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Internacionales - 21-02-2012 / 20:02
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 21 DE FEBRERO DE 1934 ES ASESINADO AUGUSTO CÉSAR SANDINO, EL GENERAL DE HOMBRES LIBRES

Sandino, héroe de la resistencia nicaragüense contra el imperialismo yanqui

Sandino, héroe de la resistencia nicaragüense contra el imperialismo yanqui
El general Sandino (en el centro) en un viaje a México.
Augusto Nicolás Calderón Sandino fue un patriota y revolucionario nicaragüense. Es Héroe Nacional de Nicaragua y junto con el poeta Rubén Darío constituyen la máxima expresión de la nacionalidad nicaragüense. Es llamado «General de Hombres Libres». Sus acciones y enseñanzas fueron la base ideológica para la fundación, años más tarde, del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) por Carlos Fonseca Amador.
 
Fue un líder de la resistencia nicaragüense contra el ejército de ocupación estadounidense en Nicaragua. Tras la retirada de las fuerzas estadounidenses, fue asesinado a traición por el general Anastasio Somoza García, jefe director de la Guardia Nacional (creada por Estados Unidos) quien tenía un proyecto político personal para el que Sandino era un obstáculo.
 
Fue asesinado junto con sus lugartenientes Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor por miembros de la Guardia Nacional el 21 de febrero de 1934 en Managua. Ese mismo día fue asesinado su hermano Sócrates Sandino en un enfrentamiento en la casa de Sofonías Salvatierra. Santos López otro de sus lugartenientes logro salvarse defendiéndose a tiros y saltando los techos de las casas vecinas.
 
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Augusto César Sandino
 
Nació en el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. Su madre fue una humilde campesina llamada Margarita Calderón, que se desempeñaba como doméstica y obrera agrícola; su padre fue Gregorio Sandino, un mediano propietario, productor agrícola.
 
Su infancia transcurrió al lado de su madre; ahí conoció y sufrió toda clase de miserias y privaciones. A los once años pasó a vivir a casa de su padre.
 
En plena adolescencia Sandino fue testigo de la primera gran intervención militar del imperialismo norteamericano en Nicaragua que culminó con el asesinato del general Benjamín Zeledón.
 
"Era yo un muchacho de 17 años y presencié el destace de nicaragüenses en Masaya y otros lugares de la República, por las fuerzas filibusteras norteamericanas. Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, quien fue sepultado en Catarina, pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella."
 
A la edad de 20 años Sandino deja la casa de su padre para buscar la manera de hacer su vida por sí mismo, y así recorre haciendas y plantaciones trabajando como ayudante de mecánica, volviendo más tarde a Niquinohomo para dedicarse al comercio de granos. Posteriormente, Sandino sale hacia Honduras, empleándose en La Ceiba como guardalmacén del Ingenio Montecristo, propiedad de la Honduras Sugar and Distilling Company.
 
En el año 1923 deja Honduras y llega a Guatemala, donde se coloca en las plantaciones de la United Fruti Company en Quiriguá; ese mismo año sigue su viaje hacia México, donde comienza a trabajar en Tampico para la South Pennsylvania Oil Company. En 1925 pasa al campamento de la Huasteca Petroleum Company, en Cerro Azul, estado de Veracruz, donde permanece hasta su regreso a Nicaragua en junio de 1926.
 
Estando en México, Sandino se vincula con líderes sindicales, obreros, militantes socialistas, anarquistas y masones. Es ahí donde conoce las luchas sindicales, la agresión yanqui contra México por el control de los yacimientos petroleros, de la propia Revolución Mexicana y, en fin, del progreso de las luchas de la clase trabajadora.
 
"...en vista de los abusos de Norteamérica en Nicaragua, partí de Tampico, México, el 18 de mayo de 1926 -en donde me encontraba prestando mis servicios materiales a la compañía yanqui- para ingresar al Ejército Constitucionalista de Nicaragua, que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra república."
 
A su regreso a Nicaragua, el país se encontraba sacudido por una guerra civil, llamada Constitucionalista, resultado de la lucha entre los liberales y conservadores por el control del poder político. En esta guerra, los conservadores, una vez más, habían solicitado la intervención yanqui para mantenerse en el poder.
 
Dentro de ésta guerra, Sandino aparece como una nueva fuerza que representa las aspiraciones populares contra la dominación que casi dos décadas había ejercido el imperialismo norteamericano en Nicaragua.
 
 
ACUERDO SOBRE LOS TRAIDORES DE LA PATRIA
 
"Son traidores a la Patria: Todo nicaragüense que con miras políticas trafique con la honra de la nación, solicitando apoyo oficial de los invasores de la patria, así como el gobierno de la Casa Blanca... El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la soberanía nacional."
 
