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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Por Diego Genoud - 27-02-2017 / 11:02
"NO DESCARTARÍA UN ESCENARIO DESASTROSO" DIJO EL INVESTIGADOR PRINCIPAL DEL CONICET

Carlos H. Acuña: "El radicalismo va a terminar pagando un precio muy alto por su alianza con Macri"

Carlos H. Acuña:
Carlos H. Acuña.
"Hay una tensión dentro del oficialismo entre intereses particulares e intereses sociales de una minoría -casi de clase- que han aterrizado directamente para manejar el Estado, algo que se suponía no era necesario. No descartaría un escenario desastroso pero tampoco que se hagan correcciones y se prioricen la construcción política y los acuerdos sociales", dice el politólogo Carlos H. Acuña.
 
Investigador principal del CONICET, doctorado en la Universidad de Chicago y director del Programa Estado y Políticas Públicas de la Universidad de San Martín, Acuña sostiene que hay tres brechas notorias entre las promesas de Cambiemos y la realidad: en la economía, en las instituciones y en la eficiencia.
 
Pese a eso, este reconocido especialista que compiló en los últimos años tres libros sobre Estado e instituciones afirma que hoy en Argentina el escenario sigue abierto porque el oficialismo -que expresa a los "huérfanos de la política"- aprendió a comprar la paz social. "Ha vuelto la noción del empate social en la lucha política y estamos de nuevo en los ciclos de stop and go. Pero eso ya no afecta la estabilidad del régimen democrático y no es menor", remarca.
 
¿Cómo evalúa desde hoy el triunfo de Cambiemos?
 
En el contexto largo de estabilidad democrática y estabilidad institucional, se rompieron juntas las dos grandes leyes de hierro de la historia argentina de los últimos 70 años: en elecciones libres y transparentes gana el peronismo y la centroderecha no puede ganar liderando una coalición. Macri logra llegar al gobierno liderando una coalición. Pasó algo que no podía pasar, se corrieron los límites de factibilidad en la política argentina y esto abre escenarios impensados.
 
¿Cuáles serían?
 
Cambiemos aparece como un actor con novedades. Nos muestra una centroderecha que incorpora los viejos votantes de centroderecha y de derecha, pero también una nueva generación mucho más pragmática, más comprometida con el juego democrático, con disposición a la transversalidad, al pragmatismo y al acuerdo con sectores peronistas, con sectores sindicales y con movimientos sociales. En el primer año, la disposición del gobierno a negociar fue una de las grandes sorpresas: eso le permitió administrar con bastante eficiencia la minoría con la que cuenta en el Congreso. Cambiemos incorpora a los "huérfanos de la política", de los que habló Juan Carlos Torre. Ahora tienen representación y ganan elecciones.
 
Las tres brechas
 
Cambiemos gana con la promesa de fortalecer las instituciones, el tema que usted abordó en sus últimos libros.
 
Sí, Cambiemos muestra tres brechas con respecto a lo que fue su discurso de campaña. La primera tiene que ver con el no crecimiento, 40 % de inflación, recesión, caída del salario real, aumento de la desocupación, todo eso contradice las expectativas de una parte importante de su electorado pero sin embargo se da con estándares de conflicto bastante menores de los que uno hubiera esperado.
 
¿A qué atribuye ese bajo nivel de conflicto?
 
La amenaza del desempleo juega un papel importante. Pero además el gobierno ha mostrado pragmatismo y tiene una serie de recursos de poder: maneja en términos coordinados tres Estados de la envergadura de la Nación, la provincia y la ciudad de Buenos Aires. En un sistema político hiper-presidencialista, son recursos de poder de extrema significación.
 
Esas jurisdicciones implican capacidades estatales y eso es poder político. El otro recurso de poder se lo tiene que agradecer al gobierno anterior y es la capacidad de endeudamiento. El gobierno aprendió a comprar la paz social, una relativa paz social. En democracia, uno distribuye recursos a cambio de paz social, es legítimo.
 
¿Cuáles sería las otras dos brechas?
 
Una tiene que ver con las instituciones, el manejo ético de la cosa pública. La serie de contradicciones de intereses que han surgido entre funcionarios, el propio Presidente, la familia del Presidente ha creado un clima complicado y ha desvalorizado la promesa original que Cambiemos le hizo a una parte importante de la clase media.
 
La tercera brecha es que Cambiemos ganó prometiendo más eficiencia en el Estado, bajo el prejuicio de que el sector privado es más eficiente. En el sector público, no tenés clientes: tenés una relación con ciudadanos que son portadores de derechos y de demandas y muchas veces no tienen capacidad de correrse a una oferta alternativa.
 
Y Cambiemos ha mostrado una gran heterogeneidad en cuanto a la eficiencia, con áreas interesantes como Interior y Desarrollo Social y otras con absoluta incapacidad y desconocimiento de cómo funciona el Estado, que ni siquiera se debe a que se están beneficiando intereses particulares -en ese caso se entendería-, sino a la negligencia.
 
