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Nacionales - 15-03-2012 / 11:03
EFEMÉRIDES POPULARES. LA REBELIÓN OBRERO-ESTUDIANTIL DEL 15 DE MARZO DE 1971

El Viborazo, o segundo Cordobazo, un duro golpe a la dictadura militar

El Viborazo, o segundo Cordobazo, un duro golpe a la dictadura militar
El dirigente cordobés de Luz y Fuerza, el legendario Agustín “El Gringo” Tosco, con el gremio intervenido y desde la clandestinidad, impulsó y protagonizó el Viborazo.
Un día como hoy, el 15 de marzo de 1971, se producía el segundo Cordobazo, popularmente llamado Viborazo. Fue una huelga con protesta social masiva ocurrida en Córdoba, opuesta al gobernador de la provincia perteneciente a la dictadura militar imperante conocida como Revolución Argentina.
 
Ese día, los obreros y estudiantes que marchamos hacia el centro de la ciudad, generamos un enfrentamiento con la policía que devastó el área céntrica y se transformó en una insurrección general que tomó el control de unas 500 manzanas del centro y los barrios, quedando la ciudad en manos del pueblo.
 
Hubo manifestaciones, barricadas, fogatas, incendios y enfrentamientos entre trabajadores y estudiantes con fuerzas represivas de la Policía Provincial y de la Policía Federal. La sublevación popular formó parte de otras puebladas similares como el correntinazo, rosariazo, cordobazo, mendozazo, etc.
 
Escribe Blas García (participó como militante de la JP en el Viborazo)

Scalabrini Ortiz y la Lucha Contra la Dominación Británica en la Argentina
Blas García

Córdoba, capital de obreros y estudiantes

En ciertos periodos históricos y por causas especiales, determinados actores políticos y sociales sobresalen en la escena nacional con un particular protagonismo, llegando a conformar alternativas a lo que sucedía en Buenos Aires, con una proyección que las convertía en fenómenos nacionales contra el proceso reaccionario que estaba en vigencia desde la llamada "revolución libertadora" de 1955.
 
Así, Córdoba adquirió un especial peso político nacional luego de lo sucedido en mayo de 1969, del llamado Cordobazo, y posteriormente, a comienzo de los setenta con la aparición de los sindicatos de la izquierda revolucionaria, denominado "clasistas" entre los obreros mecánicos.

En Córdoba existía una estrecha relación entre los estudiantes y los obreros de las grandes fábricas instaladas en el cordón industrial, ya que en aquellos años muchos trabajadores estudiaban en la Universidad de Córdoba.

Santiago Pampillón resumió a la unidad obrero-estudiantil que se forjaría en este período. Pampillón era obrero y estudiante, como un símbolo viviente de la ciudad que fusionaba ambos sectores sociales en su vida cotidiana y fue asesinado por la dictadura militar en las calles de la ciudad durante la gran huelga estudiantil universitaria de mediados de 1966.

Estas experiencias se dieron en el contexto de un movimiento obrero muy combativo, surgido de las luchas en la resistencia peronista y radicalizados al calor de las corrientes de ideas revolucionarias de los años 60.
 
A ello se sumaba al reclamo permanente de los peronistas por la convocatoria a elecciones limpias y el regreso de su Líder, lo que llevó a que la politización creciera notablemente tanto en las fábricas como en las facultades.
 
El "Cordobazo" y el "Viborazo" fueron organizados fundamentalmente por los trabajadores de la Energía (organizados en el Sindicato de Luz y Fuerza) y los mecánicos (en el SMATA), que constituían los dos principales sectores productivos de la región, tanto por número de trabajadores directos e indirectos como por su carácter estratégico para la economía nacional. Dichos sindicatos eran la punta de lanza de la combativa CGT cordobesa.

En el "Viborazo" se sumaron al movimiento los dos sindicatos que agrupaban a los trabajadores de FIAT (SiTraC y SiTraM), arrebatados unos meses antes a sus conducciones entreguistas por listas de la izquierda revolucionaria.
 
Esta confluencia obrero-estudiantil expresaba al conjunto de los sectores populares: a la clase media urbana y rural, a los productores pequeños y medios del campo y la ciudad, y al empresariado nacional; con un fuerte sentimiento antiimperialista y anticapitalista por el evidente copamiento de la economía por parte de los monopolios extranjeros. El Cordobazo y las movilizaciones populares subsiguientes se llevaron puesto a Onganía y el Viborazo, a Levingston.
 