Ya en Nicaragua, se emplea en el mineral de San Albino en donde logra constituir, con algunos mineros, la primera célula sandinista con la que daría inicio a su propia batalla dentro de la Guerra Constitucionalista.
 
El primer combate se da en El Jícaro. La falta de experiencia de la columna sandinista, la escasez y pésima calidad de las armas harían que sufrieran una derrota, pero aquella pérdida sólo serviría para reafirmar su vocación de lucha.
 
Posteriormente, Sandino reagrupa a su gente y, después de dejarla bajo seguro en el cerro El Chipote, se dirige con unos pocos hombres hacia la Costa Atlántica donde estaba el grueso de las tropas liberales, viajando en pipantes sobre el Río Coco, en medio de la selva, en una travesía de muchos días y de muchas penalidades que no podía realizarse sin la ayuda de los indígenas zambos y misquitos que pueblan la zona. Soldados sandinistas durante la guerra, esos indígenas formarían una eficiente aunque primitiva marina de guerra con pipantes, llevando por el río guerrilleros, municiones y alimentos.
 
El 14 de mayo de 1927, el imperialismo norteamericano puso fin a la Guerra Constitucionalista, haciendo que liberales y conservadores firmaran el pacto de El Espino Negro, donde se plantea el desarme general, la creación de la Guardia nacional (GN) y la supervisión de las elecciones por parte de los marines, terminándose así con las hostilidades.
 
Sandino es el único de los generales que rechaza la imposición yanqui y decide continuar la lucha hasta expulsar a los marines, teniendo que enfrentarse a traidores e invasores, en una larga lucha de liberación nacional.
 
"Ya en el teatro de los acontecimientos me encontré con que los dirigentes políticos, conservadores y liberales son una bola de canallas, cobardes y traidores, incapaces de poder dirigir a un pueblo patriota y valeroso."
 
El 1ro. De julio de 1927, Sandino lanza su primer manifiesto:
 
"A los nicaragüenses, a los Centroamericanos, a la Raza Indohispana. ...ante la patria y ante la Historia, juro que mi espada defenderá el decoro nacional y dará la redención a los oprimidos. Acepto el reto del cobarde coloso invasor y de los traidores a la Patria. Nuestros pechos serán murallas donde se estrellen sus hordas, pues tengo la firme convicción de que cuando hallan matado al último de mis soldados, más de un batallón de los de ellos habrá mordido el polvo de mis agrestes montañas."
 
El día 16 de julio de 1927, Sandino atacó la ciudad de Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia, protegida por una guarnición de marines; con aquella batalla, que duró desde las horas del amanecer hasta la tarde, el mundo sabía que la guerra de liberación había comenzado.
 
"Cuando murió (Coronel Rufo Marín), era jefe de mi Estado Mayor, pero sin grado oficial, porque apenas estábamos comenzando. Murió en la primera batalla que tuvimos en el Ocotal, peleando como un león, al frente de su columna, en el asalto al cuartel de los marinos, el 16 de julio de 1927. Fue mi primer brazo derecho y gran alentador. Lo sentí inmensa y fraternalmente."
 
El día 2 de septiembre de 1927, Sandino y sus hombres suscriben el documento oficial de constitución del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
 
El número de efectivos del Ejército Defensor varió, de entre 2000 a 6000 soldados que llegó a tener en la época de expansión más grande de sus operaciones, en 1930-1932. Sus columnas estaban bajo el mando cada una de un general, y cada una tenía a su cargo un área territorial de operaciones militares, organización civil y paramilitar, recolección de impuestos, lo mismo que para la organización de la producción agrícola.
 
En esas áreas llegaron a funcionar escuelas de primeras letras para los soldados y los campesinos. En los cuarteles de la montaña había también niños huérfanos de guerra, que se les conocía como el "Coro de Angeles". Asistían a las emboscadas, y su papel consistía en dar gritos, vivas y hacer toda clase de ruidos, dando unas veces la impresión de que el número de sandinistas era mayor, y otras, que llegaban refuerzos. Estos niños, cuando crecían, llegaban a ser soldados regulares y debían conquistar su propio fusil, como el caso del coronel Santos López.
 
"Nuestro ejército es el más disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo terrestre, porque tiene conciencia de su alto papel histórico."
 
"Nuestro ejército, por la magnitud de su lucha, constituye una autoridad moral continental."
 
Combatientes internacionalistas acudieron al llamado de la lucha antiimperialista de Nicaragua; intelectuales, estudiantes y obreros llegaban de distintos puntos de América Latina hasta Las Segovias a prestar servicio militar; los hubo de México, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Republica Dominicana, Venezuela, Colombia, Honduras. Algunos como soldados de línea, otros sirvieron en el Estado Mayor como secretarios de Sandino; varios allí murieron.
 
"El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes." Carta de Sandino a Blanca Aráuz.
 