¿Qué pesa más, las decisiones y errores del presente o ese pasado del clan Macri que vuelve?
 
No hay que pensar sólo en Macri sino en Macri como parte de algo más grande. Existe también una cantidad importante de cuadros de alto nivel empresario, llamados CEOS, que están en situación de contradicciones de intereses tan importantes que no se sostendrían en otros regímenes políticos o en otras sociedades.
 
 
Los empresarios
 
¿Qué perspectivas ve para Cambiemos en este año electoral?
 
La cuestión está en proceso. Yo no descartaría un escenario desastroso, con un escándalo de dimensiones que todavía nos cuesta imaginar, pero tampoco descartaría correcciones para ir encaminando la cosa, donde se priorice la lógica de Estado, la construcción política y los acuerdos sociales.
 
Hay una tensión dentro del oficialismo entre los intereses particulares y los intereses sociales de una minoría, intereses casi de clase. Y hay sectores que están muy incómodos. Lo que tiene de fascinante -y también de preocupante- es que las clases más poderosas desde el punto de vista económico dejaron de controlar las políticas públicas a través de la variable inversión y han aterrizado directamente para manejar el Estado. Eso se suponía que estructuralmente no era necesario.
 
¿Cuál es el compromiso real de las elites con un gobierno que parece haber sido diseñado a imagen y semejanza de sus pretensiones?
 
En el plano político, las elites económicas tienen un absoluto compromiso identitario e ideológico con el gobierno de Macri: pase lo que pase, lo van a seguir votando. Ahora, el comportamiento inversor es otra cosa porque ahí entran en juego otras variables y hay que entender la racionalidad empresaria.
 
Como agente de acumulación, la elite económica demanda relativa certidumbre y la pregunta es: más allá de la simpatía hacia Macri ¿hasta qué punto las condiciones que se han creado son suficientes para incrementar la tasa de inversión?
 
Hace falta una tasa de retorno y un nivel de ganancia mínimamente aceptable, el campo lo ha encontrado y está respondiendo en términos productivos. Otros sectores no, tienen lógicamente radicalmente distintas y a veces intereses contrapuestos.
 
 
Las organizaciones sociales
 
En el otro extremo de la pirámide social, las organizaciones sociales se presentan como las garantes de la gobernabilidad. ¿Cuál es su opinión?
 
Es un paso positivo. Es absolutamente cierto que existió un proceso de aprendizaje de que las profundas crisis terminan golpeando sobre todo a los sectores populares. Eso te lleva a respetar los resultados de las elecciones y a coordinar acciones con el Estado, sea quien sea el que esté en el gobierno.
 
La institucionalización de estas organizaciones, la obra social de los trabajadores informales, eso es un salto cualitativo. Y lo han hecho sin abandonar su independencia política, aunque con altos costos políticos porque en la competencia por la organización popular siempre alguien va a gritar la palabra traidor.
 
¿Además del costo político, no existe el riesgo real de convertirse en administradores o gestores de la pobreza ante el gobierno?
 
¡Por supuesto que lo hay! Porque en el momento en que aceptas jugar ese juego más pragmático te arriesgas a hacer un equilibrio difícil de mantener en el tiempo. Y puede ser que se vayan diluyendo los aspectos más radicales de tu identidad para afianzar ese rol de gestor de la pobreza.
 
Ahora bien, yo no creo que exista hoy en la Argentina ninguna estrategia que no implique altos riesgos: si implica bajo riesgo y resultado asegurado, muy probablemente sea de baja calidad, poco impacto y mera supervivencia.
 
¿Cómo ve la relación entre ese peronismo social y el peronismo institucional?
 
Veo dos tensiones distintas, una es la de los políticos peronistas o gobernantes peronistas con aquellos que son cabezas de organizaciones sociales o sindicales. Los que están en posiciones ejecutivas tienen una alta dependencia del ejecutivo nacional. La otra es la que existe entre el sindicalismo que cubre el empleo formal y las organizaciones que están ligadas al empleo informal o a los desocupados.
 
 
Los sindicatos
 
Cambiemos cede ante las organizaciones sociales pero busca avanzar contra los sindicatos con presentismo, productividad y cambios en los convenios colectivos de trabajo.
 
La lucha política en Argentina tiene un aspecto fundamental ligado al tipo de democracia. Se discute si los trabajadores son un actor político colectivo importante a ser representado o si la democracia con una concepción más liberal entiende a los sindicatos fuertes como un factor de debilitamiento de la democracia.
 
Es una discusión no saldada en Argentina, que en este momento se da entre el peronismo y Cambiemos, incluido el radicalismo. Cambiemos busca disciplinar a la fuerza laboral desde una concepción ideológica más liberal y más individualista pero se ve obligado a negociar porque no tiene margen político para otra cosa.
 
¿El enfrentamiento entre Moyano y Cristina dentro del peronismo fue una anomalía entonces?
 