Las jornadas de marzo de 1971
 
El 1 de marzo de 1971 el gobierno militar del general Roberto Marcelo Levingston, en un verdadero disparate político, designó como nuevo interventor de la provincia de Córdoba al dirigente conservador José Camilo Uriburu, a quienes sus amigos llamaban "El Conejo" por sus catorce hijos.
 
Uriburu era sobrino de José Félix Uriburu, el general filonazi que derribara al presidente popular Hipólito Yrigoyen en 1930; y al parecer estaba dispuesto a hacer honras a su ascendencia ideológica.
 
La CGT provincial de Atilio El Negro López llama a un paro activo contra la intervención y se realiza una concentración. Como respuesta a la movilización social que se había hecho constante en Córdoba, Uriburu, olvidando que estaba en la "provincia rebelde" lanzó su celebre provocación declarando que: "Confundida entre la múltiple masa de valores morales que es Córdoba por definición, se anida una venenosa serpiente cuya cabeza pido a Dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo". El pueblo cordobés le respondió con una pueblada a la que llamaron, en "homenaje" al inspirado gobernador, el Viborazo.

Se prepara la insurrección

El 3 de marzo el dirigente de Luz y Fuerza Agustín El Gringo Tosco, con el gremio intervenido y desde la clandestinidad, propuso la formación de un Comité de Huelga provincial, incluyendo a los sindicatos "clasistas" de FIAT (Sindicato de Trabajadores de Concord -SiTraC- y Sindicato de Trabajadores de Materfer -SiTraM-) de conducción izquierdista para preparar la ocupación de todas las plantas fabriles el 12 de marzo con el reclamo del fin de la dictadura.
 
Se produce una discusión entre la CGT peronista y los sindicatos "clasistas". La Comisión de lucha de la CGT reafirma el paro para el 12 de marzo y los sindicatos "clasistas" SiTraC y SiTraM convocan a un acto con movilización en la localidad de Ferreyra, en la entrada de la ciudad, donde FIAT tenía sus tres plantas (Concord, Materfer y Grandes Motores Diesel).

Vísperas del incendio: El Ferreyrazo

El viernes 12, tal cual lo programado por el Comité de Huelga se produjeron tomas en diferentes empresas, los trabajadores de FIAT, en tanto, decidieron abandonar las plantas de Concord y Materfer y realizaron un acto en el paso a nivel de Materfer reuniendo a sus afiliados y a los trabajadores de Grandes Motores Diesel, Perkins, Thompson Ramco y a vecinos del barrio de Ferreyra.

Cuando llega la policía, dirigida por el comisario Sanmartino, el enfrentamiento se hizo encarnizado. Piedras contra las balas y gases de la policía dando lugar a lo que popularmente se conocería como Ferreyrazo. Ahí, mientras un grupo de jóvenes y obreros resistían la represión, un agente descerrajó un balazo con pistola 45 que dio en la cara de un obrero de FIAT de 18 años, Adolfo Cepeda.

La muerte de Cepeda exacerba la indignación popular y el sepelio se transforma en un elocuente testimonio de repudio hacia la dictadura y la represión.

La CGT respondió convocando a un nuevo paro general para el 15 de marzo con abandono de fábrica a las 10 hs., asamblea en puerta de fábrica y movilización para concentrarse en plaza Vélez Sarsfield, a las 11 horas.
 
Además, la CGT de Córdoba emitió un comunicado, criticando a Rucci y la CGT nacional por no solidarizarse con la clase obrera cordobesa, por mantener una complicidad pasiva y por negarse a convocar un paro nacional en respaldo a Córdoba.

Estalla el segundo Cordobazo

El lunes 15 de marzo, las acciones comenzaron en Villa Revol, donde se hallaba la planta eléctrica de EPEC, la empresa provincial de energía, y donde el gremio de Tosco, que ejercía el control de esas zonas, la tomó como ocurría en cada paro.

Los trabajadores de FIAT partieron temprano de Ferreyra rumbo al centro como se había acordado; al pasar por la planta de EPEC encontraron a los trabajadores de Luz y Fuerza tomando la planta.

Debido a su aislacionismo y sectarismo, la conducción del "clasismo" interpretó la toma como una traición de Tosco y la CGT peronista a lo acordado el día 9, por lo que insultaron a Tosco y demás dirigentes de Luz y Fuerza.

De cualquier manera El Gringo los invitó a participar de la toma, que serviría como retaguardia del paro activo, pero no lo logró y las columnas siguieron su marcha hacia el centro. Al llegar los activistas de Fiat descubrieron que no había ni palco ni parlantes, lo que aumentó su bronca contra la CGT peronista.