"Los actos de heroísmo de las mujeres que colaboraron en el ejército, no sólo son muchísimos, sino que además las mayoría requieren largas historias para explicar los sacrificios que sufrieron y los peligros que enfrentaron por amor a la patria y todas, campesinas, maestras de escuelas, enfermeras, amas de casa y aún señoritas de sociedad, rindieron servicios sin los cuales nuestra guerra no habría sido posible."
 
Para hacer frente a aquellas perspectivas de una guerra larga, Sandino sabe que necesitará mucho mas recursos de los que tiene, ya que sus armas son los pocos rifles anticuados de la pasada guerra civil, o los que se recuperan a los marines en las emboscadas y combates.
 
Por eso decide, en enero de 1929, escribir al presidente de México, Emilio Portes Gil, pidiéndole la autorización de viajar hacia allá, llevando en mente buscar personalmente la ayuda que necesita, ya que los comités más entusiastas de apoyo a la lucha están en México.
 
En mayo de 1929, Sandino sale hacia Honduras en viaje a México, arribando en 28 de junio al puerto de Veracruz, donde es recibido por una miltitud. Va acompañado por sus lugartenientes que pertenecen a las brigadas internacionalistas: Farabundo Martí, Rubén Ardila Gómez, José de Paredes, Gregorio Gilbert. Allí se les juntaría también su hermano Sócrates, quien llegaba de Estados Unidos, donde había participado en los mitines sandinistas en Nueva York.
 
Sandino definió así el carácter de su lucha:
 
"Este movimiento es nacional y antimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás en el terreno social, este movimiento es popular..."
 
Durante el período de 1927 a 1932, Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua libraron más de 500 heroicos combates.
 
"De esta manera sangrienta, han sido una vez más castigados los asesinos extraños y los patricidas que durante tanto tiempo han humillado la soberanía de amada Nicaragua."
 
Después de haber derrotado la intervención militar norteamericana y dadas las condiciones internas e internacionales que existían, Sandino decide el 2 de febrero de 1933 firmar un Convenio de Paz con el presidente Sacasa, sin que esto significara que hubiera abandonado su programa de lucha.
 
"La paz se firmó para evitar el regreso de la intervención armada que apenas estaba detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año... Ese es el secreto por el cual no salgo del Norte, para estar pendiente de todos los momentos en que se presente la oportunidad de restaurar también nuestra independencia política-económica."
 
Después de firmado el convenio, Sandino viaja varias veces a Managua a entrevistarse con Sacasa para discutir las violaciones que ha dicho convenio hacía la Guardia Nacional, asesinando y persiguiendo a los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
 
La noche del 21 de febrero de 1934, cuando Sandino regresaba de la casa presidencial, después de haber hablado con el presidente Sacasa, es detenido frente al cuartel del Campo de Marte por una patrulla de la Guardia Nacional. Don Gregorio Sandino y Sofonías Salvatierra son conducidos a prisión, mientras que los generales Sandino, Estrada y Umanzor son llevados al lugar de su ejecución, siendo fríamente asesinados a los pocos minutos. La orden del imperialismo y del jefe director de la GN, Anastasio Somoza García, había sido cumplida.
 
Aquellos que creyeron que con el asesinato de Sandino perecía una línea política, militar e ideológica, estaban equivocados; el sandinismo se hallaba arraigado en la conciencia de nuestro pueblo, buscando completar la obra iniciada por el Padre de la Revolución Popular y Antiimperialista. Es así como surge el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, heredero y continuador del programa popular y antiimperialista del general Sandino.
 
Fuente: Congreso Bolivariano de los Pueblos

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10-02-2016 / 18:02
La Segunda Guerra Mundial, desatada por las potencias imperialistas, arrastró a los pueblos de Europa y de Asia, criminalmente invadidos, a una sangrienta lucha de liberación. Casi a fines de la Guerra, del 4 al 11 de febrero de 1945, se realizó la Conferencia de Yalta, donde las potencias se dividieron el mundo en dos grandes esferas de influencia: una bajo la hegemonía yanqui y otra bajo la soviética.
 
Fue una reunión que mantuvieron el dirigente británico Winston Churchill, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt y el líder soviético Joseph Stalin, como jefes de gobierno del Reino Unido, de Estados Unidos y de la URSS, respectivamente. Charles De Gaulle trató de que Francia fuera incluida en la Conferencia con escaso éxito. Roosevelt se negó a incluir a un país que había sido liberado por los anglosajones, aduciendo que su líder,De Gaulle, no había sido elegido por su pueblo.
 
En Yalta se acordó la división del mundo en dos esferas de influencia, una capitalista y la otra soviética. Además, decidieron el reparto del territorio europeo al final de la Segunda Guerra. Entre otras cosas, se acordó la división de Alemania en cuatro zonas que quedarían bajo el dominio de los países aliados, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y URSS. Posteriormente, la división daría lugar a las dos Alemanias: una soviética y la otra producto de la unión de los otros tres territorios.
 
