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Nacionales - 17-06-2012 / 11:06
DECISIONES APRESURADAS AL CALOR DE LAS URGENCIAS POLITICAS

Plan de viviendas: Un anuncio para recuperar simpatías

Plan de viviendas: Un anuncio para recuperar simpatías
Plan de viviendas: Un anuncio para recuperar simpatías.
En medio de los efectos negativos que sobre el humor social producen la inflación, las limitaciones cambiarias, la inseguridad, las revelaciones sobre la corrupción, las medidas de fuerza por los conflictos gremiales y otras cuestiones no menos importantes, la Presidenta pidió preparar un anuncio positivo que reconciliara al Gobierno con los sectores populares.
 
Ante el fuerte déficit habitacional que hay en el país, el plan de créditos para construir 400 mil viviendas sonó como una música virtuosa.
 
La inmediata y masiva respuesta de los aspirantes a esos créditos que formaron largas colas para inscribirse, y la valoración política favorable cuando un gobierno promete atender una necesidad incuestionable de los sectores de menores ingresos, le dieron un respiro al mal momento de Cristina.
 
Sin embargo, visto desde otra perspectiva, el anuncio generó serias dudas en sectores donde se evalúan cuestiones más generales. ¿Cuál es el negocio para los jubilados de prestar hoy plata a un interés que va del 2 al 14 por ciento anual a 30 años de plazo?
 
La respuesta sólo está relacionada con la conveniencia política del momento.

Un anuncio para recuperar simpatía
 
Nadie puede estar en todo a la vez y darle plena dedicación, a menos que crea que la realidad es sólo lo que llega a su mesa de trabajo o lo que se elija como recorte.
 
Por Carlos Sacchetto
 
 
Si hay algo que caracteriza y a la vez preocupa por estos días al Gobierno nacional en sus jerarquías más elevadas, es la cantidad y variedad de frentes que tiene abiertos.
 
Todos suponemos que gobernar es enfrentar y dar solución a diferentes y múltiples problemas, por lo que esto no debería llamar la atención de nadie. Pero este caso resulta notable, porque no se trata de un verdadero equipo homogéneo de funcionarios con márgenes propios de decisión que actúan sobre cada área. Todo está centralizado en una sola persona: la presidenta de la Nación.
 
Ese ejercicio marcadamente unipersonal del poder que hace Cristina Fernández tiene la ventaja del control absoluto de todas las situaciones, pero a la vez conlleva el riesgo de decisiones apresuradas al calor de las urgencias y, lo que en este caso es de temer, el costo de un desgaste individual muy rápido.
 
Nadie puede estar en todo a la vez y darle plena dedicación, a menos que crea que la realidad es sólo lo que llega a su mesa de trabajo o lo que se elija como recorte.
 
 
El equilibrio
 
En medio de los efectos negativos que sobre el humor social producen la inflación, las limitaciones cambiarias, la inseguridad, las revelaciones sobre la corrupción, las medidas de fuerza por los conflictos gremiales y otras cuestiones no menos importantes, la Presidenta pidió preparar un anuncio positivo que reconciliara al Gobierno con los sectores populares. Ante el fuerte déficit habitacional que hay en el país, el plan de créditos para construir 400 mil viviendas sonó como una música virtuosa.
 
La inmediata y masiva respuesta de los aspirantes a esos créditos que formaron largas colas para inscribirse, y la valoración política favorable que debe hacerse cuando un gobierno promete atender una necesidad incuestionable de los sectores de menores ingresos, le dieron un respiro al mal momento de Cristina.
 
Sin embargo, visto desde otra perspectiva, el anuncio generó serias dudas en sectores donde se evalúan cuestiones más generales.
 
El propio Diego Bossio, titular de la Anses y administrador de los dineros que todos aportamos para que el Estado pague las actuales y las futuras jubilaciones, tuvo que hacer contorsiones para no responder una pregunta inevitable: ¿cuál es el negocio de prestar hoy plata a un interés que va del 2 al 14 por ciento anual a 30 años de plazo? La respuesta sólo está relacionada con la conveniencia política del momento.
 