Los dirigentes de SITRAC- SITRAM consumaron discursos criticando a la CGT de Córdoba y al Comité de Huelga, lo cual desorientó y confundió a la multitud, que respondió con las distintas consignas políticas que sostenían; los de FIAT y los grupos Universitarios vinculados al izquierdismo clamaban: ¡Ni golpe ni elección, revolución!, los de Tosco respondían: ¡El pueblo unido jamás será vencido!, y ¡Unidad-CGT!, y los peronistas de izquierda y el SMATA: ¡Si Evita viviera seria montonera!
 
Cuando todo indicaba el comienzo de una gran confusión corrió el rumor de que Tosco había ocupado la zona de EPEC con Luz y Fuerza y entonces la multitud comenzó a corear: ¡Córdoba se mueve por otro 29!, iniciando el Viborazo.

Ocupación de Córdoba

Las columnas principales, que en este caso fueron las de los obreros de FIAT, ocuparon los barrios aledaños al centro como Guemes y Observatorio.

Los que integramos la Juventud Revolucionaria Peronista (JRP) entre los que se encontraban Jorge Busti y Hernán Orduna, tomamos parte en esa auténtica jornada de lucha popular con el SMATA y otros gremios y participamos en la ocupación los barrios estudiantiles y obreros de Clínicas y Alberdi, donde se concentraron un gran número de activistas universitarios y políticos.
 
A las primeras horas de la tarde, como el 29 de mayo de 1969, la ciudad estaba nuevamente tomada por el pueblo. Los trabajadores y estudiantes construyeron barricadas en Barrio Guemes, Colón y San Vicente. Sólo en Barrio Clínicas había 200 barricadas.
 
Si bien el viborazo mostró una mayor participación de grupos organizados en el levantamiento popular, estas luchas sociales conservaban como sello dominante su forma espontánea.
 
Así, se produjeron ataques a empresas como el Banco de Galicia, el Jockey Club, el Banco del Interior y gran cantidad de supermercados. Barrio Clínicas y Villa Revol ocupado por Luz y Fuerza de Tosco fueron los lugares mejor organizados y que resistieron más tiempo, seguramente por la experiencia del primer Cordobazo, y por la fuerte organización del sindicato eléctrico cordobés.
 
El nivel de destrucción material fue mayor que en el Primer Cordobazo, se produjeron gran cantidad de incendios y hubo muy pocas bajas. De la misma manera que en 1969 tampoco se produjeron saqueos ni robos a la propiedad.
 
A diferencia del Cordobazo no se tomó el centro sino la periferia y zonas perfectamente conectadas entre sí que abarcaron más de 500 manzanas, la policía casi no pudo intervenir y sólo comenzó a actuar por la tarde evitando choques frontales.
 
De la represión participa un grupo de elite de la Policía Federal traído de Buenos Aires, "la Brigada Antiguerrillera" al mando del siniestro comisario Villar, viejo enemigo del pueblo que utilizaba una violencia especializada y concentrada con motos, tanques, etc., para desarmar las barricadas.

No obstante, también resultaron impotentes para contener la bronca popular y al atardecer ocuparon la ciudad los militares paracaidistas al mando del general Alcides López Aufranc.

Desenlace de la sublevación y fin de la Revolución Argentina

Por la noche, Uriburu felicitó a los efectivos de la Policía Federal por su eficiencia en la tarea de "desalojar a la víbora del barrio Clínicas", clásica área de residencia estudiantil y uno de los epicentros de las luchas de todo ese período.
 
Finalmente Levingston le pidió la renuncia a Uriburu, quien se retiró de la provincia sin poder cortar ninguna cabeza de víbora, ni de animal alguno. El diario La Voz del Interior haciendo gala del humor cordobés publicó al día siguiente de la renuncia del "Conejo" Uriburu una caricatura de una serpiente satisfecha luego de haberlo devorado. 

El 23 de marzo de 1971 el comandante en jefe del Ejército, general Alejandro Agustín Lanusse, remplazó a Levingston y bajo su gobierno las tropas del Tercer Cuerpo de Ejército tomaron por asalto las fábricas Concord y Materfer para desmantelar los gremios combativos de Sitrac y Sitram y encarcelar a "El Gringo" Tosco y los principales dirigentes. 

Tiempo después, otras puebladas incendian la patria, tocando ahora el turno a Cipoletti en Río Negro, Orán en Salta y Casilda en Santa Fe. Entre el Cordobazo y 1972 estallaron al menos 13 insurrecciones en ciudades del interior del país. En varias de ellas junto a obreros y estudiantes manifestaban activa y públicamente su repudio al régimen militar incluso sectores de las elites locales. 