No creo porque la tensión entre los cuadros de gobierno y los cuadros sindicales ha cruzado históricamente al peronismo: es constitutiva del peronismo y es comprensible que se sostenga en un movimiento político de ese tipo, que tiene aspiraciones de gobierno y tiene también demandas sindicales. Más allá de componentes personales o situaciones históricas, esa tensión entre gobernantes y líderes sindicales no es una anomalía.
 
 
Las instituciones
 
En uno de sus libros, habla de los puntos de no retorno que marcó el kirchnerismo. ¿Cuáles serían hoy, con el gobierno de Cambiemos ya avanzado?
 
Primero, las políticas para el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares. Este gobierno o gobiernos conservadores como este no tienen margen para llevar adelante políticas como las que observamos en el pasado.
 
Puede tomar decisiones que afecten a los sectores populares pero hoy se da por el hecho que el Estado tiene un compromiso ligado a los derechos de los más necesitados.
 
Otro punto de no retorno es el reconocimiento de los derechos humanos, resultado de un largo proceso. La condena al terrorismo de Estado es mayoritaria, lo que no quiere decir que no sigan violando los derechos humanos o que el Estado no se pueda dar el lujo de detener a Milagro Sala de una forma ilegítima e insostenible.
 
Los DNU, la independencia del poder judicial, la Oficina Anticorrupción que antes interesaban al macrismo ahora interesan al kirchnerismo. ¿Todos se vuelven institucionalistas en la oposición?
 
Sí y es absolutamente normal. Las oposiciones sobrevaloran los controles institucionales porque quieren controlar al gobierno y los gobiernos hacen todo lo posible para ser menos controlados. Es esperable en este cambio de sillas pero lo particularmente argentino son los extremos.
 
Una cosa es que uno no quiera que lo controlen, otra cosa es nombrar a dos jueces de la Corte por decreto, eso no existe en ningún lado. Una cosa es tener a los organismos de control laxos, otra cosa es tenerlos asesorando a los cuadros del Ejecutivo para manipular o esconder sus contradicciones de intereses.
 
¿Qué diría entonces sobre la fortaleza de las instituciones?
 
Hay victorias políticas que autorizan a ciertas voces como pasa en Estados Unidos. No veo a Trump como una revolución cultural: ese tercio racista en contra de las minorías siempre estuvo presente y no tenía espacio político, no tenía la autorización para expresar sus prejuicios, sus odios, sus molestias. Eran voces que estaban calladas pero no terminadas.
 
Hoy ha vuelto la noción del empate social en la lucha política en Argentina y estamos de nuevo en los ciclos de stop and go. Antes esto llevaba a caída de regímenes políticos, a golpes militares y a violaciones de derechos humanos. Macri, como gobierno de centroderecha electo, es un mundo radicalmente distinto al mundo de los golpes de Estado que nosotros conocimos.
 
 
La alianza Cambiemos
 
¿Cómo ve el regreso de la corrupción a los primeros planos de la agenda política?
 
La promesa de una postura ética más institucional por parte de Cambiemos no se cumplió. Ahora, una cosa es que una parte de tu electorado se vea impactado y hasta sorprendido por la continuidad de cierto tipo de problemas y otra cosa es que ese elector deje de votarte. Lo que muestra el proceso histórico es que la corrupción importa cuando las variables macroeconómicas y sociales no están funcionando bien.
 
¿Cuál es el rol de Elisa Carrió en ese marco?
 
Lilita por un lado da la ventaja de fortalecer porque Cambiemos muestra un control interno confiable para sus votantes. Es la Oficina Anticorrupción creíble y significa un capital político para el gobierno. Por el otro lado, creo que es una persona muy poco predecible, muy poco confiable en su comportamiento y en su lógica de construcción de poder, que ha sido siempre muy destructiva. Los últimos datos que vi de la Universidad de San Martín daban un tercio para Cristina, un tercio para Massa y un tercio para Carrió. Ella mantiene un capital absolutamente personal.
 
El gobierno parece con miedo de potenciar el capital político de Carrió. La prefieren en la ciudad.
 
Absolutamente, piensan que va estar más controlada en ciudad. El problema es que es el cuadro que les ofrece mejores chances en provincia. Es un dilema que el gobierno y Carrió están enfrentando. Pero es lógico que el gobierno desconfíe de las estrategias de Carrió por lo que ha sido su trayectoria, en todos los espacios en los que ha participado.
 
¿Y el radicalismo, hacia dónde va dentro de una alianza que conduce Macri?
 
Los propios radicales están sumamente preocupados. Había radicales que esperaban la derrota de Macri, no sólo por discrepar ideológicamente sino porque pensaban que eso les iba a dar la posibilidad de reconstituirse en algunas provincias.
 
El radicalismo quedó en una posición sumamente desafiante. Hoy tiene un papel bastante desdibujado, que no queda claro si es para aportar cuadros de gestión o de control, que tampoco lo ha cumplido. Quedó muy atrás el radicalismo de Alfonsín, hoy representa más a sectores conservadores con fuerte presencia rural. Seguro va a terminar pagando un precio muy alto.
 
Fuente: La Política Online
 
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