La Opinión Popular
                  18:55  |  Martes 04 de Agosto de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Hoy es más fácil comprar droga que comprar un dólar. Las drogas inundan el país, y con ellas todo lo que acompaña al narcotráfico: violencia, crimen organizado, corrupción, extorsión y el dinero sucio”. Ernesto Sanz
Nacionales - 26-02-2012 / 18:02
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 26/02/1944 EDELMIRO J. FARRELL NOMBRA AL CORONEL JUAN DOMINGO PERÓN COMO MINISTRO DE GUERRA

El Coronel Perón, Ministro de Guerra de la Revolución del 43

El Coronel Perón, Ministro de Guerra de la Revolución del 43
El coronel Juan Perón es designado ministro de Guerra y hasta Mirtha Legrand (detrás de Perón, al lado de Mecha Ortiz) aplaude. ¿Era compañera?
La Revolución del 43 fue el movimiento militar, producido el 4 de junio de 1943, que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón S. Castillo, poniendo fin a la llamada "Década Infame", un período de gobiernos autoritarios, ilegítimos y corruptos, signados por la trampa electoral sistemática, la represión a opositores, la proscripción del yrigoyenismo y la entrega económica de la Patria. 
 
El Coronel Juan Perón no ocupó cargos importantes de poder en el gobierno hasta fines de 1943, cuando asumió la Secretaría de Trabajo. El 26 de febrero de 1944, Edelmiro J. Farrell nombra a Perón como Ministro de Guerra.
 
Los gobiernos militares que resultaron de la revolución terminaron con la vieja argentina oligárquica, semicolonial y dependiente y culminaron con la asunción del gobierno electo democráticamente de Juan Perón, el 4 de junio de 1946. En su transcurso emergió la figura del entonces coronel Perón originándose el peronismo.
 
La Opinión Popular
Producida la Revolución del 43 Perón se desempeñó como secretario privado del Ministro de Ejército, a las órdenes del general Edelmiro Farrell y también como su vicepresidente.
 
El poder y la influencia creciente de Perón dentro del gobierno militar provino de su alianza con un sector del sindicalismo argentino, principalmente con las corrientes sindicales socialista y sindicalista revolucionaria. Producido el golpe, un sector del movimiento obrero, principalmente el socialista de la CGT Nº1, a través del dirigente mercantil socialista Ángel Borlenghi y el abogado ferroviario también socialista Juan Atilio Bramuglia, decidió entablar contacto con los coroneles Perón y Domingo Mercante.
 
Las conversaciones establecieron una alianza inicial de sanción de leyes laborales reclamadas largamente por el movimiento obrero, fortalecimiento de los sindicatos y del organismo estatal que regulaba las relaciones laborales. (Baily, 84; López, 401).
 
El plan elaborado entre Perón y Mercante y los sindicatos incluía acceder al por entonces poco influyente Departamento Nacional de Trabajo. Perón maniobró dentro del gobierno para que se lo designara al frente de esa repartición y aprovechando el cierre del Congreso Nacional, puso en vigencia por decreto un gran número de leyes de corte social que desde décadas habían sido presentadas por los diputados socialistas (siendo el más renombrado de ellos Alfredo Palacios) en el parlamento argentino y eran sumariamente vetadas por las mayorías conservadoras. La sanción de tales medidas le valió hacerse de poderosos enemigos entre los industriales, ganaderos y comerciantes.
 
Sin embargo la posición de Perón dentro del gobierno militar, lejos de debilitarse, se fortaleció gracias al apoyo de un creciente número de sindicatos que apoyaban su gestión que, a su vez, iban tomando conciencia de su verdadero poder como factor de presión pública.
 
Poco después obtuvo que el Departamento de Trabajo fuera elevado al rango de Secretaría de Trabajo. Con el apoyo de una parte importante del movimiento obrero, empezó a desarrollar gran parte del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 extendiendo la indemnización por despido a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiadas con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista; se creó el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohibieron las agencias privadas de colocaciones y se crearon Escuelas Técnicas orientadas a obreros. En 1944 se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a más de 1.400.000 obreros y empleados y en 1945 otros 347 para 2.186.868 trabajadores.
 
En ese marco los sindicatos comenzaron un período de gran crecimiento, y lo que fue aún más decisivo, comenzaron a afiliar masivamente a los "nuevos" trabajadores, los que estaban migrando masivamente a la ciudad desde el interior del país y países limítrofes, que eran llamados "morochos", "grasas" y "cabecitas negras" por las clases medias y altas, y los propios trabajadores "viejos" descendientes de la inmigración europea.
 