Jaqueado por puebladas y guerrillas que crecen y se expanden a lo largo y ancho del país y se rebelan contra la opresión y los proyectos del imperialismo, Lanusse convoca a elecciones, para asegurar una retirada en orden de los militares y un traspaso ordenado del gobierno a las autoridades civiles.

Lanusse estaba perfectamente consciente de que no iba a haber ningún modo de alcanzar esa meta sin tener en cuenta a Juan Perón. Por lo tanto, resolvió abrir la puerta a los peronistas. Entonces no tuvo más remedio que convocar a elecciones para el 11 de marzo de 1973 y aceptar la derrota del proyecto dictatorial, elitista, antinacional y antipopular.

El Viborazo fue una rebelión popular y un jalón muy importante en la larga resistencia iniciada en 1955 y que culminaría en 1972 con el regreso de Juan Perón a la Patria, el peronismo aglutinando a todo el pueblo, el intento de la izquierda peronista de convertirse en vanguardia del Movimiento, el triunfo electoral de 1973 y las Fuerzas Armadas retirándose repudiadas de la Casa de Gobierno.
 
Escribe Blas García (participó como militante de la JP en el Viborazo)

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El Viborazo, o segundo Cordobazo, un duro golpe a la dictadura militar
Un grupo nutrido de estudiantes y trabajadores se dirigieron al barrio Clínicas (punto neurálgico del Cordobazo) y establecieron numerosas barricadas para enfrentar la represión de las fuerzas policiales.
El Viborazo, o segundo Cordobazo, un duro golpe a la dictadura militar
Los obreros de las grandes fábricas, instaladas en el cordón industrial de Córdoba, protagonistas de la pueblada, se burlan de Uriburu, que lanzó su celebre provocación: "En Córdoba se anida una venenosa serpiente cuya cabeza pido a Dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo". El pueblo cordobés le respondió con una rebelión a la que llamaron, en "homenaje" al inspirado gobernador, el Viborazo.
04-07-2015 / 09:07
 
Mañana, en Capital Federal, se realizarán las elecciones a jefe de gobierno cuyos resultados impactarán en el tablero político nacional. Todo indica que el macrismo no obtendrá más del 50% de los votos y habrá balotaje entre Horacio Rodríguez Larreta y quien quede en segundo lugar que, muy probablemente, sea Martín Lousteau. El camporista Mariano Recalde, podría quedar en el tercer puesto.
 
Ahora bien, lo que puso de manifiesto la contienda electoral porteña es que, evidentemente, existe una suerte de pacto entre macristas y cristinistas para que la discusión del proceso electoral sea súper light. Es decir, para que nada cambie y se mantenga así el status quo político y económico. Y esto no sólo atañe a la Capital Federal, sino que evidentemente el entendimiento tiene alcance nacional.
 
Así es como, sospechosamente, desde el cristinismo ya ni siquiera recuerdan los escándalos que involucraron a las empresas de Mauricio Macri y de su padre, que durante décadas manejaron la obra pública y se beneficiaron con las medidas económicas de los gobiernos de turno, como fue la estatización de la deuda privada mediante seguros de cambio que llevó a que aún hoy, el conjunto de los argentinos, estemos pagando los negociados hechos por unos pocos.
 
Macri y gran parte de sus seguidores tampoco hablan de los grandes casos de corrupción de la era K como es la causa Hotesur, que tiene como principal protagonista a Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta que está siendo investigado, junto con Lázaro Báez y otros empresarios ligados al cristinismo, de lavar millones de dólares a través de negocios hoteleros.
 
Pese a la contundencia de las pruebas, como son las sumas millonarias invertidas por Baez en el alquiler de habitaciones que nunca se ocuparon, pareciera que Macri tiene decidido mirar para otro lado. Por eso se mantuvo en silencio cuando, su principal competidor en la pelea, como es Daniel Scioli, estuvo en Río Gallegos, en el lanzamiento de la candidatura del hijo de la presidenta.
 
El silencio de cristinistas y macristas es compartido y se extiende a otras áreas sensibles, donde tanto el Pro como los K tienen intereses económicos en común. Un ejemplo concreto es el negocio del juego que, en Capital Federal, es regenteado monopólicamente por el empresario K Cristóbal López.
 
