Nacionales - 01-07-2012 / 12:07
SINTONÍA FINA Y MUNICIÓN GRUESA
Pelea por el Poder: Cristinistas vs. Peronistas
Hugo Moyano tuvo la inteligencia de un político y no el atropello de un sindicalista tradicional, para presentarse en la Plaza como el vocero de un reclamo que no es sólo de los camioneros. Ni siquiera de los gremios. Hay toda una sociedad anclada en la clase media que pena, mes tras mes, por el descuento del impuesto a las Ganancias.
Hugo Moyano tuvo la inteligencia de un político y no el atropello de un sindicalista tradicional, para presentarse en la Plaza como el vocero de un reclamo que no es sólo de los camioneros. Ni siquiera de los gremios.
Hay toda una sociedad anclada en la clase media que pena, mes tras mes, por el descuento del impuesto a las Ganancias, mientras el gobierno insiste en negar la inflación y ata ese enojoso tributo a las groseras mediciones del INDEC.
Moyano era casi un impresentable social, hasta no hace mucho tiempo. Pero los sondeos captaron una mejora en sus niveles de imagen desde que enfrentó a Cristina: "Ahora que me peleo con la presidenta, me han vuelto a ver alto, rubio y de ojos celestes", dijo, entre risas.
El dirigente está convencido que es el único peronista capaz de enfrentarse al gobierno. Y de aglutinar detrás de ese discurso al peronismo que hoy navega entre la disidencia, el kirchnerismo crítico y otras fuerzas de centro o del progresismo que claramente no encuentran un líder capaz de provocarle un tropiezo al gobierno.
Moyano no disimula, en sus comentarios, que ese líder faltante bien podría encarnarlo Daniel Scioli. A su lado, revelaron también, un acuerdo entre el mandatario provincial y su colega de Córdoba, José Manuel de la Sota.
CRONICAS DE LA REPUBLICA
La pelea por el peronismo
Carlos Zanini es, tal vez, la voz más autorizada para hablar en nombre de Cristina Fernández. Por eso no hay más que creerle cuando dice que lo que más mortificó a la presidenta, y que termina por consumar un divorcio sin retorno entre ella y Hugo Moyano, es la alusión del camionero, durante la concentración en la Plaza de Mayo, a la forma en la que el matrimonio Kirchner habría iniciado su fortuna, durante la última etapa de la dictadura militar.
El líder cegetista no los nombró, es cierto, pero no hizo falta que lo hiciera: él sabía, y pretendió que todo el mundo se diese por enterado, de quiénes hablaba cuando se refirió a los que en, esos tiempos duros, se exiliaron en el sur del país para "lucrar con la 1.050".
Para los que no lo recuerdan, se refería a la circular que dictó el Banco Central el uno de abril de 1980, durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz como ministro de Economía, que indexó los créditos hipotecarios a niveles tales que muchísimos beneficiarios no pudieron afrontar el pago de las cuotas y sus casas o departamentos fueron a remate.
Moyano reflotó, por esas horas, al pie del palco levantado de espaldas a la Casa Rosada, la historia no oficial que responsabiliza a los Kirchner de haberse enriquecido mediante la compra a precios de usura de esas propiedades. Pero después no se animó a hacer lo mismo delante del micrófono y de los miles de manifestantes que lo escuchaban. Lo sugirió con esa frase enigmática, casi como el que tira la piedra y esconde la mano.
Dicen que lo embargaba el rencor hacia la presidenta y su séquito de especialistas en operaciones non sanctas, que, antes del acto en la plaza, hicieron correr generosamente la versión sobre el pasado violento del camionero, y la acusación de que, desde la derecha peronista de aquellos años oscuros, integraba grupos que "salían a cazar zurdos".
"Eso --la referencia a la 1.050-- es lo que más la lastimó", contó Zanini en su despacho, la mañana siguiente del paro y concentración de camioneros, mientras analizaba los posibles escenarios que se abren a partir de ahora.
"No hay retorno, de esos agravios no se vuelve", insistió el poderoso secretario de Legal y Técnica, tras considerar, como casi toda la primera línea del gobierno, como "un fracaso" la movilización a la plaza.
"Todo lo que ha sucedido no modifica en lo más mínimo el lugar que ocupábamos antes de la marcha; los que esperaban un choque de planetas se quedaron con las ganas", dijo, para desmitificar algunos pronósticos que se lanzaron desde ambos bandos en pugna, antes de que los choferes de Pablo Moyano dejaran casi sin combustibles a buena parte de la geografía nacional.
Terminó el diálogo con dos frases que encierran su propio análisis, pero también el de buena parte del gobierno, empezando tal vez por la propia presidenta: "Moyano no nos tensa la piola; eso ha quedado demostrado". Y la siguiente: "Se ha convertido en un antigobierno total, después de las barbaridades que dijo".
A la primera aseveración, habría que decir que está por verse. El camionero tuvo, por única vez, la inteligencia de un político y no el atropello de un sindicalista tradicional, para presentarse en la plaza como el vocero de un reclamo que, ya se ha dicho, no es sólo de los camioneros. Ni siquiera de los gremios. Hay toda una sociedad anclada en la clase media que pena, mes tras mes, por el descuento del impuesto a las Ganancias, mientras el gobierno insiste en negar la inflación y ata ese enojoso tributo a las groseras mediciones del INDEC.
Deberían tomar nota, Zanini y el resto de los estrategas oficiales, de un dato que han reflejado las encuestas del más variado tono: Moyano era casi un impresentable social, hasta no hace mucho tiempo. Pero los sondeos captaron una mejora en sus niveles de imagen desde que enfrentó a Cristina Fernández, poco después de aquel primer y combativo acto por el Día del Camionero, en el estadio del club Huracán, el 15 de diciembre de 2011.
El propio Moyano se jactó, hace un par de semanas, de ese cambio, mientras machacaba en los medios para que la presidenta escuche, no ya su reclamo, sino el de los trabajadores: "Ahora que me peleo con la presidenta, me han vuelto a ver alto, rubio y de ojos celestes", dijo, entre risas.
También deberían tomar nota los funcionarios nacionales de un hecho que resaltaban importantes dirigentes sindicales cercanos a Moyano, después del acto en Plaza de Mayo. Dicen que el dirigente se bajó de ese palco convencido de que ha quedado demostrado que es el único peronista capaz de enfrentarse al gobierno. Y de aglutinar detrás de ese discurso al peronismo que hoy navega entre la disidencia, el kirchnerismo crítico y otras fuerzas de centro o del progresismo que claramente no encuentran la aparición de una opción o de un líder capaz de provocarle un tropiezo al gobierno en las elecciones legislativas del año que viene; y más importante aun: de pelear las presidenciales de 2015.
Moyano no disimula, en sus comentarios, que ese líder faltante bien podría encarnarlo Daniel Scioli. Y que él presiente de sí mismo que, después de la marcha del miércoles, puede ser factor aglutinante de esas voluntades hoy dispersas, detrás de la figura del gobernador bonaerense.
A su lado, revelaron, horas atrás, que un acuerdo entre el mandatario provincial y su colega de Córdoba, José Manuel de la Sota, sobre el que ha comenzado a hablarse en la capital mediterránea y, probablemente, también en algunos despachos de La Plata, sería "muy bien visto". Dirigentes sindicales de probada lealtad al secretario general de la CGT, como Omar Plaini y Juan Carlos Schmid, están al tanto de esos enjuagues y suscriben aquella impresión.
Por la misma razón que esgrime Moyano en cuanto al liderazgo que encarnaría Scioli, en la Casa Rosada resolvieron que el camionero y el gobernador serán, desde ahora, los enemigos públicos de la presidenta y del cristinismo más ortodoxo.
A Scioli lo sometieron al escarnio público de tener que aceptar migajas para pagar los sueldos de los empleados públicos del mes de junio. Y le negaron una suma igual que le hubiese permitido cumplir del mismo modo con el medio aguinaldo.
La decisión del gobierno de pagar en cuatro cuotas este último beneficio no presagia más que tormentas en una provincia ya estragada por la cruel pelea política interna con Gabriel Mariotto y La Cámpora, y por un descontento social en aumento por los escandalosos niveles de inseguridad.
Quienes esperan, de una vez por todas, alguna reacción frente a tanto y tan oprobioso manoseo, se quedarán con las ganas. Scioli ha dicho dos cosas a sus colaboradores, en las últimas horas: no va a romper con Cristina, no responderá ningún agravio y seguirá aferrado a pedir paciencia y buena voluntad a trabajadores y habitantes.
Aunque no reniega, aseguran, de sus legítimas aspiraciones presidenciales ni de volver a reunirse con Moyano o quien sea, si lo considera necesario. "En algún despacho, están esperando que Daniel explote, pero no lo van a conseguir", insisten fuentes del sciolismo.
Volvamos a Zanini: Puede ser que para el brazo derecho de la presidenta no haya por qué temer un choque de planetas. Pero ha quedado claro que lo que viene, tras la violenta ruptura entre Cristina y Moyano, y, en un análisis más profundo, entre el cristinismo y el sindicalismo no alineado, es para temer.
Para arrancar, en la Casa Rosada, prometen que irán con todas sus baterías para evitar que Moyano pueda permanecer al frente de la CGT después del 12 de julio, que es cuando se resolverá la mayor incógnita que hoy desvela a los dirigentes de cualquier sector gremial: si Moyano logrará ser reelecto o si será desplazado por un dirigente afín al gobierno.
Carlos Tomada tiene la ingeniería lista para declarar ilegal una central obrera conducida por Moyano y bendecir a otra, oficialista, para la que el gobierno tiene dos candidatos: Antonio Caló, que pierde peso, y el taxista Omar Viviani.
Tanto es así que, en despachos de la cartera laboral, ya se augura que, después de esa fecha, convivirán en la escena sindical cinco centrales obreras: la CGT oficialista y la "ilegal" de Moyano, las dos CTA de Hugo Yasky y Pablo Micheli, y la CGT Azul y Blanca del ubicuo Luis Barrionuevo. "Convivirán", claro está, es una manera de decir, para beneplácito de quienes, desde el gobierno, persiguen semejante grado de división que amplíe aun más el reinado de Cristina.
Sobre camionero, como presagiando los tiempos que se vienen, pronostican, en aquellos altos despachos del poder: "Tendrá que preocuparse por las causas judiciales que pueden empezar a reactivarse.". Moyano ya sabe que lo van a correr por ese lado. Se lo dijo un importante ministro que se vio obligado a tomar temporales distancias de su amigo, para no sufrir las represalias de la jefa.
Fuente: lanueva.com