Poco después algunos sindicatos (especialmente los de ideología anarquista y comunista) que se habían mantenido alejados, la CGT Nº1, la USA y los gremios autónomos, comienzan a unificarse en torno de la Secretaría de Trabajo.
 
Pero en sentido contrario, en septiembre de 1945, cuatro importantes sindicatos se separan de la CGT: La Fraternidad, la Unión Obrera Textil, la Confederación de Empleados de Comercio y el Sindicato del Calzado. Frente a los dirigentes sindicales y sindicatos que no apoyaban la alianza sindical con Perón y Mercante, se impulsó una política de sindicatos paralelos.
 
La respuesta de Perón y de su colaborador Domingo Mercante a tal desafío se tradujo en otorgar mayores beneficios a los sindicatos que los apoyaban y quitarle personería jurídica a los gremios opositores, lo que implicaba paradójicamente una seria violación a los derechos del trabajador.
 
Pero la estrategia de Perón para acumular poder no se limitaba a establecer alianzas con el movimiento obrero sino que se extendía también a los partidos políticos, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas.
 
La tensión política iba en aumento con frecuentes bataholas entre los bandos en conflicto. Esta situación fue la excusa utilizada por la facción del Ejército Argentino, contraria a Perón, para presionar al Presidente Farrell y obtener el desplazamiento definitivo del coronel. Farrell, se inclinó por quitarle el apoyo a Perón y permitir el ascenso del grupo militar antagónico, encabezado por el general Ávalos.
 
Pidió y obtuvo de Perón la renuncia a todos sus puestos el 9 de octubre de 1945 y, para mayor seguridad, decidió su encarcelamiento en la Isla Martín García. Al conocer la noticia del destino de Perón, los sindicatos comenzaron a movilizarse, temiendo que el alejamiento de su líder derivara en la eliminación de todos los beneficios sociales obtenidos.
 
Comienza así, el histórico 17 de octubre.
 
Fuente: Wikipedia
Agreganos como amigo a Facebook
04-08-2015 / 17:08
04-08-2015 / 08:08
 
Cristina Kirchner no tiene el beneficio de la duda. Por razones que sólo ella conoce, luego de haber transitado un tortuoso recorrido para sacarse de encima a Aníbal Fernández, en diciembre del año pasado volvió sobre sus pasos y lo reincorporó al gabinete. Ahora paga el costo de esa decisión.
 
Y la factura le llega en el peor momento, cuando los presidentes se miran en el bronce y empiezan a fantasear sobre cuál será su "legado". Narcotráfico, crímenes mafiosos, corrupción, son algunos de los aportes que el regreso de Aníbal, ahora como jefe de Gabinete, le ofrenda a su despedida del poder.
 
Entre todas las contradicciones de Cristina, acaso las más flagrantes puedan encontrarse no sólo en la economía, sino también en su política de seguridad. Luego de la muerte de Néstor Kirchner, la Presidenta inició un viraje "ideológico" que alejó a su Gobierno del pragmatismo del ex presidente para embarcarse en declaraciones de principios que poco se preocupaban por el marco de la realidad.
 
En una de sus horas más brillantes, luego de conseguir la reelección por más del 54 por ciento, Cristina acaso se sintió liberada de los compromisos de la realpolitik que cultivaba su difunto esposo y coronó una faena que le venía costando sangre, sudor y lágrimas: El desplazamiento de Aníbal Fernández del gabinete nacional. Tan difícil era la tarea que tuvo que ofrecerle el puente de plata de una banca de senador nacional, cuyo mandato excedía el suyo.
 
¿Por qué volvió Aníbal? ¿Se vio Cristina débil y entendió que necesitaba a alguien que hiciera lo que había que hacer? Son decisiones. Pero si hay una persona en el mundo que no puede sorprenderse por este lodo en el que su jefe de Gabinete sumergió al Gobierno, es ella. Después de todo era el final más previsible, aquel que en el 2011 quiso evitar y por esas paradojas propias de los humanos, terminó abrazando.

04-08-2015 / 07:08
 Era una guerra fría entre los precandidatos K a gobernador bonaerense, con retóricos misiles como amenaza de escalada. Pero desde la emisión del programa "Periodismo para Todos" denunciando una conexión entre Aníbal Fernández con el triple crimen de General Rodríguez, la pelea entre Aníbal F. y Julián Domínguez ya no tiene vuelta atrás, con final abierto y sin concesiones.
 