Lo único que atinó a decir a  Rodríguez Larreta, en la campaña, es que durante la gestión macrista "no aumentó la oferta del juego en capital Federal". La excusa no resiste el menor análisis ya que la recaudación de las tragamonedas no solamente crece de forma escandalosa producto de la falta de controles, sino que la administración porteña tomó la decisión de abandonar la pelea por cobrar impuestos en función de las fabulosas ganancias que arrojan las maquinitas.
 
Los fuertes nexos entre macristas y cristinistas se extienden, además, al puñado de empresas que controlan el negocio de la obra pública, muchas de ellas involucradas en todo tipo de escándalos por casos de sobreprecios y pago de coimas.
 
Ojalá, antes de las PASO del 9 de Agosto, los principales candidatos le demuestren a la gente, con hechos concretos, que estamos equivocados.
 
La Opinión Popular
04-07-2015 / 08:07
03-07-2015 / 18:07
03-07-2015 / 12:07
 
El "ni-ni" Máximo Kirchner está dando sus primeros pasos de campaña como precandidato a Diputado Nacional. Este jueves se inauguró en Río Gallegos el Ateneo Néstor Kirchner. El acto estuvo encabezado por Máximo y participaron Daniel Scioli, Carlos Zannini y la tía Alicia. Cristina envió a la Gendarmería para asegurar la realización del evento sin problemas porque en el lugar se vive un conflicto municipal. Gracias mamá.
 
Pero a pesar de que el hijo presidencial era el centro de atención y el acto era en la provincia donde será candidato a Diputado Nacional no dio ningún discurso como si lo hicieron el resto de los invitados. Uno de los padecimientos más temibles en el marco de las relaciones personales, es el llamado miedo escénico o pánico escénico, estado inhibitorio que reduce la efectividad comunicacional e impide el despliegue de las capacidades expresivas potenciales de los afectados.
 
Para justificar el silencio de Máximo, Zannini se apresuró a aclarar: "Esto no es el lanzamiento de la candidatura de Máximo". Luego, criticó a los medios y los acusó de "tergirversar" el verdadero motivo del acto. "Máximo va a ser candidato a diputado nacional por la provincia de Santa Cruz, y tiene todo el derecho a cualquier candidatura, incluida una por la provincia de Buenos Aires como diputado si así lo quisiera", prosiguió.
 
Más tarde, vino el turno de la chupada de medias por parte de Scioli, quien afirmó: "Máximo quiero decirte que aprendí a respetarte, a quererte, a comprenderte, a ponerme muchas veces en tu lugar". Y agregó: "No vas a dejar las convicciones en la puerta del Congreso, te merecés lo mejor".
 
A esta altura del partido, no podemos descifrar qué secretos se esconden detrás del laconismo de Máximo Kirchner, ni estamos habilitados para dictaminar si es la modalidad expresiva de un espíritu hondamente reflexivo o la medida de su riqueza en pensamientos.
 
La Opinión Popular

03-07-2015 / 11:07
El primer gran caudillo popular de la Argentina del siglo XX, don Hipólito Irigoyen, fue también el primer Presidente argentino elegido por sufragio popular tras la promulgación de la Ley Sáenz Peña, que estableció entre otras cosas el voto popular obligatorio.

El irigoyenismo fue un movimiento popular de masas que expresaba la primera generación de hijos de inmigrantes, la tradición federal de las provincias del interior y a gran parte del naciente proletariado industrial, que buscaban el desarrollo del país, frenado por la alianza de la aristocracia latifundista y el Imperio Británico.
 
Su triunfo democrático en 1916 encarnó las esperanzas de progreso de todo un pueblo, que eligió a su partido, la Unión Cívica Radical, con el 45,6% de los votos.

En 1928, Irigoyen fue reelegido Presidente de la Nación, tras ganar las elecciones con 839.140 votos (el 57,4%), a los 76 años. Pero no pudo concluir con el mandato que el pueblo le había otorgado, pues los conservadores impulsaron su caída argumentando su avanzada edad.
 
La depresión de 1929 terminó de debilitar su gobierno y finalmente cayó derrocado en 1930 por los sectores más concentrados del poder oligárquico terrateniente, en el primer golpe militar del siglo XX.
 
Después de su derrocamiento, fue detenido y confinado reiteradamente en la Isla Martín García. El 3 de julio de 1933 Irigoyen, a los 80 años de edad, falleció en Buenos Aires, en la misma austeridad en la que vivió toda su vida.
 
Al día siguiente, unas 200.000 personas siguen el cortejo fúnebre y más de medio millón lo observan, en uno de los funerales más multitudinarios de la historia de Buenos Aires.
 
Por Carlos Morales

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