Así, la parte oriental de Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, Albania, Rumania y Bulgaria se convertían en regímenes de democracia popular. En ese amplio ámbito físico, solamente una Grecia sumida en una cruenta guerra civil seguía integrada en el que comenzaba a denominarse "Mundo Libre". Esto llevaría a un mundo bipolar donde el comunismo y el capitalismo se enfrentan. Comenzaba la Guerra Fría.
 
Así, la II Guerra culminó en la derrota del fascismo, la formación de dos bloques de países, uno imperialista y el otro socialista, y el comienzo de la lucha por su soberanía de muchos pueblos coloniales y dependientes.
 
La Opinión Popular

06-02-2016 / 19:02
05-02-2016 / 17:02
01-02-2016 / 20:02
La Invasión soviética de Afganistán (1978-1992) fue la primera fase del extenso conflicto de la Guerra civil afgana, que transcurrió entre el 24 de diciembre de 1979 y el 2 de febrero de 1989, tiempo en el que se enfrentaron las fuerzas armadas de la República Democrática de Afganistán (RDA) apoyadas por el Ejército Soviético contra los insurgentes muyahidines, grupos de guerrilleros afganos islámicos apoyados por numerosos países extranjeros, destacando Estados Unidos, quien apoyó a los insurgentes con ingentes cantidades de armas y dinero. El conflicto está considerado como parte de la Guerra Fría.
 
El conflicto comenzó en 1978, cuando tuvo lugar la Revolución de Saur, que hizo de Afganistán un Estado Socialista gobernado por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). Fue entonces cuando el gobierno de Estados Unidos inició la «Operación Ciclón» en el contexto de la Guerra Fría, suministrando armas y una amplia financiación a los rebeldes islámicos muyahidines que desestabilizaron el país hasta tal punto que menos de un año después el Consejo Revolucionario solicitó la intervención del Ejército Soviético.
 
Las fuerzas soviéticas depusieron y asesinaron de manera inmediata al presidente de la RDA Hafizullah Amin, quien previamente había mandado ejecutar de manera arbitraria al anterior presidente y líder de la revolución Nur Mohammad Taraki. La intervención produjo un resurgimiento de los guerrilleros muyahidines, que aún estando divididos en varias facciones se embarcaron en una larga campaña contra las fuerzas soviético-afganas, respaldados por los suministros y el apoyo logístico y financiero de naciones como Estados Unidos, Pakistán, Irán, Arabia Saudí, China , Israel o el Reino Unido.
 
Después de más de nueve años de guerra, los soviéticos se retiraron en 1989 después de la firma de los Acuerdos de Ginebra entre Pakistán y la RDA. No obstante, los enfrentamientos entre insurgentes y las tropas del gobierno continuaron hasta abril de 1992, cuando la disolución de la URSS provocó el colapso económico del país y los fundamentalistas pudieron establecer el Estado Islámico. El conflicto es conocido popularmente como el Vietnam de la URSS.

La Opinión Popular

31-01-2016 / 17:01
Agustín Farabundo Martí fue un auténtico revolucionario internacionalista que arremetió contra la reacción salvadoreña y contra el imperialismo yanqui opresor.
 
En defensa de los trabajadores, Martí actuó valiente y decidido cuando la lucha de clases era difícil y explosiva. Encarcelado varias veces, varias veces se puso en huelga de hambre y varias veces fue expulsado del país, pero siempre estuvo presente en la lucha.
 
Farabundo Martí pertenece a la constelación de las grandes figuras empreñadas en transformar la sociedad latinoamericana. Fue fundador del Partido Comunista de Centro América y mostró en los hechos su arrojo antiimperialista, tanto con el fusil como con la pluma, habiendo obtenido el grado de Coronel, en el Estado Mayor Internacional del patriota Augusto Cesar Sandino, y Secretario Privado del héroe nicaragüense.
 
En 1932, el Comité Central del Partido Comunista Salvadoreño (PCS) decidió preparar un levantamiento popular contra el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez. La insurrección se inició el 22 de enero, y se extendió por la zona occidental del país. Los campesinos lograron tomar algunos cuarteles pero estaban mal armados y carecían de un plan estructurado. La insurrección fue aplastada por el ejército del presidente Martínez, con una fuerte represión que, en pocas semanas, provocó entre 15.000 y 30.000 muertos.
 
Farabundo y otros líderes del PCS fueron arrestados, y el 1 de febrero, ejecutado por un escuadrón del ejército salvadoreño. Pero, dicen los centroamericanos, que Farabundo no murió ese día, hoy vive y será siempre la inspiración y guía de los revolucionarios que buscan la transformación total de El Salvador y la Centroamérica toda.
 
Carlos Morales

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