La Presidenta también sumó adhesiones no incondicionales con el buen discurso que pronunció sobre nuestro reclamo de soberanía por las Islas Malvinas en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
 
Fue sin dudas un hecho importante de política internacional, donde se la vio enérgica, liderando una idea que cala hondo en los argentinos pero que no encuentra un camino claro que lleve a concretarla. Sirvió para sumarle puntos al Gobierno, pero está claro que, aun siendo una causa nacional, Malvinas está lejos de la preocupación cotidiana de la gente.
 
La incertidumbre económica que generan la inflación no reconocida y los vaivenes con el dólar es el principal ingrediente del caldo en el que se cocinan los problemas que debe enfrentar Cristina.
 
El resultado es una desconfianza que no se disipa con mensajes de propaganda oficial o gestos sobreactuados de los funcionarios, como los que acostumbran mostrar los medios oficialistas.
 
 
Una carga
 
En las cuestiones estrictamente políticas, el Gobierno sobrelleva hacia afuera y hacia adentro el peso de las peleas que libra con viejos y nuevos enemigos. El conflicto con Hugo Moyano por el futuro de la CGT ya trasciende el ámbito gremial.
 
La huelga de los camioneros, que dejó a este fin de semana sin aprovisionamiento de dinero a los cajeros automáticos, entre otras consecuencias, fue más contra la Casa Rosada que contra los empresarios del sector. El reclamo por el Impuesto a las Ganancias que deben pagar los trabajadores tiene claramente esa dirección.
 
Mientras Cristina estuvo fuera del país, la presidencia quedó a cargo de Amado Boudou. Fue justo cuando el juez Ariel Lijo, en quien recayó la causa por la ex Ciccone Calcográfica, avaló todas las pruebas que comprometen al vicepresidente en la sospecha de tráfico de influencias.
 
Significa que todo lo hecho por el juez Daniel Rafecas y el fiscal Carlos Rívolo, a quienes Boudou hizo separar del caso, tiene validez para continuar con la causa.
 
Son muy pocos los kirchneristas que hoy se juegan por defender a Boudou. En cambio, son numerosos los que vaticinan que está llegando la hora de su ocaso político.
 
Fuente: La Voz del Interior

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22-05-2013 / 12:05
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Nuevamente, la presidenta Cristina Fernández estuvo en La Plata, la ciudad que la vio crecer y donde estudió y se casó. La excusa fue encabezar un acto para inaugurar una biblioteca en el Colegio Nacional, cuyas autoridades están tirando por la borda el prestigio académico de este establecimiento educativo -que supo albergar en sus aulas a figuras ilustres como René Favaloro y Ernesto Sábato- para congraciarse con los intereses políticos del gobierno K.
 
La reina CFK fue recibida por sus súbditos de La Cámpora, en una suerte de banquete real del subdesarrollo. No escatimaron en gastos. Según se pudo saber, el acto le costó al Estado la friolera suma de $550 mil. Esto es lo que habría salido el show, que consistió en la instalación de dos mega tribunas con capacidad para 300 personas cada una.
 
A eso se le sumó un escenario gigante, luces como para un espectáculo musical y dos pantallas de amplias dimensiones a cada lado del escenario. También se ubicaron cuatro modernas cámaras para filmar el evento, entre ellas una que tenía un brazo mecánico -como si se tratara de un set de filmación de una película- que circulaba sobre las cabezas de los aplaudidores que estaban sentados en las primeras filas.
 
El otro motivo de la presencia de CFK fue darle un subsidio al Hospital Español, una clínica privada de La Plata, en momentos en que los hospitales públicos de nuestra ciudad se están cayendo a pedazos. Para colmo, es un subsidio para una institución sospechada de haber ocultado las causas reales del fallecimiento de al menos una persona.
 
Para cerrar el acto Cristina eligió una reflexión absolutamente desafortunada, sobre todo para esta ciudad. Aseguró: "Miedo era lo que teníamos nosotros en 1976. Ese miedo que tenés en la boca del estómago y que no te deja pensar. Era el miedo a desaparecer. Hoy, afortunadamente, nadie puede desaparecer de ningún lado".
 
La frase desconoce que hace siete años que Jorge Julio López, ciudadano y militante platense, permanece desaparecido tras haber declarado en el juicio al represor Miguel Etchecolatz. A su vez, desconoce que en los últimos diez años se acumulan 78 desapariciones vinculadas al accionar del aparato policial e institucional estatal.

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