Como declaración de guerra, el primero en iniciar las hostilidades fue Aníbal F. en su conferencia de prensa matutina, que derivó de la clásica defensa oficial a una personal, intentando desacreditar los testimonios que lo involucraron en el tráfico de efedrina: Martín Lanatta, condenado a cadena perpetua por el crimen de 2008, y José Luis Salerno, implicado en la causa.
 
Aníbal F. sentenció: "Es una agresión lisa y llana, financiada por la millonada que pusieron mis contrincantes en las PASO". A esa hora, un banner con el rostro de Domínguez aparecía en la home de Clarín.com. Obvio: no aclaró que el presidenciable de ambos, Daniel Scioli, también pauta en medios críticos.
 
Con una tenue defensa, como mera formalidad (al compararla con el resto del arco oficialista ultra K), Domínguez se sumó al coro. "Lamento y me duele esta situación. Ahora el hecho de que Aníbal sea víctima de una operación de prensa no lo habilita a acusarme a mí", reprochó un Domínguez, visiblemente enojado.
 
Domínguez contó que llamó dos veces ayer a Aníbal F. pero nadie lo atendió, contactos que el quilmeño niega. Esa fue la declaración de guerra. "Voluntaria o involuntariamente hizo el eje de la campaña con el tema narcotráfico, formó parte de la operación", apuntan sus contrincantes, los más benévolos.
 
Con la excepción de Cristina Fernández, en silencio por su faringitis, el dispositivo K salió a respaldar a Aníbal F. Los funcionarios, el bloque del FpV de Diputados y hasta el PJ nacional denunciaron una "campaña de difamación". Faltó el PJ bonaerense, en manos de Espinoza. El respaldo del Scioli fue genérico, cuando le preguntaron si era una "operación de prensa": "No tengo dudas, es evidente que temas que llevaban años irrumpen de esta manera", comentó.
 
La denuncia a Fernández por el crimen de tres empresarios ligados al tráfico de efedrina tiene tres mensajes. El primero es para el propio Aníbal F.: debe hacer todo lo que esté a su alcance para aclarar la cuestión y reclamar que la Justicia ratifique su inocencia. Si se trata (como alega Fernández) de una operación para perjudicarlo electoralmente, deberá facilitar el accionar judicial.
 
El segundo mensaje es para Cristina, quien deberá demostrarle a la sociedad que nada tuvo que ver con aquellas muertes de empresarios que habían colaborado financieramente con su campaña electoral en el 2007. La política K contra el narco ha sido errática e ineficaz.
 
Y el tercer mensaje es para los candidatos presidenciales. El episodio desnuda el avance del narcotráfico en la Argentina. Quienes quieren conducir el país deben ser muy claros en sus propuestas para combatir este flagelo y establecer una política de Estado contundente.
 
La Opinión Popular

03-08-2015 / 21:08
03-08-2015 / 20:08
 
En medio de la pelea con los fondos buitre y las diatribas de Axel Kicillof contra la usura y los organismos internacionales de crédito, un informe realizado por el sitio web Eliminando Variables, muestra cómo el ministro estrella de la administración de Cristina Kirchner, durante los endemoniados años '90 ejercía funciones de prestamista y tal como los Kirchner en los años '70 y ´80 en Santa Cruz, pidió ejecutar una vivienda para hacerse con el dinero adeudado.
 
Según relata en su investigación el portal periodístico, en septiembre de 1993, el actual niño mimado K junto a la empresaria Susana Kantor, le prestaron al matrimonio conformado entre Julio César Moreno y María Alejandro Gauna la suma de 6.300 dólares, US$ 2.060 por parte de Kicillof y US$ 4.240 por Kantor, quienes presentaron en garantía una propiedad ubicada en la localidad de Tres de Febrero.
 
Al revés de lo que suele hacer en los atriles cuando confronta con los grandes organismos de crédito, en el acuerdo firmado con la familia Moreno, un claro ejemplo de usura por parte del prestamista, se establecía que de no pagarse el monto de la deuda se procedería a ejecutar la propiedad en garantía, y que los habitantes del mismo tenían 15 días para entregarlo en condiciones.
 
Como puede verse, la investigación hecha por Eliminando Variables deja en claro la pasión de Kicillof por el vil metal verde, al que tanto defenestra en sus discursos hoy día, y que evidencian un pasado oscuro como prestamista y usurero muy lejos del personaje "nacional y popular" que busca enarbolar el falso relato oficial.

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar