo al costo que sea , incluso sin reparar en que el malestar social y político en la provincia de Buenos Aires es muy difícil de encapsular y puede terminar generando un fuerte efecto corrosivo sobre ella y su gobierno.
 
Scioli y sus funcionarios saben que la falta de asistencia financiera les pronostica un segundo semestre de pesadilla. Pero aún así insisten en mostrarse "muy suaves" - como ellos mismos definen- en la reacción frente a la presión sostenida que soportan. Dicen que no les importa ganar la discusión pública sino salir de la asfixia. Y admiten, con pesadumbre, que "tener la razón no garantiza resolver los problemas, la única garantía es tener poder". Es una reflexión acertada, aunque parece algo tardía.
 
El poder sigue estando en la dosis intensiva de chequera y rebenque que aplica Cristina. Pero los cheques, cuando llegan, hoy ya tienen menos ceros que antes. Nada es para siempre.
 
Por Julio Blanck
 
Fuente: Clarín

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24-05-2013 / 10:05
24-05-2013 / 10:05
24-05-2013 / 09:05
El control de precios a través de militantes de organizaciones juveniles, políticas y sociales ultra oficialistas genera dudas y críticas entre economistas, sindicalistas, empresarios, consumidores y dirigentes de la oposición. Unos señalan que el sistema puede generar situaciones de violencias. Otros, que esas medidas nunca dieron resultado.
 
El referente del Movimiento Evita Fernando "Chino" Navarro confirmó que se sumarán al relevamiento. "Hay un abuso de los formadores de precios y se necesita control de parte del Estado y de los ciudadanos", señaló el dirigente. "El mecanismo es que estemos atentos y vigilantes", agregó el jefe del Movimiento Evita, Emilio Pérsico.
 
En tanto, la pregunta clave es: ¿Qué capacidad tendrán los militantes de La Cámpora para controlar los precios de los 500 productos de la canasta de Guillermo Moreno? Nadie sabe cuánto costarán los 500 productos congelados, no hay precios de referencia de ningún tipo y los militantes que realizan a estas tareas no tendrán la capacidad para aplicar multas. El anuncio del Gobierno solo apunta a enviarle un mensaje a los hipermercados, porque el organismo encargado de fiscalizar es la subsecretaría de Defensa del Consumidor, no La Cámpora.
 
Los empresarios evitan hablar públicamente sobre el tema. Pero en privado reconocen que temen que el Gobierno los acuse y persiga buscando a quien señalar por la fuerte inflación. Estas políticas solo sirven para "parar la pelota", pero no resuelven el problema de fondo. El congelamiento sirve para contener, pero las causas de la inflación siguen sin ser atacadas.
 
En tanto, el anuncio generó críticas en el ámbito político. "El anuncio de Cristina sobre los militantes controlando los precios va a generar violencia. No se puede poner a chicos inexpertos a hacer eso. Y se genera un clima violento, antes de la marcha del 25. La Presidenta es responsable si pasa algo", opinó Elisa Carrió. Mientras que el economista Claudio Lozano criticó que los acuerdos se concentran en el último eslabón de la cadena "porque después estos grandes comercios trasladan sus aumentos a los de menor capacidad".
 
Lo mas cuestionable de esta iniciativa es que se pondrá de "policía anti-inflacionaria" a La Cámpora, de Máximo Kirchner y Andrés "El Cuervo" Larroque, que es el símbolo del clientelismo K: jóvenes tan inexpertos como clientelares, a los que recurre Cristina porque está convencida que no la contradecirán ni pondrán en duda sus, a menudo, erradas y caprichosas afirmaciones.
 
Su crecimiento es directamente proporcional al ocaso del kirchnerismo. Su desprestigio le traslada impopularidad a la imagen de Cristina. No gozan de reconocimiento como recursos humanos calificados sino como chapuceros interesados en obtener empleo público bien pago. Y han logrado convertirse en el ícono de aquello que debe ser cambiado en la Argentina que viene.
 
La Opinión Popular

23-05-2013 / 09:05
Cristina Kirchner anunció ayer, por cadena nacional, un aumento del 35,3% en la asignación universal por hijo (AUH) y por embarazo, que pasará de 340 a 460 pesos a partir del mes que viene; e incrementos que van del 22 al 35% en los cuatro rangos de las asignaciones familiares que cobran los trabajadores registrados que perciben hasta 8.400 pesos, el nuevo tope salarial que se fijó para acceder a ese beneficio.
 
Los anuncios apuntan a subir el nivel de consumo de la población, en un año electoral buscando mejorar el nivel de ingresos de los sectores que destinan todo lo que percibe a gastos familiares. Con esto, Cristina emitió una clara muestra de que apuesta a estimular el consumo antes de las elecciones. Solo en los cuatro meses que restan para los comicios de octubre, las medidas representarán una inyección de fondos a la economía de alrededor de $ 5.200 millones.
 
Llamó la atención el apuro para anunciarlas, en un año electoral en que se esperaban para más adelante, pero el anuncio oficial pudo haberse realizado ayer para garantizar una movilización importante de cara a los festejos por el 25 de mayo y por el décimo aniversario de la permanencia kirchnerista en el poder.
 
Además, Cristina presentó el plan "Mirar para cuidar". Fracasado Guillermo Moreno, CFK envía a La Cámpora a controlar los precios con una policía anti-inflacionaria al mando de "El Cuervo" Larroque. Del plan participarán organizaciones sociales, políticas 'y las que quieran sumarse' para desplegar un operativo de control de precios.
 
Los militantes rentados K, cuya función consiste en hacer número en los actos oficiales y aplaudir cada una de las afirmaciones de CFK, recibirán instrucciones sobre cómo moverse en el control a los súper, hipermercados y cadenas de pequeños almacenes, y en una segunda instancia también controlarán a las empresas que se sumaron al acuerdo de precios.
 
¿Cómo harán estos voluntarios, a los que se les encomendó cuidar que los salarios y los planes de asistencia social no se diluyan por los aumentos de precios? ¿Tendrán algún tipo de identificación? ¿Llevarán pecheras de La Cámpora como en las tareas solidarias post inundación? ¿Contarán con un listado de precios oficiales para cotejar en las góndolas?
 
Y, en el caso de constatar aumentos, ¿actuarán directamente increpando a los comerciantes? ¿Publicarán una lista de "escrachados", conformada por quienes hayan remarcado la yerba o el aceite? ¿A qué tipo de sanciones se harán pasibles quienes sean encontrados en "infracción"?
 
¿El comerciante está legalmente obligado a dejarse auditar por militantes que no fueron capacitados ni investidos de autoridad alguna para realizar esa tarea? ¿Qué ocurrirá si el dueño de un mini mercado se niega a este tipo de control y se genera un incidente violento?
 
Cristina se niega a admitir que los aumentos de precios están vinculados con la fuerte emisión monetaria y con el gasto público. Y elige una forma extrema de controles como política contra la inflación, lo que tendrá un efecto absolutamente contraproducente generando mayor incertidumbre, aumentando las expectativas inflacionarias y el desabastecimiento de productos.
 
La nueva iniciativa K es poco seria y no resiste el menor análisis, pero en definitiva, las consecuencias las terminará pagando la gente con su bolsillo.
 
La Opinión Popular

22-05-2013 / 12:05
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